De celo violento. La muerte del urogallo de Somiedo, en plena época de apareamiento y cuando despliega toda su agresividad, pone de actualidad a un ave gallinácea del que quedan menos de 600 ejemplares en todo el mundo
Nombre: tetrao urogallus cantabricus.
Dimensiones: el macho mide entre 83 y 88 centímetros y pesa entre 2,3 y 4,5 kilos. La hembra no llega a los 70 centímetros ni a 1,7 kilos.
Ámbito geográfico: sólo sobreviven en Asturias, León y Cantabria. Se ha extinguido en Lugo, Orense, Zamora, Burgos, Logroño y Soria.
Población: se estima que quedan menos de 600 ejemplares.
Asturias: se detectaron 153 cantaderos ocupados y se estima una población de unos 350 individuos.
León: 94 cantaderos con unos 200 ejemplares.
Cantabria: sólo se tiene constancia de entre cinco y siete animales que se encuentran separados en tres cantaderos diferentes. Al no haber posibilidad de recuperación, oficialmente está extinguido en esta comunidad.
Principales amenazas: la población ha sufrido una merma del 50% en los últimos veinte años debido sobre todo a la pérdida y deterioro de su hábitat, el cambio climático y la necesidad de competir con otras especies.18-Abril-2004
L. LÓPEZ RUIZ/GIJÓN
Los urogallos llegaron a Asturias cuando aún no era Asturias. Hace 100.000 años, durante la glaciación de Würm, la especie colonizó la península y, tras la retirada de los hielos, se quedaron aisladas dos poblaciones: en los bosques cantábricos y en los Pirineos. Con el transcurso del tiempo llegaron a consolidarse como dos subespecies diferentes: el 'tetrao urogallus cantabricus' y el 'tetrao urogallus aquitanius'. Este último goza de bastante buena salud. Pero el cantábrico, tras 100.000 años de evolución en nuestra cordillera, está a punto de desaparecer.
La muerte de un ejemplar el pasado día 10, después de que personal del Principado lo trasladara desde su hogar en la braña de Mumián hasta la zona de Pigüeña, ha vuelto a poner de actualidad la situación de esta especie. Lo que motivó la captura fue la agresividad del animal, que desafió a un grupo de excursionistas. «No es habitual, pero tampoco es extraño», declaró el presidente de FAPAS, Roberto Hartasánchez. Porque este bicho tiene un celo violento, y los caminantes invadieron su espacio en pleno ritual previo al apareamiento, época que dura desde la primavera hasta el mes de mayo. «Situaciones similares se vivieron en Pirineos», dijo.
Por eso, muchos grupos ecologistas critican que las administraciones no cuiden con más celo las zonas naturales. En especial, las que albergan a especies vulnerables. Y que el reclamo turístico de lo verde y lo salvaje pueda llegar a ser la puntilla para ciertas poblaciones, como las de oso y urogallo, con una sentencia de muerte que lleva años planeando sobre sus cabezas.
Según el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, el urogallo cantábrico está considerado como 'especie vulnerable', y el Principado lo considera 'sensible a la alteración de su hábitat'. Porque precisamente el deterioro de los lugares en los que vive es el motivo de que en las dos últimas décadas la población haya descendido hasta un 50%.
Así, la especie se extinguió en Orense, Lugo, Zamora, Burgos, Logroño y Soria, de modo que sólo quedan poblaciones en Asturias (con 153 cantaderos y unos 350 ejemplares) y León (con 94 cantaderos y unos 200 ejemplares). También en Cantabria: hay entre cinco y siete ejemplares, en tres cantaderos diferentes. «Aquí está oficialmente extinguido, porque es inviable su recuperación», se lamenta Felipe González, delegado cántabro de la organización ecologista SEO-Birdlife, mientras revisa los datos, publicados este año por el Ministerio de Medio Ambiente bajo el título Diagnóstico de Conservación del Urogallo Cantábrico. En total, se estima que sólo quedan unos 600 ejemplares.
En Rusia los cazan
Para seguir con documentos oficiales, en la Estrategia para la Conservación del Urogallo Cantábrico, aprobada por la Comisión Nacional de Protección de la Naturaleza el pasado 17 de marzo, se recoge que el declive de la especie se debe a que «su área de distribución es cada vez más restringida y fragmentada».
La situación afecta sobre todo al urogallo cantábrico, la subespecie más amenazada de las 12 que existen en el mundo. Porque, por ejemplo, sus 'primos' en lugares como Rusia son incluso especie cinegética.
El hecho de que estén perdiendo hábitat no es la única razón que amenaza la supervivencia del tetrao urogallus cantabricus. Parece existir «una influencia del cambio climático que puede estar afectándole», además de «la presión humana, el efecto de los depredadores y la elevada densidad de competidores».
No es que haya una elevada mortalidad en este animal que puede vivir hasta 20 años. «El factor crítico es su escasísima productividad», explica González. «De media, no llega a sobrevivir ni un pollo por pareja». ¿Las causas? En primer lugar, los depredadores se ocupan de saquear los nidos. Y las crías que llegan a nacer cada vez tienen mayores dificultades para encontrar arándanos, base de su alimentación, ante la sobrepoblación en muchos lugares de ungulados que acaban con dicho alimento. Además, el abandono de la actividad ganadera propicia el crecimiento de matorral en los bosques, lo que supone una dificultad añadida para la especie.
Todo esto se nota de manera especial en la cordillera cantábrica que, además, constituye un ambiente especialmente hostil. Mientras que en Pirineos los urogallos disfrutan de bosques de coníferas en los que se parapetan todo el año, en Asturias y León la especie vive en bosques de hayas y robles. Por eso, su supervivencia invernal depende del abrigo que les ofrecen el acebo, el tejo o los pinos de repoblación.