APICULTURA / ALARMA EN LAS COLMENAS

La extraña muerte de las abejas

NADIE SABE qué las mata, pero las colmenas españolas se están quedando vacías. En unos meses han desaparecido 290.000 millones de ejemplares. Lo llaman «síndrome de desabejación»

28-marzo-2005

ANA MARIA ORTIZ

No hay en España ganado más numeroso. Abeja arriba abeja abajo, el último censo las cifraba en unos 720.000 millones de ejemplares, un gigantesco enjambre formado por nada menos que 18.000 abejas por habitante. Si ahora se repitiera ese reciente recuento la sorpresa sería mayúscula. Aquellos 2,4 millones de colmenas -unas 30.000 abejas habitan en cada una- registradas a principios del año pasado han mermado vertiginosamente. En sólo unos meses, un 40% del ganado apícola -así se llama- ha desaparecido. Las abejas españolas se mueren, rápida y misteriosamente, sin que se sepa aún cómo salvarlas.

José Martín Domínguez comenzó a detectar que algo iba mal el otoño pasado. Apicultor desde 1984, es dueño de 500 colmenas (ubicadas en La Pesga, un pueblecito de Las Hurdes) de las que viven él y sus dos hijos. Viste mono de trabajo amarillo, un color cálido para no despertar la agresividad de la abeja y tener que vérselas con su aguijón, y habla con acento catastrofista.Asegura que lo que comenzaron siendo unas cuantas bajas se ha convertido en una auténtica aniquilación. Simplemente las abejas desaparecen de las colmenas. Ha perdido la mitad de su rebaño sin que sus canas ni la ciencia le sepan decir por qué. «Les di dos colmenas enteras a los veterinarios de la Junta [de Extremadura] para que las analizaran: miel, cera, crías, abejas vivas, abejas muertas, reina, reina nueva... Y dicen que no encuentran nada extraño».

El inquietante mal es fulminante. «En un mes, dos como máximo, un enjambre que normalmente supera las 20.000 abejas se queda con 200 o 500. La colmena queda abocada a la desaparición», explica Ventura Gil, presidente de la Confederación de Cooperativas Apícolas de España.

El «síndrome de la desabejación», como se llama desde hace dos meses a la extraña epidemia de mortandad, comenzó cebándose con las colonias en Extremadura y Castilla León (Salamanca sobre todo) para extenderse después a Andalucía. Ya amenaza también a la Comunidad Valenciana. «Hay apicultores», explica Ventura Gil, «a los que se les ha muerto, literalmente, el 70% de las colmenas, aunque el problema no toca por igual. Algunos tienen dos colmenares afectados, otros 10 y otros todos».

-Es de los intestinos.

-Yo creo que es por la sequía.

-No, por la sequía no. En las colmenas tienen miel para sobrevivir.

-Va a ser de los herbicidas.

El miércoles al mediodía, un grupo de apicultores intercambiaban sus diagnósticos frente al Ministerio de Agricultura. Formaban parte de una concentración del sector (3.000 personas) que pedía ayuda ante la crisis. Entre otras promesas, lograron arrancar el compromiso de que se financiarán dos centros apícolas para que investiguen qué les está pasando a las abejas.

«El asunto es grave. Nos enfrentamos a lo desconocido». Habla Francisco Puerta, profesor de Zoología y director del Centro de Apicultura Ecológica de la Universidad de Córdoba, uno de los más prestigiosos del país. El experto cree que dar con las causas podría llevar tres años de trabajo. Mientras tanto, basándose en lo que hasta ahora se sabe, su equipo apunta algunas sospechas.«Meras hipótesis», advierte.

Así, podría ser algo infeccioso: que alguno de los seis virus que normalmente atacan a las abejas o un protozoo llamado nosema se estén manifestando con especial agresividad. Se mira también al cielo: un otoño de 2004 poco lluvioso ha hecho que su dieta disponga de menos polen de lo habitual y quizás su sistema inmune se esté resintiendo. Además podrían ser culpables o cómplices del asesinato masivo dos sustancias -fipronil e imidaclopride- presentes en los insecticidas que usan los agricultores. Productos elaborados con ellos se comercializan en más de 70 países y sólo en uno, Francia, están prohibidos.

El veto galo llegó en 1999, precisamente para salvar a las abejas.Los apicultores franceses denunciaron la toxicidad de estos insecticidas apoyados por estudios científicos que reconocían una relación directamente proporcional entre su utilización y la muerte de las abejas. Por entonces la apicultura francesa vivía una inquietud similar a la que ahora sobrevuela los enjambres españoles. En unos años los vecinos del Norte perdieron un 40% de sus colmenas.Si en 1994 tenían 1,5 millones, hoy les queda un millón.

Los insecticidas fueron también los responsables de la muerte, en 1999, de 14 millones de abejas en Chiva (Valencia). Hace un mes, la Justicia se pronunció al respecto: Reva, la empresa que fumigó las colmenas y acabó con ellas deberá indemnizar con 81.000 euros a los cuatro apicultores afectados.

La concentración del miércoles frente al Ministerio estuvo presidida por un lema: «La apicultura es necesaria e imprescindible. Garantizamos la polinización del medio ambiente». Es más o menos conocido que a la abeja se debe la miel, la cera, la jalea real, el polen, el propoleo (un antibiótico natural, antiviral y antihongos) y la apitoxina (un veneno eficaz para tratar el reuma, la artrosis o la psoriasis). Pero su misión más valiosa suele pasar desapercibida.Hasta Einstein vaticinó un negro futuro para el caso de que la abeja desapareciera de la faz de la tierra: «Al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres».

Para llenar un tarro de miel de medio kilo, las abejas han tenido que visitar 2,5 millones de flores. Son responsables del 80% de las polinizaciones y aumentan espectacularmente la producción de los cultivos que frecuentan. Un campo de girasoles, por ejemplo, da un 65% más si tiene abejas cerca. Algunos países incluso han traducido a euros su repercusión económica sobre la agricultura: 15.000 millones en el caso de EEUU y 2.000 en el de Francia.

A nivel europeo, España lidera el sector apícola. En número de colmenas: 2,4 millones. En apicultores: 26.000, de los que 6.000 son profesionales. Y en producción: 33 millones de kilos en 2003.Pese a la posición puntera, el negocio de la abeja no atraviesa su momento más dulce. Comenzó mal la temporada con una caída en picado de los precios de la miel (1,4 euros el kilo este año frente a 2,70 el pasado). Ha continuado con la apertura de nuestros mercados a la competencia de la miel china -estuvo vetada dos años porque en ella se detectaron restos de antibióticos- mucho más barata que la española. Y si nadie lo remedia, la muerte de las abejas, dicen los más pesimistas, será la puntilla.

Quedan horas para la llegada de la primavera y las colmenas deberían estar en plena actividad. Pero los apicultores las ven cada día menos concurridas. Ni siquiera saben dónde mueren sus abejas.Salen de la colmena en busca de polen o néctar y no vuelven más.

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