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La experiencia cantábrica
de conservación del oso pardo Texto y fotografías: FAPAS - Fundación Oso Pardo Revista VEREDAS - Año 4, Nº 10 La situación actual del oso cantábrico es el resultado de un proceso de regresión demográfico y areal que se ha venido produciendo desde tiempos históricos. Es difícil definir el área de distribución de los osos cantábricos; su baja densidad y su gran movilidad hacen complicado definir la frontera entre la presencia esporádica y la puramente errática. A pesar de las dificultades se ha definido un área de distribución diferenciada en dos poblaciones, separadas en la primera mitad del s. XX por poco más de 30 kilómetros, pero que representan entre ellas barreras importantes, acumulándose importantes infraestructuras y actividades humanas (minería, autopistas, carreteras, ferrocarril, pistas de esquí, gaseoductos,...) |
Recientes trabajos genéticos parecen confirmar la incomunicación, desde este punto de vista, de ambos núcleos de osos. Las poblaciones cantábricas de osos ocupan un área de cerca de 5.000 km2, aunque localizaciones de ejemplares erráticos ampliarían el área hasta cerca de 7.000 km2. El área de distribución del oso cantábrico se reparte en cuatro Comunidades Autónomas: Asturias, Cantabria, Castilla y León y Galicia.
La población occidental se extiende por Asturias, Castilla y León y Galicia, desde los Ancares de Lugo, por el Oeste, hasta el Puerto de Pajares, por el Este. Abarca unos 2.600 km2, sobre todo en Asturias, con cerca del 70% de la superficie. La población oriental se extiende por unos 2.480 km2, desde Campoo de Suso (Cantabria), hasta el Puerto de Vergara (Asturias). Afecta a Castilla y León, Cantabria y Asturias. En torno al 85% de la superficie ocupada pertenece a Castilla y León. La población occidental mantiene un censo estimado de 50-65 osos, que aportan una media anual de cinco nuevas camadas, con un número de oseznos medio por camada próximo a los dos. En 1999 se contabilizaron un mínimo de ocho nuevas camadas, lo que supone el récord de osas con crías de la década. Un reciente estudio, basado en un modelo teórico de población, concluye que la tendencia poblacional es regresiva y la estima en un 4 ó 5 por ciento anual, aunque otros autores discuten esos resultados y sugieren, incluso, una ligera tendencia ascendente.
La población oriental tiene un censo estimado, mediante técnicas moleculares, en 23-25 ejemplares, una relación de sexos desequilibrada (más del doble de machos que de hembras) y una tendencia poblacional que parece estacionaria. El numero de camadas, cuyo tamaño medio es de 1'5 oseznos, ha sido bajísima en los últimos cinco años: ninguna en 1994, una por año entre 1995 y 97 y ninguna en 1998. También 1999 aporta buenas noticias a este núcleo de osos, con la localización de dos nuevas familias. El pequeño tamaño de estas poblaciones es, de por sí, un peligro, y la extinción puede ocurrir como resultado del azar. Hay que tener en cuenta que a nivel mundial, se asocia la viabilidad de una población de osos a cifras de varios cientos de ejemplares y a superficies de varios miles de kilómetros cuadrados.
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La cohabitación entre hombres y osos
La cordillera cantábrica es una cadena montañosa, de moderada extensión, poblada desde muy antiguo y en la que el desarrollo secular de las distintas actividades han modificado intensamente el paisaje. El oso cantábrico vive en un complejo mosaico de bosques caducifolios, roquedos, praderas, pastizales y pueblos de montaña. Viven en áreas poco habitadas, con densidades de población de 6 a 12 personas/km2, es decir, unas diez veces interior a la media española: la tranquilidad y la escasa presencia humana son características fundamentales del habitat osero. No obstante, es cierto que el plantígrado puede adaptarse a la proximidad de] hombre, y existen núcleos reproductores en las áreas ganaderas de media y alta montaña, caracterizadas por una importante actividad estival del hombre y sus rebaños. Y lo mismo ocurre en los sectores mineros, donde la actividad se concentra en explotaciones con un entorno muy degradado, pero situado junto a espléndidos montes, donde los usos ganaderos o forestales no pasan de ser anecdóticos.
Los programas actuales de conservación
Eliminar los más importantes factores de riesgo que amenazan a la conservación del oso pardo, continúa siendo el objetivo prioritario de las administraciones y las ONGs que trabajan en su conservación. Es cierto que, a lo largo de los últimos años, ha podido ser desterrado el impulso furtivo de ir a cazar un oso. Es realmente extraña esta situación, únicamente motivada por posibles accidentes al confundir, en lances cinegéticos, la presencia de un oso con la de un jabalí. Sí, en cambio, se ha producido un alarmante incremento en la utilización de trampas en áreas de montaña donde se incluyen zonas oseras. Estas trampas son situadas, principalmente, para la captura del jabalí, especie que está alcanzando altas densidades poblacionales y ocasionando serios daños a intereses económicos agrarios. Lamentablemente, la colocación de estas trampas, no específicas, ponen en serio riesgo la conservación de especies como el osos, que caen con frecuencia en ellas.
A partir del año 2001, organizaciones como FAPAS o la Fundación del Oso, en colaboración con las administraciones regionales y el Ministerio de Medio Ambiente, van a poner en marcha un ambicioso plan de control y vigilancia, para tratar de anular este grave problema de colocación de trampas en áreas oseras. Grupos especializados vigilarán y prospectarán los rincones más usados por los cazadores furtivos de jabalí, para localizar las trampas, retirarlas y proceder a la denuncia de estas actividades ilegales ante el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil.
Otros trabajos complementarán esta decidida actuación de la conservación del oso. Estudios, planes de evolución de la población o seguimiento de los osos a través de cámaras de disparo automático. Todo ello debe poner al oso pardo, en un futuro no muy lejano, fuera de peligro de extinción.
Control fotográfico en el Parque Natural de Somiedo
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Desde hace varios años. el Fapas ha puesto en marcha un programa de control de la población osera que habita en el Parque Natural de Somiedo (Asturias). Se calcula que unos 20 ó 25 ejemplares ocupan este territorio. Los osos no están dentro del parque todo el año, pues se ha comprobado que estos animales, en especial los grandes machos, realizan grandes recorridos y entran y salen del espacio protegido para recorrer otras áreas de la Cordillera Cantábrica.
Conocer los osos que habitan en un territorio, los hábitos tanto alimentios como los que tienen las hembras y sus cachorros, es unta tarea imprescindConocer los osos que habitan en un territorio, los hábitos tanto alimenticios como los que tienen las hembras y sus cachorros, es una tarea imprescindible para trabajar en la conservación de esta especie gravemente amenazada por el riesgo de extinción. A través del seguimiento fotográfico podemos conocer y diferenciar a gran parte de los ejemplares, así como saber en qué estado físico se encuentran y analizar si están obteniendo en la naturaleza el suficiente alimento como para enfrentarse a los duros meses de invierno en sus cuevas. Además, en el caso de las hembras y sus crías, valorar los riesgos por escasez de alimentos.
También se puede averiguar el estado físico de algunos osos, no su gordura o delgadez, si no comprobar cosas como que le falta una extremidad, lo que indica que en los territorios donde habita los cazadores furtivos colocan trampas que ponen en riesgo la vida de estos mamíferos.
En última instancia, todo este trabajo de seguimiento y control de los osos es una información inestimable para que la Administración tenga en cuanta la protección y la seguridad de estos animales, declarando, aún dentro de los propios parques naturales, las áreas críticas en las que no se puedan realizar actividades que pongan en peligro su vida. Este es el caso de las batidas de jabalíes, que suponen un alto riesgo al confundir los cazadores al oso con este otro animal.
Durante el pasado mes de noviembre, en una batida de jabalí en el Parque Natural de Somiedo, un cazador disparó tres veces contra un oso. ¿Lo confundió o no sabía distinguirlo? En todo caso, la protección del oso exige que no se ponga ante estos graves riesgos.