EL LOBO

Retrato de un generalista

Revista: Veredas
Año 2 nº3 Julio-Septiembre 2000

Texto: Luis M. Barrientos Benito
Fotos: José-Elías Rodríguez, Luis M. Barrientos, Domingo Rivera Dios y B. Lequette. 

             

El enfrentamiento ha marcado siempre la convivencia entre el hombre y el lobo. La atracción de este depredador por el ganado lo convirtió en el gran enemigo a abatir. Sin embargo, en la actualidad no son los ganaderos la principal amenaza para el lobo. Los cazadores furtivos compiten en fiereza con carreteras e incendios forestales. Todo ello hace peligrar el futuro del canis lupus, otra de las especies necesariamente protegidas de la Península Ibérica.

El lobo es el mayor cánido que habita en el mundo, describiéndose 32 subespecies diferentes, de las cuales 9 han sido exterminadas por la fuerte presión humana. En la Península Ibérica tan solo existe la subespecie signaturs, que caracteriza a nuestros lobos por una mancha clara sobre el antifaz oscuro de la cara. Las líneas verticales oscuras en el frontal de las patas delanteras son también una señal genuina de nuestros lobos. El diseño del pelaje es de tonos pardos rojizos y de pardos grisáceos, dependiendo la variación fundamentalmente de la edad de los ejemplares.

El lobo Ibérico presenta un buen tamaño aunque sin llegar nunca al de los grandes ejemplares de las zonas holárticas.

La longitud de la cabeza y el cuerpo viene a ser en machos adultos de hasta 125 cm, la cola mide unos 40 cm, mientras que la altura en la cruz oscila entre los 70 y los 80 cm, siempre hablando de grandes ejemplares.

El peso suele ser muy engañoso y decepcionante para muchos cazadores que no dudan en otorgarle pesos de 60 ó 70 kilogramos, cuando la media oscila entre los 28 kilogramos de las hembras y los 34 kilogramos de los machos. Se han podido pesar los machos enormes que pesaban 44 y 46 kilogramos, aunque no es común que superen estas cifras.

El ciclo del lobo empieza allá por los meses de febrero y marzo, cuando los impresionantes aullidos anuncian el comienzo del celo. Tras dos meses de gestación, las lobas, que deberán tener al menos dos años para alcanzar la madurez sexual, por tres los machos, alumbrarán en la primavera una única camada compuesta generalmente por 5 ó 7 lobeznos, aunque hemos visto varias camadas inferiores y también otras superiores en número.

Los cachorros nacen en camas entre el matorral, en bocas agrandadas de otros animales e incluso en herbazales en zonas agrícolas. Estos dependen de la leche de la madre las cuatro primeras semanas de vida para después, paulatinamente, irla sustituyendo por carne regurgitada que les aportan sus congéneres u otros individuos (entre uno y cuatro), generalmente subadultos subordinados que viven con la manada, cooperando en el cuidado y manutención de la prole.

A medida que van creciendo, los cachorros pasan cada vez más tiempo solos, siendo más vulnerables ante sus predadores.

Solamente el hombre puede ser considerado como enemigo reconocido de los lobos adultos, aunque los cachorros podrían ser muertos por jabalíes, perros y águilas reales ante la ausencia de sus progenitores.

Con tres meses los cachorros ya pueden cazar los primeros ratones y topillos y con dos meses más acompañan ya a sus padres a partidas de caza sobre especies cinegéticas o contra el ganado doméstico que duerme en los corrales.

A partir del sexto mes comienza el deambular de los lobatos buscando nuevos territorios donde establecerse, aunque algunos ejemplares permanecerán en los territorios de sus progenitores operando con ellos.

LA AMENAZA HUMANA

Durante el primer año se produce una gran debacle entre los lobos, muriendo debido a su inexperiencia un altor porcentaje a manos del hombre. El lobo se encuentra parcialmente protegido en la Península, siendo especie cinegética aunque con restricciones en las regiones del norte (Galicia, Castilla y León, Asturias, Cantabria y La Rioja), mientras que en Euskadi es duramente combatido siempre que se tiene constancia de su presencia.

Por el contrario, al sur del río Duero el lobo se encuentra totalmente protegido, encontrándose solamente presente de manera estable en algunas zonas de Castilla y León, pudiendo sobrevivir todavía algunos ejemplares en Castilla la Mancha y Andalucía.

Pese a ello, el lobo continúa siendo muy combatido furtivamente en aquellas zonas donde sobrevive. Sobre 100 lobos muertos que tuvimos conocimiento en la comarca de Tierra de Campos de Castilla y León durante once años, 68 fueron abatidos clandestinamente, casi todos por armas de fuego, 13 murieron accidentalmente, en la mayor parte de las ocasiones atropellados en carreteras de intenso tráfico o autovías, mientras que tan sólo 18 fueron abatido legalmente en el trascurso de cacerías autorizadas.

En muchos casos, el detonante que enciende la animadversión del hombre hacia el lobo viene dado por los ataques sobre la cabaña ganadera. La Administración sigue sin comprometerse a compensar económicamente a los afectados por los ataques de los lobos y éstos deciden en muchas ocasiones tomarse la justicia por su mano. Las pérdidas, aunque cuantiosas (unos 120 millones de pesetas), deberían ser perfectamente asumibles para las diferentes administraciones que no demuestran sabes o querer solucionar este grave problema.

LA ADAPTACIÓN AL HÁBITAT

Además del ganado que mata el lobo, éste también depreda sobre otras especies silvestres, desde grandes herbívoros como el ciervo, corzo y jabalí, hasta pequeños micromamíferos, pasando por carnívoros como el zorro o el perro y lagomorfos como el conejo y la liebre.

El lobo es un generalista que basa su conducta trófica en la abundancia o no de presas, adaptando sus pautas predatorias a las características del hábitat y de sus presas. En condiciones normales, regula las densidades de las especies consumidoras incidiendo fundamentalmente sobre individuos jóvenes, enfermos o peor dotados físicamente. Aún así, el mayor consumo del lobo se lo proporcionan las carroñas de ganado doméstico que todavía encuentra en los campos. Las carroñas hacen que el lobo pase desapercibido, pues como hemos visto en diferentes zonas su consumo hace que disminuya la incidencia sobre la cabaña ganadera. Esta gran adaptabilidad es también extensible a la utilización del hábitat, pudiendo asentarse en cualquier espacio por muy humanizado que se encuentre, siempre que en él encuentre comida y tranquilidad necesaria. Ya lo dice un viejo refrán de tierras loberas alisteñas " No hay un lobo en cada mata, sino que está donde menos se percata".

Pese a su gran polivalencia, muchos son los peligros con los que cuenta para que no se resientan sus poblaciones. De una parte, la masificación de autovías que se están construyendo principalmente en Castilla y León, cuyo trazado distorsionará los territorios y la comunicación de las diferentes poblaciones lobunas.

Por otra parte, la destrucción del hábitat, representada en los incendios forestales de gran magnitud y la explotación masiva de montes para diferentes usos selvícolas, ganaderos o cinegéticos.

Y por último, la desaparición de basureros y muladares provocará una mayor incidencia del lobo sobre la cabaña ganadera, repercutiendo muy negativamente en la especie.

Adoptar soluciones a los variados problemas que padece y genera deberá ser tarea ineludible para las diferentes administraciones regionales que todavía tienen el privilegio de contar con una de las últimas joyas faunísticas de Europa.

Revista: Veredas
Año 2 nº3 Julio-Septiembre 2000

(El lobo - Fapas)

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