Asturias, 24/11/2001

El veneno vuelve a los Picos

El FAPAS denuncia la muerte de unos 10 buitres por esta causa en los últimos años, mientras el parque nacional considera excesiva la alarma

(Oviedo, Luis Mario ARCE)

El azote del veneno, que diezmó a la población de buitre leonado en el pasado, parece haber vuelto a los Picos de Europa. El FAPAS asegura tener constancia de la muerte de «unos 10 buitres desde 1997 o 1998, después de unos diez años en los que el veneno parecía haber desaparecido», dice el presidente de la organización, Roberto Hartasánchez. «Nos estamos encontrando con dos, tres, cuatro buitres cada año, y tenemos la impresión de que el parque nacional conoce más casos y se los calla», afirma.

La directora del espacio protegido, Victoria Delgado, valora que el FAPAS está cayendo en el «alarmismo», ya que, a su juicio, «los datos que se tienen no implican que en los últimos cinco años haya aumentado el uso de veneno en el parque nacional». La versión oficial habla de un perro muerto por carbofurano en Bejes (Cantabria), en 1999; de dos buitres, un perro y un zorro envenenados, uno de los primeros por estricnina y el resto por cianuro, también en Cantabria, en 2000, y de unos cebos emponzoñados con paration y estricnina localizados en 2001 en Cabrales. Además, este año se han hallado otros cuatro buitres muertos en la vertiente cántabra, dos de ellos en un estado de descomposición tan avanzado que no permitió la toma de muestras. De los otros dos se enviaron tejidos al Instituto Nacional de Toxicología, que todavía no ha emitido su informe.

«El FAPAS ha dado muestras de poca lealtad al lanzarse a una denuncia generalista sin hablar con el Parque, como lo ha hecho para otras cosas. No dudo que tengan información suficiente, pero nos la podían haber trasladado», consideró Victoria Delgado.

Hartasánchez sitúa el área de riesgo en la vertiente septentrional de los Picos, entre Asturias y Cantabria, «de Bejes al Casaño», precisa. Y señala la coincidencia del repunte en el uso de veneno con el recrudecimiento de la problemática de los cánidos. Respalda sus datos con análisis toxicológicos del Laboratorio Forense de Vida Silvestre, que señalan la presencia de estricnina en los cadáveres analizados. «La habían puesto en lenguas de vaca», añade. Lobos, perros y zorros son los destinatarios de ese tipo de cebos. «Se está envenenando otra vez para el zorro, después de muchos años», comenta. Para hacer frente al veneno, el FAPAS propone intensificar la campaña «Antídoto», puesta en marcha en 1998 por ocho importantes organizaciones conservacionistas españolas ­SEO-Birdlife, Adena-WWF, CODA, BVFC, GREFA, SECEM y la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, además del propio FAPAS­, tras constatar una elevada mortalidad de aves rapaces por envenenamiento desde principios de los años noventa. La campaña establece un protocolo de actuación: cualquiera que encuentre una rapaz muerta debe comunicárselo al Seprona, para que proceda al levantamiento del cadáver y a la toma de muestras, a partir de las cuales se podrá determinar la causa de la muerte. «Vamos a poner carteles en los pueblos y a enviar información a los clubes de montaña para conseguir la máxima colaboración. Queremos saber el número de buitres que pueden estar cayendo en los Picos», dice Hartasánchez.


Malas noticias para el quebrantahuesos

El aparente incremento en el uso de veneno en los Picos de Europa constituye un serio revés al proyecto que se pondrá en marcha el año próximo para favorecer la recolonización de la zona por el quebrantahuesos, extinto hacia los años 30 o 40. A lo largo de la década de los noventa se ha hecho habitual la presencia de inmaduros en los Picos, y el objetivo del proyecto, a cargo de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, es lograr que esas aves, procedentes del Pirineo, se queden. Para ello se instalarán imitaciones en escayola de aves adultas como señuelo. «También se realizará una campaña para explicar que el quebrantahuesos está volviendo y que hay que intentar que se quede», dice Hartasánchez.


El FAPAS iniciará en enero un plan de control de perros en el Oriente

Roberto Hartasánchez establece un paralelismo entre el uso de veneno y los problemas ocasionados por los cánidos en el parque nacional de los Picos de Europa y en el conjunto del oriente de Asturias. «Es un problema muy grave», dice. Un problema que causa gran alarma social y en el que se mezcla a lobos y perros. A este respecto, Hartasánchez tiene muy claro que «un porcentaje altísimo de los daños lo causan los perros».

A partir de esa convicción, el FAPAS ha firmado un convenio con la Mancomunidad del Oriente para poner en marcha, el próximo mes de enero, un plan de control de perros en toda la comarca. El proyecto se ejecutará a través de ordenanzas municipales y podría ampliarse al parque de los Picos y a los concejos cántabros de Tresviso y Camaleño, «que se han mostrado muy interesados». El objetivo básico es censar e identificar mediante microchip a todos los perros, y ordenar su presencia en el monte para evitar daños al ganado. «Se clasificarán los daños separando los de perro y los de lobo, y se eliminará a los perros incontrolados», comenta Hartasánchez. «Esperamos que en un año estén todos los perros censados e identificados», dice. «Una vez controlados, se regulará cuáles pueden estar en el monte y se establecerá, por ejemplo, que todos estén amarrados durante la noche. Si no es así, tendremos capacidad para recogerlos y para imponer sanciones», agrega el presidente del FAPAS. Con estas medidas, la organización conservacionista confía en detener la escalada de daños al ganado registrada en el Oriente por depredación de supuestos lobos y perros asilvestrados.

Fuente: Periódico La Nueva España

 

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