Hay un lugar entre las montañas de Alcoi,
donde los buitres han vuelto a vivir. Se extinguieron en algún momento indeterminado del
siglo XIX, y, doscientos años después, tras doscientos años de soledad, han vuelto para
quedarse. La mejor prueba de ello es que ya han nacido, en libertad, los primeros dos
pollos, dos hermosos ejemplares cuyos padres fueron liberados justo al comienzo de esta
bella historia, hace ahora siete años.
En la primavera de 1998, Àlvar Seguí,
un pionero en la conservación de la Naturaleza, estaba convencido de la posibilidad de
fijar una población de buitres en las montañas circundantes a Alcoi. Su entusiasmo
contagioso atrajo a especialistas en reintroducción de fauna salvaje, como Roberto
Hartasánchez y Ernesto Álvarez, los cuales, tras una visita a la ciudad, aportaron ideas
acertadas para el buen comienzo del proyecto: la base de operaciones, es decir, el
aviario, el hogar cautivo de los primeros ejemplares, no debía estar en zonas recónditas
de gran valor natural, sino ubicarse en unas antiguas canteras, en un lugar absolutamente
degradado por la explotación de áridos, en el que los buitres pasarían dos años
aproximadamente, cómodamente instalados en un enorme jaulón (aviario) de treinta por
veinte metros. Desde este hogar cautivo puede verse la totalidad de las sierras que
envuelven Alcoi: la Font Roja, Els Plans, l'Ull del Moro, Aitana, Serrella, Benicadell y
como no, la Serra de Mariola. Y no es un capricho de los buitres poder tener buenas
vistas, no. Es absolutamente indispensable que, durante la estancia cautiva de dos años,
estas aves no dejen de ver el paisaje que se convertirá en su nuevo hogar. De esta forma,
pierden sus referencias paisajísticas anteriores y "se enamoran" de los nuevos
montes que, días tras día, forman parte, ya, de su vida. A los dos años, tras la puesta
en libertad, es decir, una vez que se abre la puerta del jaulón y los bichos salen por su
propio pie y toman el primer vuelo, serán tan alcoyanos como el que más.
En este momento, ya han sido liberados
ochenta ejemplares, los cuales, tras su periodo de aclimatación en el jaulón, han
fijado, definitivamente, su residencia en Alcoi.
Y este era el objetivo. Pero, el
colofón, la guinda que confirma el éxito de todo buen proyecto de reintroducción de una
especie, es la constatación de que ésta se reproduce por sí misma y en libertad en el
hábitat escogido, sin ninguna dificultad. Y si ése lugar es el previsto por los
técnicos responsables de la reintroducción, entonces, amigos, podemos concluir que el
éxito es total.
Pero no pretendemos, de ninguna manera,
que este artículo cuente lo bien que se ha desarrollado el proyecto de reintroducción de
una población de buitres en Alcoi. Lo que de verdad pretendemos es reflexionar sobre qué
supone tener, sobre los cielos de estas comarcas, entre ochenta y cien aves carroñeras de
más de dos metros de envergadura alar volando a escasos metros de las casas, las calles y
las plazas de Alcoi, transformando la soledad metálica del cielo, en un paisaje
espléndido, espectacular y atractivo no sólo para los amantes de la naturaleza, sino
para cualquier persona sensible a la belleza.
Cuando las cosas se hacen bien, parece
que son muy sencillas. Cuando uno ve a Ronaldinho controlar un balón que le viene por los
aires, parece que es cosa de niños pegar el esférico a las botas del jugador. De la
misma forma, cuando pensamos en reintroducir buitres y, cinco años después, vemos al
primer pollo romper la cáscara del huevo en el lugar que se había previsto, todo parece
coser y cantar.
Pero para llegar hasta el final, ha sido
necesario recorrer un largo y duro camino: 80 buitres han sido aclimatados en el aviario
durante los tres últimos años, y, al mismo tiempo, se ha mantenido un aporte casi diario
de alimentación: más de cincuenta y seis toneladas de carroña (cerdos, caballos,
yeguas, incluso perros) que, además de alimentar a los ejemplares del aviario, ha
supuesto un aporte constante fuera del mismo, en las inmediaciones del jaulón. La
finalidad ha sido, en todo momento, atraer, también, a los buitres que pasaban por este
territorio en su normal dispersión o en sus vuelos erráticos. Estos ejemplares, al pasar
por encima de las canteras donde se desarrolla el proyecto, eran inmediatamente atraídos
por la existencia de comida y, también, por la confianza que genera en las especies
gregarias ver a otros congéneres tranquilamente instalados en el jaulón, o fuera de él,
pues durante todo el tiempo que ha durado el proyecto se han utilizado ejemplares
desahuciados, provenientes de centros de recuperación. Estos buitres irrecuperables a
causa de accidentes con tendidos eléctricos, disparos, u otras circunstancias, que
normalmente hubieran supuesto la muerte o, en el mejor de los casos, se hubieran pasado el
resto de su vida cautivos en un centro de recuperación, han sido utilizados por el
proyecto como atrayente, han vivido libres en nuestras canteras y han ayudado a su propia
especie a aumentar el número de ejemplares y las zonas de recolonización.
Otro aspecto curioso del proyecto fue el
trabajo de excrementar con cal las paredes rocosas de las canteras y de las peñas
circundantes. Sin ánimo de ser reiterativo, los buitres, como especie gregaria, sólo
habitan los lugares donde hay más de su especie. Y esta fue la idea en todo momento:
conseguir que nuestras canteras fueran, en apariencia, un lugar repleto de buitres, una
verdadera colonia de aves carroñeras. Así, el excrementado es, también, un atractivo
para los ejemplares erráticos o dispersantes que sobrevuelan de vez en cuando nuestros
cielos. Y su presencia y estancia, aunque no fuera definitiva, reforzaba la confianza de
los buitres del aviario y, a su vez, atraía a más ejemplares de paso. Un economista
diría que el capital, genera más capital, nosotros decimos que los buitres atraen más
buitres.
Debe tenerse en cuenta que el Canyet, o
sea, nuestras instalaciones, han servido de alimento y refugio a especies tan importantes
como el alimoche, el buitre negro, el quebrantahuesos, el águila imperial, el águila
real, el milano negro y un sinfín de especies de aves de pequeño tamaño.
Todo este proceso iniciado en el año
1998 hubiera sido imposible sin el trabajo absolutamente desinteresado de los miembros de
Fapas-Alcoi, los cuales han dedicado su tiempo libre a realizar las tareas necesarias que
se requerían diariamente: las cincuenta y seis toneladas de carne aportada les aseguro
que no llegan por mensajería, si no gracias al trabajo de carga y descarga de los
voluntarios de Fapas y gracias, también, al todo-terreno donado por el Ayuntamiento de
Alcoi y al remolque que regaló la empresa Mirofret. La mayor parte de los cadáveres de
cerdo aportados fueron recogidos gracias a la colaboración de las industrias cárnicas de
la comarca. Y este es un punto en el que, si nos permiten, nos detendremos un instante: la
cantidad de residuos en forma de cadáveres que se generan en nuestra sociedad, en las
granjas de cría intensiva de cerdos, cabras, o cualquier otra especie, no pueden ser
escondidos debajo de la alfombra. Al igual que el papel de las aves carroñeras ha sido
siempre la limpieza meticulosa de los restos de otros animales, en su mayor parte de los
grandes rebaños de cría extensiva de ovejas, cabras y vacas, en la actualidad, la única
diferencia es que todo este ganado ya no pasta libremente en grandes dehesas, montes o
valles, si no que es gestionado en modernos criaderos industriales. Pero el papel de las
carroñeras debe seguir existiendo, para eliminar los cadáveres que genera esta industria
y, de esta forma, continuar la tarea que tienen encomendada en la Naturaleza: eliminar los
restos cuya descomposición puede producir enfermedades nocivas para toda la comunidad
viva.
Por eso, es muy importante entender que
este proyecto de reintroducción de aves carroñeras es, también, un proyecto que
contribuye a la gestión adecuada de un tipo muy específico de residuos, con el objetivo
de que sea la propia Administración Municipal la que se encargue de recoger los
cadáveres y restos cárnicos en general y los aporte al muladar, donde los buitres darán
buena cuenta de ellos sin pedir nada a cambio y eliminando, de verdad, cualquier residuo
peligroso del medio natural.
Tampoco quisiéramos olvidar en este
artículo a las Instituciones públicas y privadas que nos han ayudado: la Generalitat
Valenciana nos ha permitido realizar nuestra labor sin trabas administrativas; la
Gerència de Medi Ambient de Alcoi ha aportado un gran trabajo en el cierre del perímetro
del muladar y en el aporte de alimento a las aves; Caja Madrid aportó veinte mil euros y
la CAM unos doce mil. Pero, es de justicia, agradecer muy especialmente a la Sociedad de
Cazadores "La Protectora" el permiso para instalar El Canyet (el aviario, el
muladar, y el resto de instalaciones) dentro de su Coto de Caza. El concesionario Renault
Gomis Alcoy, la Unión Alcoyana, Gregal, la Agrupació Contra Incendis Forestals, y, como
no, la empresa Agroentorno, aportaron también su contribución al éxito del proyecto. A
Grefa, también debemos expresar nuestra gratitud por sus acertados consejos y su
colaboración constante.
Por último, vamos a preguntarnos ¿qué
hemos hecho? ¿qué supone haber creado una colonia de aves carroñeras en pleno Parque
Natural de la Serra de Mariola? ¿qué valor añadido hemos introducido en este
territorio? ¿cuántas personas, cuántos ingresos serán generados por las visitas al
Parque para ver a los buitres? ¿qué valor económico tiene la imagen que hemos generado
del Parque Natural de la Serra de Mariola al ser uno de los escasos territorios
valencianos donde se puede disfrutar del espectáculo del vuelo planeador de una de las
aves más grandes del mundo?
Queridos amigos, lo que hemos hecho
supone, a mi parecer, una inversión incalculable en imagen para la ciudad de Alcoi y para
sus Parques Naturales, que, muy pronto, serán conocidos, también, por sus buitres. Pero,
además, hemos abierto la posibilidad de una nueva concepción del mundo rural, un mundo
en el que la muerte no sea enterrada ni escondida, con el peligro que ello conlleva, sino
que sea eliminada de la forma más limpia, eficiente y gratuita.
Queremos un mundo rural vanguardista que
utilice la fauna y los proyectos ambientales como atractivo y como motor económico de la
nueva economía postindustrial.
Gracias a todos los que habéis hecho
posible esta bella historia.
Ignacio Congost
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