| EL VENENO
BLOQUEA LA CONSERVACIÓN DEL BUITRE NEGRO EN SIERRA PELADA
El azote del veneno sacude la colonia de buitre negro de Sierra Pelada (Huelva)
justo cuando empezaba a recuperarse tras la prohibición de realizar trabajos forestales
en época de cría. En los últimos tres años, al menos siete buitres de esta colonia han
muerto envenenados. Por Rafael Galán.
En un trabajo anterior (ver Quercus 141, págs.44-45) denunciábamos
el deplorable estado de conservación de la colonia de cría de buitre negro (Aegypius
monochus) existente en Sierra Pelada, en el noroeste de la provincia de Huelva. Las
labores silvícolas ejecutadas o autorizadas por la Junta de Andalucía durante cinco
años, entre 1993 y 1997, eran la principal causa no natural de los pobres éxitos
reproductivos de estos buitres y de la disminución del número de parejas nidificantes.
Han pasado ya tres años desde que se puso en marcha un plan con el objetivo de recuperar
esta colonia de buitre negro, considerada como una de las más importantes de España para
esta carroñera amenazada a escala mundial. El plan lo pudieron lanzar la Fundación para
la Conservación del Buitre Negro (BVCF, siglas inglesas) y la Fundación Bios gracias a
la concesión de una partida de fondos Life por parte de la Unión Europea.
Desde entonces se han logrado avances significativos, que han permitido que la colonia
alcanzase las 71 parejas nidificantes el año pasado, diez más que en 1997. Primero,
conseguimos que la Consejería de Medio Ambiente de Andalucía abandonara el destructivo
plan forestal entonces en vigor para Sierra Pelada. Después pudimos negociar con esa
consejería el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, una normativa que podría
ser aprobada en poco tiempo y que servirá para regular los usos y aprovechamientos en
este macizo montañoso, que goza desde 1989 de la figura legal de Paraje Natural.
Las mejoras alcanzan su punto culminante en febrero de 1998, cuando la Consejería de
Medio Ambiente decide prohibir los trabajos forestales en Sierra Pelada durante la época
de cría del buitre negro. Justo ese mismo mes se presentaría a escala estatal el
Programa Antídoto, una plataforma de ONGs que desde entonces lucha contra la
proliferación del veneno en los montes españoles, la actual bestia negra para muchas
especies amenazadas de la fauna ibérica.
Siete muertes confirmadas
El buitre negro es una de las aves más afectadas por el veneno. De hecho, en 1998 y 1999
los trabajos forestales y el derrumbe de nidos por agentes climatológicos dejan de ser
los principales problemas para la colonia de Sierra Pelada y el veneno se perfila ahora
como la nueva gran amenaza. Tanto es así que desde hace quince años, ha sido solo a
partir de 1997 cuando hemos encontrado buitres envenenados en Sierra Pelada y su entorno.
Desde entonces, el veneno ha sido la causa de la muerte, confirmada por análisis
toxicológicos, de siete buitres negros en este espacio natural. Es muy probable que la
muerte por causas desconocidas de otros trece ejemplares más en la zona durante ese
tiempo se deba también al veneno. Además, en febrero de 1998 localizamos un
envenenamiento múltiple de buitre leonado (once aves) cerca de Sierra Pelada, en una
finca del término municipal de Aroche.
Estas cifras deben ser inferiores a las reales ya que es bastante improbable que se
localicen todos los buitres que mueren envenenados en un momento dado. En este sentido,
destaca el hecho de que en 1999 sea tan alto el número de parejas que fracasaron en su
reproducción por causas desconocidas. Nada menos que 16 de un total de 71 que realizaron
puestas en este año.
Los venenos detectados han sido estricnina en cuatro de las muertes comprobadas y, en las
tres restantes, carbofurano, DDT y su metabolito DDE y cierto insecticida organofosforado.
Tres de los adultos muertos fueron encontrados en sus respectivos nidos con el pollo,
también sin vida. Seguramente los pollos ingirieron el mismo veneno que su progenitor,
aunque no pudo detectarse el tóxico por la escasez y el deterioro de las muestras
necesarias para el análisis. Otra posibilidad es que por la escasa edad de los pollos,
éstos no lograsen sobrevivir ante la muerte del adulto.
Es interesante destacar el caso de un buitre adulto que en la temporada de cría de 1998
pudo completar en solitario la crianza de un pollo que comía en la misma plataforma en la
que yacía envenenado su otro progenitor. Posiblemente fue un acierto retirar rápidamente
el ave muerta, puesto que hemos comprobado que los buitres negros llegan a consumir
cadáveres de otros congéneres, incluso en el mismo nido.
En marzo de 1999 encontramos un cebo con estrictina en un monte público situado dentro
del Paraje Natural de Sierra Pelada. En el momento del descubrimiento del cebo envenenado,
estaban posados en el lugar medio centenar de buitres negros y leonados.
Es urgente más vigilancia
La situación es lo suficientemente preocupante como para recomendar que se aumente la
dotación actual de guardería forestal en Sierra Pelada, donde más de 50.000 hectáreas
son atendidas por un solo agente. Este refuerzo debe estar destinado principalmente a
vigilar el área y detectar animales envenenados, con lo que se propicia además que los
cadáveres sean rápidamente retirados para evitar nuevas intoxicaciones.
Si la Consejería de Medio Ambiente accediese a aumentar la vigilancia, y en tanto dure
esta oleada de envenenamientos, sería muy interesante probar a aumentar los
actuales aportes artificiales de carroña a los buitres negros de Sierra Pelada hasta el
límite de saturación. Con esta medida se pretende limitar al máximo los desplazamientos
de los buitres fuera de la zona de cría y así reducir las posibilidades de ingerir
veneno. Es también importante que en el Plan de Recuperación del Buitre Negro en
Andalucía, actualmente en fase de borrador, se incluyan como áreas críticas para la
especie las zonas de dispersión juvenil. En la provincia de Huelva, la mayoría de estos
territorios, que son también las principales áreas de alimentación de la carroñera,
corresponden a cotos de caza menor, precisamente donde más veneno se pone para controlar
predadores. El citado plan de recuperación debe prever la supervisión continua de estos
terrenos.
Autor: Rafael Galán,
biólogo encargado de la dirección técnica del Proyecto Buitre Negro-
Proyecto Buitre Negro -
Andalus - Apdo. de Correos 143 - 41080 Sevilla
andalus@bme.es
Para denunciar el descubrimiento de cebos con venenos
y de animales muertos por esta causa en toda España, el Programa Antídoto pone a
disposición del público el siguiente teléfono:
SOS VENENO: 900
713 182
Quercus, 169 - Marzo 2000
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| EL MAPA DEL VENENO
TIENE DOS PUNTOS NEGROS EN LA COMUNIDAD DE MADRID
Cotos de caza menor de dos extensos territorios madrileños figuran entre los principales
puntos negros de la cartografía española en lo que se refiere al uso de venenos para
erradicar predadores. Una práctica ilegal de lo más preocupante ante la presencia en
estas zonas de especies amenazadas como el águila imperial y el buitre negro. Por
WWF/Adena.
Dos territorios madrileños se destacan por los muchos casos de
envenenamiento de fauna silvestre amenazada que se han registrado en ellos. El primero de
ellos, en el suroeste de la Comunidad de Madrid, abarca los valles de los ríos Alberche y
Guadarrama. El segundo se sitúa en el centro y el este de esta comunidad autónoma, en
los valles de los ríos Henares, Jarama y Torote.
Por la abundancia de conejos, ambas zonas constituyen importantes áreas de campeo y
dispersión juvenil del águila ibérica y del buitre negro. Pero los cebos envenenados
colocados ilegalmente por ciertos gestores de cotos de caza menor, con el objetivo de
eliminar predadores, están asestando un duro golpe a esas dos emblemáticas rapaces
amenazadas, que cuentan aún en territorio madrileño con importantes poblaciones.
Según los datos que manejamos en el Programa Antídoto, nada menos que 16 de las 53
águilas imperiales que se han recogido envenenadas en España desde 1990 se han
encontrado en el soroeste de Madrid. En cuanto al buitre negro, de los 71 ejemplares
hallados durante esta década en nuestro país, 22 corresponden a esta comunidad.
En el suroeste de Madrid, las fincas y lugares donde se han registrado los casos más
graves son La Cepilla (en el término municipal de Villanueva de Perales, donde
aparecieron tres águilas imperiales y cuatro buitres negros), Valdemanto-Las Mercadas
(Villamantilla), Los Molinillos (Navalagamella), Navas del Rey (Chapineria) y Altos de
Valparaíso (Valdequemada). En cuanto al otro territorio madrileño con uso intensivo de
veneno comprobado, destaca la denominada "Finca del Marqués", en el término
municipal de Fresno de Torote, donde han aparecido cinco buitres negros y un águila real
envenenados.
Es cierto que durante 1999 ha bajado el número de casos de fauna envenenada con respecto
a los detectados en años anterioriores, al menos en el suroeste de Madrid. Una buena
noticia atribuible en buena medida a una mayor presencia de las patrullas de seguimiento
del águila imperial contratadas por la Consejería de Medio Ambiente de Madrid, de los
agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y de
ciertos sectores jóvenes de la guardería forestal especialmente motivados a favor de la
conservación de la naturaleza.
Pero no podemos aplaudir de igual forma el trabajo de los servicios
jurídicos de la citada consejería, que no han sabido o no han querido utilizar el
potencial que el derecho administrativo sancionador pone a su disposición para haber
sancionado ejemplarmente el envenenamiento de fauna silvestre en los casos en los que
había indicios suficientes para ello.
Tampoco a nivel político y legislativo se ha dado al problema del
veneno la prioridad que merece. En este sentido constituye un ejemplo a seguir la Ley de
Conservación de la Naturaleza de Castilla-La Mancha, aprobada en mayo de este año, que
hace a los titulares de los cotos de caza responsables de impedir que se coloquen cebos
envenenados en sus terrenos.
WWF/Adena - Santa Engracia, 6
- 28010 Madrid
Tel: 913082309 info@wwf.es
Quercus, 166 - Diciembre 1999
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| EL VENENO
ARRASA EN CASTILLA Y LEÓN
WWF/ADENA, la sección española del Fondo Mundial para la Naturaleza, alerta de
que cada vez mueren más animales silvestres al ingerir cebos envenenados en los cotos de
caza de Castilla y León. Es sin duda uno de los más graves problemas de conservación
para la fauna silvestre de esta comunidad autónoma. Por Carlos Cano..
Desde los primeros meses de 1998 WWF/Adena y las otras siete
organizaciones ambientales que forman parte del Programa Antídoto -la campaña estatal
que lucha contra el uso ilegal del veneno- vienen recogiendo información en Castilla y
León, a través de una red de colaboradores e informadores. Los datos recopilados colocan
a esta comunidad autónoma en el grupo de las que encabezan el registro de
envenenamientos.
Si hubiera que destacar algunas especies indicadoras habría que mencionar sin duda al
águila imperial, al milano real, al buitre negro, al águila real, al lobo y, sobre todo,
al alimoche, que está sufriendo una regresión crítica. Este pequeño buitre es
extremadamente sensible a la presencia de cebos envenenados, por tratarse de un buscador
detallado del terreno que localiza los cebos o huevos tóxicos con facilidad.
Desde 1990, los expertos calculan una reducción mínima de un 30% de la población
ibérica de alimoche, la última de cierta importancia en el contexto europeo. A esta
caída en picado ha contribuido decisicamente la proliferación del uso del veneno en los
cotos de caza. Pues bien, Castilla y León es la región en la que se han encontrado más
alimoches envenenados.
Resulta especialmente reveladora la situación de la provincia de Segovia, donde entre
1991 y 1995 han muerto 18 alimoches. Al menos cinco casos nuevos se han conocido desde
entonces tan solo en el Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, gestionado por
WWF/Adena.
En la comarca burgalesa de Lara hay constancia de al menos siete alimoches -además de
seis águilas reales y numerosos milanos reales- muertos por veneno. A principios de mayo
de este año, el Seprona de la Guardia Civil encontraba en un coto de caza de Caleruega,
también en Burgos, el cadáver reciente de un alimoche junto a restos de cebos de carne
rociados de veneno. WWF/Adena ha pedido la suspensión cautelar de este coto.
En el norte de esta provincia, concretamente en la zona de Espinosa de los Monteros, se
han registrado casos de uso de estricnina ontra el lobo. El año pasado, en territorio
alavés, muy cerca del límite provincial con Burgos, se hallaron cinco buitres leonados y
dos alimoches envenenados en sus nidos con estricnina, presuntamente colocada contra el
lobo. La Carballeda destaca como la comarca zamorana donde más venenos se ponen contra el
cánido silvestre. También hay referencias recientes de cebos contra el lobo en la
comarca leonesa de Las Omañas. En Valladolid se estima un declive superior al 60% en las
poblaciones invernantes de milano real, debido al muy extendido uso de cebos envenenados
por cotos de caza menor de casi toda la provincia. Si hubiera que destacar alguna zona en
concreto, esta podría ser la comarca del Cerrato, en la confluencia de Valladolid y
Palencia.
Otro hecho igualmente dramático se circunscribe al valle del Tiétar, entre las
provincias de Avila y Toledo. A mediados de la década de los 80 existían aquí al menos
diez parejas de águila imperial, seis en la parte toledana del valle y cuatro en la
abulense. Desde entonces esta subpoblación ha sufrido una disminución constante, de tal
manera que en 1992 quedaban ocho parejas y en la actualidad sólo sobrevive una.
La presencia del veneno es también cada vez más importante, según nuestros informantes,
en Soria, Palencia y Salamanca. Esta última provincia registra casos repetidos de
envenenamiento de buitres negros en las dehesas situadas al pie de la sierra de Quilamas y
de buitres leonados y alimoches en los Arribes del Duero.
A pesar de esta lamentable cartografía, a WWF/Adena no le constan hasta la fecha
sanciones por parte de la Consejería de Medio Ambiente de Castilla y León hacia ningún
coto de caza por uso de veneno. Esta pasividad de la Administración regional se debe a la
infravaloración del problema por parte de algunos técnicos provinciales de caza y
conservación, sumada al freno de los propios servicios jurídicos de la consejería, que
han ignorado las enormes posibilidades legales de las que disponen las autoridades
castellanoleonesas para hacer frente a la impunidad de los envenenadores.
Parece como si la consejería no quisiera dar al problema del veneno la prioridad que
merece, evitando así todo roce con el influyente sector cinegético, con el que se tiene
reconocida vinculación. Pero este organismo o puede seguir eludiendo su responsabilidad,
pasándole la pelota al poder judicial. La vía judicial tiene menores posibilidades
sancionadoras que la administrativa. Las exigencias de prueba en el campo penal son
exhaustivas y hacen que las condenas se limiten a los contados casos en que se haya podido
sorprender con las manos en la masa al autor del delito.
Cada jurisdicción debe asumir su propia responsabilidad. La actitud que se viene
observando en algunos servicios jurídicos territoriales de remitir los casos al juzgado y
desentenderse de los mismos, unida a la irregular falta de notificación del
sobreseimiento por parte de algunos jueces al órgano ambiental competente, puede
incrementar aun más si cabe, el fracaso en la aplicación del derecho administrativo
sancionador.
Autor: Carlos Cano,
responsable de la campaña contra el uso de cebos envenenados en WWF/Adena
WWF/Adena - Santa Engracia, 6 - 28010 Madrid
Tel: 913082309 info@wwf.es
Quercus, 161 - Julio 2000
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