LA IMPORTANCIA DEL LOBO EN LA NATURALEZA

Los últimos trabajos de seguimiento de la población de lobos en el Parque Natural de Somiedo por el FAPAS, demuestran el importante papel ecológico de esta especie en el control de la fauna salvaje.


Abril-2006

    
La población de jabalí en las partes altas del Parque Natural de Somiedo ha descendido notablemente, hasta el punto de que en algunas de las estaciones de trampeo fotográfico instaladas desde al año 2005 no se ha fotografiado ningún ejemplar.

Los análisis de excrementos que son recogidos para determinar la dieta alimenticia de los lobos, demuestran que estos depredadores tienen en el jabalí una de sus principales presas naturales.

Si tenemos en cuenta que los científicos están determinando que uno de los mayores peligros con los que se encuentra actualmente en toda la Cordillera Cantábrica el urogallo, es precisamente el aumento de las poblaciones de jabalí en las áreas de montaña, se puede relacionar fácilmente que la presión de caza de los lobos sobre esta especie, puede constituirse en uno de los factores claves para conseguir que el urogallo no se extinga.

Acostumbrados a recibir información negativa sobre la incidencia del lobo en las montañas a partir de los daños que causa a los intereses ganaderos, se olvida fácilmente el importante papel que este predador cumple en su medio natural. Las poblaciones de lobos que habitan en territorios de montaña son una garantía de que determinados equilibrios se mantengan, evitando procesos negativos que, como en el caso del urogallo, pueden llegar a la extinción de algunas especies.

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El trabajo de seguimiento de la población de lobos en el Parque Natural de Somiedo que el FAPAS realiza ya desde hace más de quince años con la ayuda de especialistas europeos de grandes carnívoros, como el investigador francés Vicente Vignon, ha permitido evaluar los distintos nucleos familiares que habitan en estas montañas y determinar las tendencias de captura de las presas de los lobos dependiendo de su abundancia.

En la década de los noventa, las presas más abundantes de los lobos en Somiedo estaban constituidas por los ciervos. La drástica disminución de estos ungulados a partir de la política de la Administración Regional de bajar la población de ciervos para favorecer el hábitat del urogallo, determinó una modificación de los hábitos de caza de los grupos familiares de lobos que se especializaron en la caza del jabalí.

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Equilibrio de fuerzas.

Aunque el lobo es una especie que ha sido sometida a rigurosos controles para evaluar sus efectivos en la Cordillera cantábrica, aún son pocos los conocimientos que se tienen sobre su comportamiento de caza. En Somiedo se han producido determinadas experiencias a lo largo de los últimos años que han puesto de manifiesto que una mala gestión en la conservación del lobo puede ofrecer resultados inesperados.

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Es el caso de un grupo familiar estable que ocupaba una de las áreas centrales del parque natural, compuesto por cinco ejemplares adultos que habían sido controlados por el FAPAS durante varios años. Su especialización en la caza de animales silvestres era tan alta, que su presencia en el territorio, pese a la abundancia de ganado doméstico pasaba desapercibida ya que estos lobos no producían daños a la cabaña ganadera.

Una acción indiscriminada de gestión por parte de la Administración de este grupo familiar, llevó a la caza y muerte de dos ejemplares del grupo. Desde ese momento, los tres ejemplares que sobrevivieron fueron incapaces de aplicar sus técnicas naturales de caza sobre animales silvestres, viéndose obligados a matar ganado doméstico para sobrevivir, evidentemente, mucho más fácil de matar que el silvestre.

Es un ejemplo característico de la compleja estabilidad que los grupos de lobos poseen en sus escenarios de caza natural y en donde es precisamente el hombre el que introduce variables negativas aplicando medidas que considera erróneamente deben de ser las adecuadas para la gestión de la población lobera.

En la actualidad, el fenómeno de la presencia de lobos en Asturias está siendo cada vez más intensa en los territorios menos estables de la Cordillera Cantábrica coincidiendo en muchas ocasiones con territorios de una clara vocación ganadera. Este fenómeno que algunos técnicos achacan a la previsible abundancia lobera, con una población que se ha estimado en los 300 ejemplares, es cada vez más cuestionada por quienes desarrollan una actividad profesional más vinculada a la gestión cinegética.

Guardas de campo de varias zonas loberas de Asturias, coinciden junto con el FAPAS en que la presencia de los lobos en territorios más humanizados tiene su justificación en la necesidad de los lobos de ampliar sus áreas de caza para cubrir las necesidades de alimentación. En este sentido, la normativa que obliga a la retirada de los animales domésticos muertos en las áreas rurales de montaña, podría estar siendo el factor clave que ha generado un desequilibrio entre las poblaciones de depredadores y la utilización del territorio.

 

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