FAPAS -Hoy

  18 de julio de 2009

     

      
   

Con el apoyo de:
Ministerio Medio Ambiente

Control fotográfico, un hobby y una herramienta de trabajo

   

A principios de los años 90, el FAPAS comienza a probar el funcionamiento de las cámaras automáticas para detectar la presencia del oso pardo en las montañas de Somiedo. Casi veinte años después, el seguimiento fotográfico se ha convertido en una de las mejores herramientas para el control de la población osera.

Alfonso Hartasánchez fue el primero en el FAPAS que comenzó a utilizar las cámaras fotográficas para descubrir el paso de los osos por el interior de las masas forestales, ante la dificultad de poder hacer observaciones en estas zonas con gran densidad de vegetación.

Colocando los equipos en los sitios más inverosímiles, y donde no pudieran ser descubiertos, a veces, como vemos en la foto, con el riesgo de darse un buen mamporrazo si se rompe el palo amarrado al tronco y que ha servido para subirse a él.

 
Los equipos: del papel a las fotografías digitales

Cuando empezamos a trabajar, los equipos fotográficos  eran los tradicionalmente conocidos como analógicos. Cámaras que solamente podían disparar un rollo de poco más de treinta fotos, con el gran inconveniente de no disponer de capacidad para mantener las cámaras activas más allá de un par de semanas, antes de que se agotasen las pilas que a modo de baterías había que   acoplar unas a otras.

Casi no sabemos de qué marca es la cámara fotográfica. Pintada y metida en un cajón para resguardarla de la lluvia. Era un milagro sacar fotos interesantes con estos viejos equipos que había que adaptar manualmente después de comprarlos en la tienda.

Instalando cámaras en los Pirineos, en los albores del control fotográfico de los pocos osos que habitaban en estos territorios. Alfonso colabora con el personal de seguimiento del Gobierno de Aragón.

Y se hizo un gran trabajo. Más de 10.000 fotografías de fauna, muchas de ellas de los pocos osos que quedaban en las montañas, testimoniando por donde andaban, a qué hora lo hacían y con quienes se relacionaban.

Pero los equipos fotográficos no discriminan y fotografían todo lo que pasa por delante de ellos, lobos, jinetas, gatos monteses, ciervos, corzos y hasta cazadores furtivos.

La instalación de los equipos fotográficos causó un fuerte impacto en algunos sectores de gente habituada a caminar libremente por el monte sin que nadie los controle. Vamos, dándole al gatillo para matar todo bicho viviente con el que se encuentren en el bosque o transitando de un lado para otro para ir a colocar las trampas.


Las cámaras han sido una gran ayuda para el control del furtivismo, sin duda, el mayor riesgo de conservación para el oso, tal como podemos ver en esta fotografía hecha por una de las cámaras ocultas en el bosque y que descubre a un oso al que le falta la mano derecha.

Eran las 11 de la mañana, en   el interior del Parque Natural de Somiedo en Asturias, y la cámara “caza” a estos dos cazadores furtivos que recorren el espacio protegido en busca de sus presas. Sin saberlo, pasaron delante de la cámara y así pudieron luego ser identificados por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil y posteriormente denunciados. 

 
   

Llegó la revolución digital

Pero al principio esta revolución digital no era tan buena como podíamos pensar. De Estados Unidos comenzaron a llegar las primeros equipos que utilizaban cámaras digitales. Unos auténticos trastos que no podían competir en calidad y versatilidad con las viejas cámaras analógicas y los rollos fotográficos. Pero aportaban ya una gran ventaja; en vez de poder disparar treinta fotografías, estas cámaras digitales, podían disparar trescientas o cuatrocientas.

Las baterías se agotaban pronto y el enfoque no era el mejor del mundo, cuando un animal pasaba por delante de la cámara, entre que se activaba, enfocaba y  disparaba, al oso, o al lobo, lo único que le podía fotografiar era el culo o el rabo.


Muy aparente, pero poco práctica. La tecnología digital de los primeros equipos solo servía para fotografiar un bicho si se quedaba mirando para  el objetivo de la cámara.
 
   

Pero la tecnología ha evolucionado de una manera increíble en los últimos años y hemos pasado de  trastos digitales a equipos con una gran capacidad autónoma de trabajo. Cámaras que permanecen activas durante meses sin necesidad de cambiarles las baterías y equipadas con tarjetas de memoria que permiten almacenar varias miles de fotos o incluso hacer vídeos de los animales que pasan por delante de los objetivos y las células fotoeléctricas.

Con estos equipos el FAPAS comienza a poder desarrollar trabajos de una gran especialización en el control de la población osera. Es el caso del Valle del Trubia, donde los equipos fotográficos, unido al trabajo de realización de transectos y el análisis genético del ADN de cada uno de los osos, permite configurar un mapa territorial donde se localizan y ubica la totalidad de la población osera, machos adultos, subadultos, hembras con crías, jóvenes inmaduros…

   
Monchu enfoca su equipo hacia el lugar donde  pasan los osos. El resultado puede ser sorprendente, localizar dentro del bosque a la joven hembra que este año ha ocupado el territorio y que ha salido de la osera con sus cachorros. Descubrirla sin la ayuda de la cámara sería de lo contrario una tarea muy difícil.
   
 
   

Desde que  el FAPAS inició el trabajo de control fotográfico, se han obtenido más de  mil fotografías de los osos que componen la población de la Cordillera Cantábrica. Consiguiendo identificar e individualizar a una buena parte de cada uno de los ejemplares, convirtiéndose el control fotográfico en una herramienta complementaria de enorme valor al resto de las acciones que se llevan a cabo para obtener una mejor información de cuantos osos tenemos y cómo evoluciona la población osera año tras año. 

En definitiva, el control fotográfico se ha convertido en una herramienta de trabajo para conservar a los osos, pero también puede ser una gran herramienta de entretenimiento para cualquier naturalista que quiera descubrir a la fauna silvestre sin molestarla. Saber qué animales hay en el jardín de nuestra casa. Quienes vienen por la noche a nuestro comedero.

   
Descubrir la naturaleza en nuestro jardín

Utilizar una de estas cámaras nos sorprenderá y nos animará mucho más a acercarnos a la naturaleza, nos permitirá profundizar más en el conocimiento de la ecología y se convertirá junto con los prismáticos, las guías de campo o el catalejo, en una herramienta apasionante que una vez colocada, estaremos ansiosos por la mañana de ir a recoger la tarjeta de memoria para insertarla en el ordenador y descubrir quien ha estado por la noche merodeando por el jardín de casa. Sin necesidad de que haya osos o lobos, el modesto ratón, el ladronzuelo arrendajo al amanecer o el infatigable buscador de presas como es el zorro, será capturado inocentemente por nuestro equipo autónomo de fotografía digital en la naturaleza.

                  

Con el apoyo de Miranatura

Empresa que suministra los equipos fotográficos al FAPAS

MIRANATURA es una empresa catalana pionera en la utilización de equipos autónomos para fotografía y vídeo en la naturaleza. Diseñan y construyen sus propios equipos.

Desde hace más de cinco años, MIRANATURA colabora con el FAPAS en los trabajos de control fotográfico, siendo nuestras experiencias quienes orientan a los especialistas de MIRANATURA a conseguir las mejores características técnicas de sus equipos fotográficos. El resultado está ahí.
   

Si te interesa la fotografía con cámaras automáticas, ponte en contacto con:

 http://www.miranatura.com/proyectos.htm

Correo electrónico: leo@miranatura.com

   

       

      

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