FAPAS -Hoy

  18 de octubre de 2010

     

      
   

Pirineos: Un reto para la conservación del oso pardo

   

La  supervivencia del oso pardo en la Cordillera pirenaica pasa por una situación ambivalente. De un lado, la población más oriental parece que tiende a estabilizarse con la presencia de nuevas reproducciones que incorporan al territorio oseznos nacidos durante este año.

De otro lado, la población más occidental, se aboca a una extinción próxima. De hecho, se puede dar ya por extinguida la población autóctona, con la muerte ya certificada por algunas ONGs expertas en el seguimiento de este ejemplar, es el caso del FIEP.

   


El oso Camille era el último oso autóctono pirenaico. Con su desaparición, se pierde totalmente la población cuyo origen se ha remontado desde hace miles de años hasta nuestros días. Un pobre orgullo que nos ha tocado vivir.  (Foto: Gobierno de Aragón)

   

Ayudar a la conservación del oso en los Pirineos.

Pero esto no debe de ser motivo para abandonar la lucha por la conservación. De un lado tenemos a los osos eslovenos reintroducidos y con un aparente proceso de adaptación al territorio cada vez más afianzado, pese a los problemas de osos muertos por los cazadores. 

Y de otra parte, no se puede abandonar la reivindicación de que en el núcleo occidental se promuevan  nuevas reintroducciones de hembras reproductoras, única posibilidad de evitar la extinción total del oso en este territorio.

   

Durante los 10 primeros días de Octubre, el FAPAS ha estado presente en la totalidad de los territorios oseros  del Pirineo francés impartiendo charlas invitado por la Asociación FERUS y el apoyo de la Dirección  Regional de Medio Ambiente de Midi-Pyrènées del Gobierno de Francia.


Roberto Hartasánchez en Borce, Pirineos Atlánticos,  dando una de las  charlas sobre el trabajo del FAPAS con la conservación de los osos en Asturias


Los Pirineos presentan mucha similitud con los ecosistemas cantábricos, en especial las montañas adyacentes a la gran cadena montañosa, mucho más boscosas y humanizadas, donde por lo general se considera erróneamente que no debe de habitar el oso.

   

Buena parte de los territorios visitados entran dentro de las áreas conflictivas donde políticos y especialmente ganaderos, presentan un fuerte rechazo a la presencia del oso en las montañas. 

La impresión de estos días de viaje por pequeñas localidades de montaña, ha sido contraria a esta percepción que desde fuera  obtenemos, principalmente a través de los medios de comunicación, unos medios que intencionadamente dan mucho mayor valor a trasladar a la sociedad las informaciones negativas de la presencia osera que las positivas, por una mera cuestión de mercado, parece que vende más la noticia agresiva negativa que la positiva medio ambiental.

 

 

 


Un grupo de ganaderos y anti osos en una de las charlas en Arcizans-Avant (Altos Pirineos). Sin embargo en ningún momento ha habido tensión, solo las razonables exposiciones de cada  sector a favor o en contra del oso.
 

Las conferencias, con una asistencia media de público de unas 40 personas, cifra no escasa ya que se trataba por lo general de pequeñas localidades, se desarrollaron dentro de una buena normalidad, con presencia de personas detractoras de la conservación del oso, lo que motivó polémicas entre el público asistente.

Sin embargo, llamó la atención el contenido de las conferencias, relativas exclusivamente a mostrar la situación de la conservación del oso en la Cordillera cantábrica, principalmente en Asturias y en las áreas de trabajo del FAPAS. Especialmente el aspecto relativo a la cohabitación del hombre y el oso en territorios muy cercanos.

En Pirineos, existe una convicción generalizada de que los osos solamente pueden vivir en los lugares más alejados del hábitat humano y es frecuente que cuando un oso se acerca a una población, rápidamente, los medios de comunicación se hacen eco de esta circunstancia, ofreciendo una visión de alarma y peligro para las personas. 

En realidad,los osos pirenaicos ocupan territorios de montaña muy humanizados y posiblemente condicionados en su comportamiento por hábitos agrarios, como el abandono de cadáveres, etc. Lo que implica una interacción con el hombre mucho más frecuente de lo que en la actualidad los habitantes de estos pueblos de Francia consideran.

   

      

Esperemos poder haber contribuido un poco a alcanzar la sensibilización necesaria para que el hombre del Pirineo francés permita al oso acoplarse nuevamente a estos territorios, conociendo la dificultad  que conlleva que durante unas décadas, el hombre haya pedido el hábito de coexistir con el oso. Ahora es necesario recomponer esa relación social, pero no es imposible.

  

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