Comida para buitres. Un grupo de vecinos ayuda a subir carroña para los buitres de los Picos de Europa. Era 1985 y Hartasánchez hacía la foto.


Juan Carlos del Olmo, colaborador del Fapas, sostiene a «Paca» cuando era un cachorro bajo los cuidados de esta ONG.


Dos peluches. Junio de 1989, los agentes del Seprona rescatan a «Paca» y a «Tola» y las llevan al centro del Fapas en Llanes.


Contra los furtivos. Hartasánchez, en 1989, con una piel de oso propiedad de un furtivo al que localizaron con ayuda de la Guardia Civil.

Los 18.000 hijos de Rodríguez de la Fuente

El Fapas, galardonado con el premio de Medio Ambiente 2009, atesora tres décadas de lucha conservacionista con un gran respaldo de socios

Oviedo, Raquel L. MURIAS
Viernes 4 de Diciembre de 2009

Cuando pocos apostaban por conservar el medio ambiente ni mucho menos en invertir su tiempo y dinero en la naturaleza, un grupo de amigos del Instituto Jovellanos de Gijón decidió seguir la estela del que ha sido siempre su guía: Félix Rodríguez de la Fuente. Así, en 1983, tres años después de la muerte de Félix y con un puñado de ideales en la cabeza, constituyeron el Fapas (Fondo para la Protección de los Animales Salvajes), la asociación conservacionista que acaba de recibir el premio «Félix Rodríguez de la Fuente» de Conservación de la Naturaleza que cada año otorga el Ministerio de Medio Ambiente. Hoy tienen 18.000 socios.

El Fapas ha hecho un largo camino desde los años ochenta. Roberto Hartasánchez, presidente de la entidad conservacionista, reconoce que la suerte siempre estuvo de su lado. Pero también el trabajo constante. «Después de la muerte de Félix, la gente le había tomado tanto cariño y admiraba tanto su trabajo que apoyaron desde el principio nuestra iniciativa. Eran tiempos en los que ni las administraciones ni las empresas invertían en medio ambiente y nosotros éramos más necesarios que nunca», concreta.

Algunos socios del Fapas tienen el carné desde hace veinticinco años, los mismos años que hace que Hartasánchez decidió hacer carrera en el campo y no en la Universidad porque «no había ninguna carrera que nos enseñase lo que queríamos aprender». Son naturalistas de campo, autodidactas del medio, ilustrados de la conservación. Y como querían que sus proyectos no se quedasen entre los límites de Asturias decidieron ponérselo a sí mismos más difícil todavía. ¿Cómo?, sacando adelante una revista que recogiese todo lo que se les pasaba por la cabeza y las ideas que ellos defendían y aplicaban para «salvar» a las especies en peligro. «Quercus» fue el nombre de la revista, que aún hoy continúa en los quioscos, aunque ya no depende del Fapas.

El nacimiento del Fapas comenzó siendo una afición, un nexo común de una pandilla, y terminaron por convertirse en profesionales de la conservación. Algunos lograron vivir de la naturaleza, su gran pasión. El Fapas, con sede en Llanes, tiene hoy a doce trabajadores en plantilla y sus 18.000 socios financian la mayor parte de los trabajos que lleva a cabo la ONG. Su primer proyecto fue lograr la conservación de los buitres leonados en los Picos de Europa, cuando estas aves carroñeras estaban a punto de pasar al «imaginario» de los asturianos. Parecía imposible, pero lo lograron. Hoy hay más de doscientas parejas reproductoras en la zona. En 1984, el Fapas decidió volcarse con la conservación del oso pardo cantábrico y decidieron actuar por la vía económica: fueron los primeros en compensar a los habitantes del medio rural que sufrían destrozos en sus propiedades por efecto de la actuación de los plantígrados.

Quedan atrás muchas noches en vela, viajes con carroña en el coche para dar de comer a los buitres y garantizar así su supervivencia, horas de búsqueda de lazos en el monte, controles contra los cazadores furtivos, plantaciones para garantizar el alimento a los osos. Tres décadas al natural que han dado sus frutos.

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