El híbrido de perro y lobo, entre el mito y el depredador más feroz

10-Octubre-2004

Los ganaderos y el Principado alertan sobre el peligro que supone la mezcla genética de ambas especies. En el Fapas se duda de su existencia.

L. L. R./GIJÓN

La montaña asturiana guarda misterios y extrañas hibridaciones. En los últimos años se han detectado comportamientos anómalos de ciertos ejemplares de lobo que, en vez de huir del contacto humano, miran fijamente desde la distancia a los ganaderos que detectan su presencia. O atacan en el centro de pueblos, y a plena luz del día, a vacas y ovejas. Una manera de proceder irregular que sembró el mito de los lobos 'de jaula', criados en cautividad y que son soltados en los montes de la región.

Pero hay otra explicación a estas conductas: que en los cerebros de esos ejemplares se mezclen instintos. Es decir, que se trate de híbridos de perro y lobo, animales que mantienen la fiereza de los bichos salvajes, pero que hayan adquirido ciertos hábitos sociales de los domésticos. O, al menos, que hayan perdido el miedo al hombre. Para algunos, la existencia del perro-lobo es una realidad habitual, para otros una excepción, y en ciertos casos se tiene como un mito.

Marino Fernández es uno de los que llaman la atención sobre este ser que mezcla lo feroz con lo doméstico, y les culpa de multitud de ataques a la cabaña ganadera. El secretario general de COAG explica cómo surge esta hibridación: en los grupos de lobos, cuando un ejemplar se hace viejo, es desplazado, expulsado. Comienza a vagar solo por las montañas acompañado de otro ejemplar joven, una especie de «aprendiz». En ese periplo en los confines de su existencia puede encontrarse en su camino con una perra. «Si está en celo, la cubre, y de ahí surge una camada de híbridos. Hay casos documentados de que esto existe». Pero el caso contrario es «imposible: ningún perro va a cubrir a una loba. Ella se lo merendaría».

Cuando los perros-lobo se hacen adultos se pueden llegar a juntar con grupos de lobos. Su fiereza, acompañada de la falta de miedo al hombre, los hacen aún más peligrosos que sus primos salvajes.

El Principado incluso consiguió fotografiar a una particular formación familiar: un lobo viejo, una perra, y sus cachorros. Cristino Ruano, el director general de Recursos Naturales y Protección Ambiental, rechaza darla a conocer al tratarse de «material científico» que se encuentra en estudio. Además, la especial y razonable sensibilidad de los ganaderos hacia estos temas aconseja «prudencia» a la hora de tocar novedades.

Casos aislados

Con todo, desde el Principado no se duda de la existencia de los perros-lobo. «Es cierto que existen casos de cruzamiento, pero se trata de situaciones aisladas, no generalizadas», matiza Ruano. Siempre con prudencia, refrenda las opiniones de Marino Fernández a la hora de achacar los particulares comportamientos de ciertos lobos a su mezcolanza genética: «No escapan, atacan durante el día... el cruzamiento puede producir un comportamiento anómalo».

Por este motivo, las cacerías organizadas por el Ejecutivo regional para controlar la población de lobos se fijan especialmente en estos híbridos. «Se han detectado ejemplares, sobre todo, en la zona occidental», explica Ruano. «Cada vez que se avista uno, se actúa con la mayor rapidez posible. Los daños que causan en las ganaderías hacen necesario reducir la población». Aunque el director general de Recursos Naturales también llama la atención sobre muchos ataques a las ganaderías realizados por «perros que pasan por lobos».

Pero también es cierto que para muchos «los híbridos forman parte del mito del lobo, igual que la creencia de que algunos ejemplares parecen mansos porque fueron soltados tras criarse en cautividad». Lo dice Roberto Hartasánchez, presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas). Mantiene que el cruce es imposible porque el animal salvaje devoraría al doméstico. De hecho, niega la existencia también de perros salvajes, los cimarrones. «No se dan en zonas donde hay lobos, porque se los comen. Sin embargo, en Italia sí hay este tipo de perros asilvestrados porque la presencia del lobo es menor».

Canes incontrolados

El presidente del Fapas, en cambio, apunta a los canes domésticos como culpables de muchos ataques. «Salen por la noche y causan daños en las ganaderías. Luego, durante el día, están tranquilamente tumbados en la alfombra de casa», asegura. «Son perros incontrolados, pero no salvajes. En la Asturias rural, a la mayoría de los perros no se les da de comer en casa, ¿dónde crees que se alimentan entonces?». Pero, claro, «es más fácil echar la culpa al lobo».

Hartasánchez mantiene que si el culpable es el animal salvaje, el Principado paga religiosamente las indemnizaciones. En caso de que se trate de un can, son los ayuntamientos los que tienen competencia sobre su control. «Y la mayoría de los municipios ni siquiera tienen ordenanza sobre perros. ¿Cómo entonces va un ganadero a pedir responsabilidades a los ayuntamientos?».

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