| CONTRA LA ESTACIÓN DE ESQUÍ DE SAN GLORIO J. Purroy y Julio Rodríguez Lago El deporte de esquí en la Cordillera Cantábrica goza de gran atractivo pero tropieza con habituales problemas de falta de nieve. Tal realidad se debe a que estas montañas son bajas, de poquísima cota esquiable a más de 2000 m. con el agravante de unas temperaturas invernales poco rigurosas, dada la vecindad al Atlántico, hecho hoy aún más agravado por el efecto térmico de los embalses y el calentamiento global. Por ello, los resultados económicos y deportivos son modestos, muy lejos de lo que acontece, por ejemplo, en Pirineos, Sierra Nevada, los Alpes o las Dolomitas. Incluso las joyas de la Montaña Cantábrica, San Isidoro y Alto Campóo, producen números rojos a las administraciones que las financian. De repente, tras enormes alboroto político y popular, da la impresión de que la Montaña de Riaño sólo tiene dos salidas: estación de esquí en San Glorio o extinción de sus pueblos y gente. Tal tesitura expusieron los acaldes del Parque Regional en la última reunión del Patronato, con solicitud expresa a la Junta de Castilla y león de que sacaran las 1.600 Ha. de este proyecto fuera del espacio natural protegido, hoy, además de la Red Natura 2000. El proyecto, del que conocemos el mapa que unos representantes de la Asociación de Turismo Montaña de Riaño y Picos de Europa vinieron a enseñarnos, contempla una estación y dos zonas de remontes y descensos, una en Bobias y Hoyo Empedrado, al pie del Mojón de las Tres Provincias, y otra en el alto valle del Naranco, con aparcamiento para 2.500 vehículos, en este arroyo que vierte a Llánaves de la Reina. La estación, obligadamente, debe someterse a previa evaluación de impacto ambiental. La normativa del Parque Regional, del Plan de Recuperación del Oso Pardo y de Zona Especial de Conservación de la Red Natura 2000, entre otras, exige conocer la valía del sector y su compatibilidad o no con las transformaciones a realizar, tanto en es área esquiable como en su gran lote de servidumbre, desde edificios, carreteras y viales a remontes y maquinaria. Adelantamos, por conocer la excepcional calidad natural de esta zona ( ya calificada por la propia Consejería de Medio Ambiente como altísima, a la vista de la acumulación de flora endémica, formaciones vegetales alpina y riqueza en fauna eurosiberiana), que el proyecto será evaluado como productor de impacto crítico, sin que supere la evaluación ambiental, quedándose en la estacada. Si Bruselas, a la vista del emporio ecológico, ha parado la aberrante línea de alta tensión Lada-Velilla, de Red Eléctrica Española: ¿ustedes creen que destrozar el corazón de alta montaña que une la Liébana, Fuentes Carrionas y las Tierras de la Reina va a prosperar? Entendemos que, detrás del proyecto de San Glorio, también se abre la espita para justificar las cien mortíferas torres de alta tensión. La Junta de C. y León juega con las ilusiones de los montañeses, sin comprometerse en nada esencial. Pero, vamos a ver, sesudos profesores: ¿es que la Montaña de Riaño por tener un óptimo natural, no va a poder imitar a los de Mampodre y su San Isidro? Además de reventarnos con el embalse y llegar la brucelosis, nos abruman a prohibiciones, y quieren que terminemos como los indios motilones de la Amazonía, extintos. Hay una salida moderada, de sentido común, de auténtico desarrollo sostenible. El valle de Lechada y el de Valponguero, disponen de parajes muy idóneos para esquí de fondo y de travesía, y se podría diseñar un interesante circuito que combinara el respeto a la excelencia natural y al atractivo turístico y deportivo, con, por descontado, un límite al número de usuarios, capacidad de carga ya existente en parques nacionales europeos y americanos con pistas de nieve. El aparcamiento, obligatorio, en los cascos urbanos de los pueblos, con acceso en taxi colectivo a los puntos de calzarse loas tablas, edificios de mínima entidad garantes de la seguridad y un acomodo básico. Así es como se favorece el empleo y las opciones turísticas locales, vendiendo lo que es la mayor etiqueta de originalidad: esquí en la naturaleza, sin ruidos, cochambre ni multitudes y , por supuesto, pagado caro. Un proyecto, más blando, que garantice nítidamente el no destruir los hábitats vegetales ni perturbar la fauna, y diseñado de manera que cuide el paisaje y coopere al dinamismo social y económico, sí podría tener cabida. Mientras, apostar a las chapas, a cara o cruz, a esquí o ruina, el qué va a ser de la Montaña, es una insensatez y una mentira. Muchas posibilidades están aún sin aprovechar, sin ni siquiera darse a conocer. Recuperar el bienestar de la cabaña ganadera; terminar la indecorosa tardanza de unos centros de interpretación (Lario y Torrón de Lillo) que desde hace años debieran estar en funcionamiento con los fondos yéndose a pistas, pinos, depuradoras que no echan a andar y cabras monteses; traer un parador nacional; promocionar una imagen gastronómica con platos que suenen, como el cocido maragato o el botillo berciano, en vez del rutinario entremés de chorizo y el filete con patatas; mejorar las poblaciones de truchas; preparar actividades que no va a emprender la administración, como el valorar los recursos naturales insólitos que hay a la puerta o el dar a conocer por Internet lo que ofrece la comarca, son aspectos a echar con fuerza para adelante, entre otros. Sin embargo, hay una realidad evidente: pocas personas
quieren vivir en los pueblos, y las ciudades se llevan el censo joven. La Montaña se
convierte en ludoteca estival, en espacio verde destinado a las vacaciones. Esto no lo va
a solucionar la estación de esquí de San Glorio, ruinosa en su viabilidad económica y
ambiental, a la que decimos NO. En ningún momento, ni nosotros ni la propia Universidad
hemos apoyado esta estación invernal de esquí. |