Muerte a Granel -
Una Grave amenaza para la fauna Texto: Luis Mario ArceEl FAPAS ha dado la alerta: El veneno vuelve a amenazar a los buitres en la comarca de los Picos de Europa. El SEPRONA corrobora esa impresión; el Parque Nacional la cuestiona. Con los datos disponibles, lo único cierto es que se siguen colocando cebos envenenados y que continúan muriendo animales por esta causa. Ahora bien, comparando el Oriente con el resto de la región, el problema se descentraliza; si, además, se considera la situación nacional, pierde entidad: Asturias es, hoy, una de las comunidades menos afectadas por esta práctica. En todo caso, la amenaza existe: El veneno circula libremente como componenete de productos agrícolas.
Las sustancias tóxicas presentes en productos agrícolas sustentan la colocación ilegal de cebos envenenados para eliminar predadores.
Es difícil seguirle la pista a los envenenadores. Las sustancias tóxicas forman parte de la composición de productos de uso rutinario en la agricultura, es decir, de adquisición frecuente y libre. «Sólo habría dos posibilidades: cogerlos con las manos en la masa o hacer seguimientos de sospechosos», comenta el fiscal de Medio Ambiente de Asturias, Joaquín de la Riva.Los organofosforados son el tipo mas usado por su alta eficacia en cantidades muy bajas
A su despacho llegan numerosos casos de fauna envenenada, pero en ninguno de ellos se ha podido probar la autoría. Son casos que se remiten al Juzgado correspondiente con la petición de sobreseimiento provisional. Sin autor, no existe causa.
Como medida precautoria. De la Riva propone «que no se puedan vender estas sustancias libremente y que se lleve un libro de registro». Existen controles, establecidos por los reales decretos 349/83, 162/91 y 443/94, pero son insuficientes y «no se cumplen», afirma Mauro Hernández Segovia, director del Laboratorio Forense de Vida Silvestre de Madrid, centro de referencia en esta problemática. Esa vigilancia depende de las administraciones autonómicas. El servicio de plagas de la Consejería de Medio Rural tiene la competencia en Asturias. Su responsable, Máximo Braña, indica que «los productos están registrados con sus condicionamientos de uso, los puntos de comercialización son objeto de inspecciones y las ventas de productos tóxicos quedan registradas en libros donde constan la identidad del comprador y su DNI». Nada de esto garantiza, sin embargo, que los productos con componentes tóxicos, sean destinados sólo a usos autorizados, ni que quien los compra tenga esa intención. «Cualquiera puede adquirirlos y hacer un uso inadecuado de ellos, lo mismo que quien compra cinco litros de lejía para su casa y luego los utiliza para pescar truchas. El uso depende de la responsabilidad de cada uno. Lo que hay que hacer es, al que se coja, cepillarlo», dice. «Concienciar a la gente y perseguir a quienes envenenen».
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Los venenos que se están utilizando para eliminar fauna son, sobre todo, organofosforados, sustancias como el carbofúrano o el aldicarb, «de toxicidad elevada en cantidades muy pequeñas, de tres y de una partes por millón, respectivamente. Un miligramo basta para matar a un ave de un kilo de peso. Son mucho más tóxicos que la estricnina -un "clásico", de venta autorizada en tiendas de productos químicos, actualmente de uso marginal- y más fáciles de conseguir», explica Mauro Hernán-dez. Ambos aparecen en productos fitosanitarios de uso común. El cianuro, encontrado en los análisis de animales envenenados en Asturias, es un componente de los raticidas
Dos osos y un águila real, entre los casos del último trienio en Asturias El aparente incremento en el uso de venenos que el FAPAS denuncia en el oriente de Asturias se basa en la localización de «unos 10 buitres envenenados» en los cinco últimos años, según expone el presidente de la organización, Roberto Hartasánchéz. No posee datos precisos, «porque nosotros comunicamos los hallazgos al Seprona». A su vez, el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil no tiene la información sectorializada, y no puede, por tanto, facilitara sin un arduo trabajo previo de clasificación. Su máximo responsable en Asturias, Luis Ángel Orga, resume que «no hay muchos casos de envenenamiento, no es algo problemático ahora mismo», si bien alude a dos osos afectados recientemente y, como el FAPAS, percibe que esta practica «parece subir en los Picos de Europa». La directora del parque nacional de los Picos, Victoria Delgado, no tiene la misma impresión. Sin embargo, el problema existe: en tos tres últimos años consta la muerte de 3 buitres, 2 perros y 1 zorro, por carbofurano, estricnina y cianuro -además, se encontraron otros 4 buitres probablemente envenenados y unos cebos con estricnina y paration-, y por otro lado, faltan elementos de comparación. «Hasta 1999 no se llevó un registro de mortalidad de fauna, aunque las personas que ya estaban aquí me hablan de casos muy aislados, y los que se recuerdan dieron negativo en los análisis».La Consejería de Medio Ambiente tampoco dispone de datos; se remite a los que obran en poder del fiscal de Medio Ambiente: 1 osó y 1 águila real comprobados -la rapaz había ingerido carne con carbofurano-, y 2 lobos, 5 zorros, 3 buitres y 1 busardo ratonero probablemente envenenados, entre 1999 y 2001, con una distribución geográfica amplia. «Además, guardo una comunicación del FAPAS sobre un buitre envenenado con estricnina en el parque nacional de los Picos, en 1999, otro en La Borbolla, en Llanes, ese mismo año, y alguno más con restos de arsénico», matiza Joaquín de la Riva.
Los daños de perros y lobos al ganado, causa principal de los envenenamientos La eliminación de depredadores, en general, y de lobos, zorros y perros asilvestrados, en particular, es el propósito de los venenos que se colocan en el monte. La causa, los daños de los carnívoros al ganado o a las especies cinegéticas. Aunque también hay quien esparce veneno confiando en que algún jabalí, omnívoro, lo devore y deje de destrozar sus prados y sus cultivos. «El uso depende de las zonas, pero lo normal es que se persiga eliminar depredadores», explica Mauro Hernández Segovia, director del Laboratorio Forense de Vida Silvestre. «En las zonas ganaderas, el objetivo son el lobo y los perros asilvestrados, que está España invadida de ellos y son respo-sables de muchos daños».Roberto Hartásánchez, presidente del PAPAS, es de la misma opinión. Su organización iniciara el próximo año un plan de control de perros en los 13 municipios de la Mancomunidad del Oriente, confiando en eliminar a los ejemplares asilvestrados y en limitar la presencia del resto en el monte, cómo forma de reducir los daños y de erradicar, finalmente, el uso del veneno. «Es un problema muy grave», dice Hartásánchez, quien señala la sierra del Cuera como uno de los espacios más conflictivos. Los perros asilvestrados son animales sin dueño, que se reproducen en el campo, viven en manadas y cazan como los lobos, con los que, de hecho, compiten por el alimento y el espacio. Pero son sólo parte del problema: muchos perros de los pueblos y de los propios pastores, que deambulan libremente por el monte, están detrás de matanzas de reses que, a menudo, acaba pagando el lobo.
Otras especies, como el zorro y los demás pequeños carnívoros, son perseguidas por su presión sobre la fauna cinegética; los córvidos y los roedores, por sus daños en las cosechas.
La conflictividad social de los cánidos genera el problema, pero el método no es selectivo y propaga la muerte de todos los carnívoros.
El sistema no sólo es ilegal, sino que altera la organización de los ecosistemas y, lo peor de todo, no selecciona a las víctimas. Cualquier animal que se alimente de carne es un receptor potencial de los cebos envenenados, y no solo de primera mano: las sustancias tóxicas persisten en el organismo, de modo que se transmiten a través de las redes tróficas. El lobo envenenado morirá antes o después y, en cualquier caso, su cadáver servirá de comida a los carroñeros: córvidos, buitres, zorros, jabalíes, otros lobos... que también morirán y serán devorados, transmitiendo el veneno hasta que su concentración deje de ser letal. Los que sobrevivan se verán afectados, por ejemplo, en su éxito reproductor. Esta cadena no excluye al ser humano.
«El veneno es un problema en aumento, se envenena cada vez más, en toda España», asegura Mauro Hernández, director del Laboratorio Forense de Vida Silvestre. Lo sabe bien: por las dependencias de dicho centro han pasado 5.623 animales envenenados desde 1990, 660 de ellos este año. Los perros asilvestrados encabezan la estadística (1.510), seguidos del buitre leonado (627), el milano real (489), el buitre negro (404) y el zorro (335). En el primer caso, el número refleja la dimensión de la población; en los del milano real y el buitre negro constituye una pérdida de ejemplares catastrófica. Aunque la situación más grave es la del águila imperial ibérica, que ha perdido 69 individuos en una década, sobre apenas 150 parejas. El veneno puede producir una secuencia de muertes aisladas, pero también mata en masa: el pasado marzo, más de 100 animales, en su mayoría aves rapaces, murieron envenenados en dos cotos de Segovia. |
Una batalla legal incipiente: sólo se han dictado cinco condenas, todas a partir de 1998 La colocación de cebos envenenados fue legal hasta 1984. Hoy es un delito recogido en el Código Penal, que establece penas de seis meses a dos años de prisión (y hasta cinco años en casos muy graves), acompañadas de la inhabilitación para la caza por un período de tres a ocho años. En España se han dictado sólo cinco sentencias condenatorias, y todas ellas en los tres últimos años; la más reciente, el pasado 10 de septiembre, cuando el Juzgado de lo penal número 5 de Mallorca condenó a un cazador a seis meses de prisión y a cuatro años de inhabilitación para la caza. La sentencia más sonada fue la que sentó el precedente nacional, en julio de 1998, condenando al empresario de calzado deportivo Paredes, que había sembrado de cebos su finca de Sucina, en Murcia. En 1999 hubo otros dos procedimientos condenatorios, en Ciudad Real y en Huesca, y en mayo de 2000 fue condenado el dueño de una finca cacereña. |
Asturias es, de momento, una de las comunidades menos afectadas por el incremento en el uso de venenos. Pero las cosas podrían cambiar y, en todo caso, no hay que perder de vista ese riesgo. En el pasado, el veneno campó por sus respetos. Se le atribuye, por ejemplo, la extinción del quebrantahuesos, hacia mediados del siglo XX. El águila real, el alimoche y el buitre leonado desaparecieron o disminuyeron de forma alarmante en muchas zonas por este motivo. Hay datos significativos que documentan esa relación. Así, en el caso del buitre, el FAPAS cita varias buitreras que quedaron desiertas por el uso de veneno, como las de Butril de Pegollos y Culiembro, en los años setenta, o que vieron muy mermada su colonia reproductora, como las de Estragüeña y Amuesa, en los primeros ochenta. Aun en el período 1982-1985 se sabe de, al menos, 6 buitres envenenados en Asturias. Después, durante una década, los envenenamientos se volvieron ocasionales, lo mismo que en el resto de España. En 1994 la alarma nacional volvió a encenderse. |
No todo el veneno que llega a la naturaleza ha sido introducido con propósitos ilícitos. Hay usos legales que también incorporan potentes tóxicos a las redes alimentarias. El DDT hoy prohibido- es el caso paradigmático: un desinsectador que diezmó a los halcones peregrinos en amplias zonas del Hemisferio Norte. Parte de los insectos fumigados acababa en el buche de las aves insectívoras y éstas, a su vez, en las garras del halcón. La rapaz moría envenenada o bien sufría alteraciones orgánicas que tenían como consecuencia una elevada mortalidad de embriones o hacían quebradiza la cáscara del huevo. El DDT y otros organoclorados están ahora prohibidos, pero les han sustituido los organofosforados. En África, cuartel de invernada de muchas de nuestras aves, se usan masivamente fertilizantes y plaguicidas, sin medida ni control de toxicidad. También los raticidas tienen su cuota de culpa: las campañas de desratización en los basureros parecen estar detrás de la disminución del alimoche. |
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Fuente: La Nueva España (9-12-2001)