22 de diciembre de 2007 |
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HAMBRE EN LAS AVES CARROÑERAS |
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Estos días hemos tenido la oportunidad de comprobar sobre el terreno las penurias alimenticias que están padeciendo los buitres en territorios como los Pirineos. Tuvimos la oportunidad de acompañar a los miembros de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos en una de sus salidas de campo para llevar alimento a los muladares que especialmente están diseñados para alimentar a los quebrantahuesos. Son lugares solitarios en las sierras pre-pirenaicas, a donde hay que acceder en todo terreno y a veces con cierta dificultad a causa de la nieve.
El alimento consiste en patas de oveja que son transportadas desde los mataderos hasta el comedero en unos bidones especiales que cumplen con todas las garantías que actualmente exigen las normas sanitarias. Los huesos son esparcidos por el muladar que está cerrado para evitar la entrada de otros animales mamíferos que puedan aprovecharse de esta comida transportada con tanto esfuerzo por los miembros de la Fundación. |
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Nada más retirarse del comedero, comienzan a aparecer los primeros buitres en el cielo y no pasan unos minutos sin que decididamente y sin miramientos comienzan a bajar a posarse en el suelo ante la apariencia de poder encontrar algo de alimento entre los huesos. Pero la sorpresa es grande, en unos minutos se reúnen un grupo de ochenta buitres leonados que comienzan a comer desesperadamente los huesos, tanto tragándoselos enteros como a base de paciencia, descarnar las patas de las ovejas y consumir la piel y la escasa carne que contienen estas patas.
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No tardan tampoco en aparecer los primeros quebrantahuesos, primero un adulto con su plumaje espectacular, luego se unen otros ejemplares jóvenes, que se posan entre los buitres y comienzan también a comer huesos, quizás intuyendo que deben de darse prisa ante la inoportuna presencia de tantos buitres ávidos de llevarse al estómago cualquier tipo de alimento que puedan digerir.
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Pese a estas observaciones perfectamente documentadas, algunas voces técnicas y científicas continúan argumentando que las poblaciones de aves carroñeras, como la de otras especies de la fauna ibérica que tienen en el consumo de carroñas una fuente prioritaria de alimentos, no están sufriendo graves efectos por la aplicación de las normas que obligan a retirar los cadáveres de la ganadería doméstica de las montañas.
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