El valle del buitre


Un buitre leonado en un risco


La emblemática ave leonada duplica su población en los concejos del Trubia Los comederos artificiales han logrado aumentar en un alto porcentaje la supervivencia de los pequeños polluelos.

14/12/2006 JUDIT SANTAMARTA

Más buitres leonados surcan los cielos de los valles del Trubia. Si hace cinco años la población en esta zona se situaba en torno a los 30 ejemplares, hoy serán unos 70 los buitres leonados asentados aquí. Lo que pasa en Asturias es un reflejo de la situación nacional de este ave rapaz. El buitre leonado, Gyps fulvus , es una de las mayores rapaces de la península, mide cerca de 2,6 metros de envergadura, y comparte el cielo con el buitre negro, el quebrantahuesos y el alimoche. Pero a diferencia de estos ha logrado salir de la línea roja que marca la amenaza de la extinción. Hasta tal punto que en los últimos 20 años, la población de esta especie ha pasado de 8.000 a 16.000 parejas en toda España.

Un informe del Fapas refleja esta situación en los Valles del Trubia, y además deja ver la importancia de los comederos artificiales creados para alimentar a la especie. Es en esta zona donde se sitúa el único grupo reproductor que se conoce, fuera de las colonias de mayor envergadura que se sitúan preferentemente en los Picos de Europa, a unos 80 km. de distancia. Desde hace unos años también se conoce la reproducción de una pareja de buitre leonado dentro del territorio del Parque Natural de Somiedo, constituyendo la reproducción más occidental de esta especie en la Cordillera Cantábrica.

Luis García Fernández, el autor del estudio de Fapas, comenta que "la actual colonia de buitres que se sitúa en el valle del Trubia está compuesta posiblemente por unos sesenta ejemplares, afincados en estos territorios a partir de las reintroducciones hechas en los años ochenta" .


Aportes de alimentos

"Uno de los momentos claves para la supervivencia del buitre leonado surgió a raíz de la prohibición de dejar animales muertos en la montaña, con lo que se ponía fin a su fuente más importante de alimentación", explica Luis García. Por ello, la alimentación a través de comederos ha cobrado una vital importancia. El Fondo para la Protección de los Animales Salvajes aporta de una manera no periódica carroñas al comedero de los Navaliegos en el Concejo de Santo Adriano, "con esto tenemos que asegurarles una alimentación", comenta Luis García. Los aportes se centraron principalmente en garantizar la reproducción, para lo cual se aportaron carroñas desde un mes antes de la eclosión de los huevos, hasta dos meses después del nacimiento.

Con todo este trabajo, y a la vista de los estudios del Fapas, lo que se ha logrado ha sido una garantía de supervivencia mayor de los pollos en los nidos, que si hace dos años se situaba en el 40% alcanzó en el 2006 el 77,78%. "En este estudio lo que hemos notado como algo más destacado es este aumento de la supervivencia, hay más pollos que han salido adelante, por eso creemos que la manera de proporcionarles alimetos de forma esporádica en el comedero ha sido muy positivo", dice el autor del estudio. El problema, según explica, es que "hubo años en los que de cuatro o cinco nidos salía uno adelante, porque en los demás morían los pollos mientras iba la pareja reproductora a buscar comida, o ni siquiera se llegaba a producir la eclosión del huevo", añade.

Por eso, hoy por hoy, y tras comprobar los resultados del estudio, desde Fapas tienen claro las conclusiones; "ante la existencia de un problema grave de pérdida de productividad en la pequeña población de buitres del valle del Trubia, causada posiblemente por la disminución de recursos, la aportación de un aporte suplementario de alimentación parece haber comenzado a corregir el defecto". La experiencia pone de manifierto la necesidad de vigilancia e intervención rápida para corregir factores de desestabilización de poblaciones entre especies, que como en este caso, tienen un régimen alimenticio carroñero

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