Estos días,  la nieve y temperaturas gélidas de hasta 10 grados bajo cero, hacen de este lugar un terreno inhóspito donde es difícil trabajar. Así que vamos a esperar a que el tiempo mejore y podamos continuar con las plantaciones.

Mientras, podemos hacer un repaso de  los valores  ecológicos que hemos descubierto.

 Sin duda, el más espectacular, la presencia de urogallo,  el ya tan  escaso  gallo de monte que se encuentra en  el máximo peligro de extinción.

 No se ha dejado ver, pero su presencia  en la zona es bien patente con  los excrementos localizados.

 Esta es nuestra primera identificación de un oso  , posiblemente un  macho adulto que parece gozar de buena salud.

Y por fortuna el lobo también están presentes en nuestra mina, un lugar  con presencia de jabalís y por lo tanto cumpliendo con su obligada misión ecológica de mantener  a raya sus poblaciones,  que muy posiblemente sea   una de las verdaderas causas del declive del urogallo al  tener mayor capacidad de encontrar los nidos que esta gran ave instala en el suelo. 

El movimiento de tierra en  las escombreras cuando la mina estaba en funcionamiento, dio lugar de manera espontánea a que se creasen pequeños embalses, hoy llenos de vida acuática.

 Uno de los embalses donde además de  gran cantidad de anfibios, hemos podido identificar una rara  planta carnívora acuática, la Utricularia australis.

 

 

 

 

 

 

 

 

NUESTRO OBJETIVO

En principio, la  mina, es eso, un terreno destruido por una explotación industrial, con suelos totalmente degradados en gran parte, pero con recovecos y lugares con un especial valor. No todo está destruido o incluso, el paso de los años ha permitido una recuperación como son las charcas con un gran aporte de biodiversidad.

Así que  nuestro laboratorio va a tratar de demostrar que al menos con una especie, el urogallo, tan en peligro de extinción, no  es  la falta de calidad de hábitat lo que está generando su desaparición. Un argumento muy utilizado durante las últimas décadas para justificar su extinción que a nosotros no nos parece  que se aproxime a la realidad. Si fuese así, en la mina  sería imposible que hubiera urogallo, y lo hay.

Plantar 4.000 árboles.

Es un reto, pues en gran parte, el suelo es un erial donde en los últimos 30 años  apenas ha crecido una hierba. Utilizaremos técnicas singulares para plantar.

 El pino silvestre, una especie autóctona de la cordillera Cantábrica, será uno de los protagonistas del trabajo de plantación junto con serbales, cerezos, manzanos silvestres y otras especies productoras de frutos.

   Este es al tipo de suelo al que nos enfrentamos, así que aplicaremos fórmulas nada convencionales, ya lo hemos dicho, esto es un laboratorio donde poner en práctica ideas innovadoras.

 Plantones de abedul,  preparados para introducir en estos suelos sin apenas materia vegetal.

 

 

 

 

 

 

 

 

Y esperamos  que para cuando llegue la primavera, las nuevas charcas que hemos creado,  estén llenas de agua sentando la base de unos procesos donde vuelva la vida.

 

Proyecto financiado por