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Algunos de los lobos que han colonizado recientemente zonas de Castilla y León situadas al sur del Duero han optado por instalarse en terrenos dedicados al cultivo de cereales, a veces salpicados por bosquetes en forma de isla ( foto: José Luis Gómez de Francisco) |
Analizar el estado de las poblaciones de lobo en Castilla y León es como avanzar un diagnóstico de la especie en el conjunto de España, pues en esta enorme comunidad autónoma se concentra la mayor parte de sus efectivos. Según los datos disponibles, las poblaciones de lobo parecen estar incrementándose en algunas provincias, pero la falta de alimento, el aislamiento genético, la caza furtiva y la destrucción del hábitat pueden invertir la tendencia en los próximos años. En este artículo se comentan los factores más relevantes, tanto positivos como negativos, para el futuro del lobo.
Geográfica y socialmente, Castilla y León tiene dos características del todo contrapuestas: con sus 94.147 kilómetros cuadrados, es la comunidad autónoma con mayor superficie territorial y, al mismo tiempo, ocupa los últimos lugares en cuanto a densidad de población del Estado español, apenas 27 habitantes por kilómetro cuadrado, tres veces inferior a la media nacional. Sobre este inmenso mosaico se asienta la mayor población de lobo ( Canis lupus signatus) de la península Ibérica, según afirman diferentes autores.
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El lobo es una especie oportunista que puede alimentarse tanto de presas silvestres como de ganado y carroña. Allí donde muladares y vertederos cubran sus necesidades, serán menores los ataques a rebaños y a especies cinegéticas (foto: Jorge Sierra) |
Durante el siglo XIX y comienzos el XX, el lobo debió ser muy común en toda la región. Solamente en Valladolid, una provincia con escasa tradición lobera, las arcas municipales gratificaron la muerte de 222 lobos entre los años 1845 y 1849, aunque la cifra real sería aún mayor si tenemos en cuenta que posiblemente no todos los ejemplares abatidos fueron localizados y trasladados para cobrar las recompensas.
Esta tenaz persecución pudo ser la causa principal que hizo desaparecer al lobo de buena parte de Castilla y León. Más recientemente, en 1979, sólo se estimó la existencia de entre 37 y 49 grupos reproductores en toda la región, aunque diez años después, en 1989, el número aumentó hasta los 159 grupos, tres veces mayor que en el estudio anterior. ¿ Cómo ha sido posible este extraordinario aumento de población en tan corto espacio de tiempo? Pensamos que, aunque parece evidente que el lobo ha aumentado de forma generalizada en número y área de distribución con respecto a los años setenta en el conjunto de la región, los esfuerzos destinados a su estudio son ahora mucho mayores que antes. Por dicho motivo, el cálculo para el número de lobos en 1979 se nos antoja infraestimado, si bien el método general empleado en el estudio de 1989 consiste en la valoración de encuestas locales y no induce a pensar que los resultados obtenidos podrían no ser del todo precisos, pues influye la fiabilidad que se quiera dar a las personas entrevistadas y la posterior interpretación de la información recibida. Así, puede ocurrir que una camada de lobos pase desapercibida al encuestado o que un mismo grupo sea considerado como diferente en varias zonas distintas. De hecho, es común entre los lobos cambiar el territorio de cría y trasladar a los cachorros, sobre todo en los grupos que habitan en espacios agrícolas. Sin irnos demasiado lejos, dos grupos familiares observados por mí durante el verano de 1999 desplazaron a la camada cinco y ocho kilómetros durante los tres primeros meses de vida de los cachorros, debido a la cosecha del cereal donde se ocultaban.
También otros dos grupos modificaron sus lugares de cría de un año para otro en 11 y 24 kilómetros respectivamente, después de deambular durante cuatro años por territorios diferentes. En estos dos últimos casos pienso que fue la escasez de aliento lo que provocó dicha migración.
Generalmente se da mucha mayor importancia y es más comentado el hecho de que aparezcan nuevos grupos de lobos que las noticias sobre su disminución o desaparición en zonas donde se da por segura su presencia. De este modo, puede ocurrir que estemos incrementando de forma artificial las estimaciones sobre la densidad demográfica de la especie, aunque vuelvo a repetir que el incremento del lobo parece evidente en el conjunto de la región durante los últimos veinte años.
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Aunque a veces se ven individuos solitarios, los lobos son animales sociales que viven integrados en grupos familiares formados por una media de ocho integrantes, entre machos, hembras y jóvenes ( foto: José Luis Gómez de Francisco) |
La recuperación demográfica parece estar produciéndose principalmente en aquellas zonas donde la especie mantenía densidades bajas o esta ausente. Un ejemplo pude ser la provincia de Valladolid, donde los efectivos de lobo han pasado de un solo grupo reproductor en 1975, a contar con al menos ocho en 1998. En otros lugares con larga tradición lobera, como las sierras de la Culebra y la Carballeda, en Zamora, el lobo mantienen unos niveles demográficos similares de unos años para otros.
No obstante, esta evolución demográfica no ha de ser tomada como una generalidad, puesto que no en todas las zonas de la región se dan las mismas circunstancias.
Por ejemplo, la situación del lobo en Salamanca parece ser mucho más precaria que hace veinte años. Tampoco creemos que el visible aumento registrado por el lobo en lugares donde es poco conflictivo sea similar al de aquellas zonas donde entabla mayores contiendas con el hombre. En el proceso expansivo, los espacios vacíos (generalmente terrenos agrícolas de uso extensivo) van siendo ocupados por los lobos de forma lenta pero escalonada, como si siguieran un patrón definido que establece unas distancias mínimas de tolerancia entre los diferentes grupos reproductores.
Dicha distancia suele ser de unos ocho kilómetros en zonas de alta densidad de lobos, como los bosques situados al pie de las sierras, y de doce donde la especie es más escasa, como ocurre en los terrenos agrícolas. Es difícil que dos grupos de lobos se distancien para criar muchos más kilómetros de los ya indicados. Esta agrupación de las manadas demuestra en sí el carácter social del lobo y puede ser un indicio del cooperativismo en la caza, un indicador de la abundancia de alimento o incluso una respuesta a la necesidad de emparejarse ante casos de elevada mortalidad. En algunas zonas es habitual ver que diferentes grupos de lobos se instalan en territorios periféricos a grandes núcleos rurales donde encuentran abundantes carroñas y basuras para alimentarse, e incluso pueden explotar de forma conjunta el mismo muladar.
Creemos que los factores relacionados con la distancia, es decir, con la proximidad o lejanía respeto a las poblaciones de lobos que pueden actuar como fuente, son vitales para mantener grupos estables de lobos. De hecho, la provincia de Valladolid presenta en principio unas condiciones de habitabilidad mucho más atípicas para el establecimiento de lobos que otras como Salamanca, Segovia o Ávila. Sin embargo, los lobos asentados en Valladolid se encuentran muy próximos y, por lo tanto, están comunicados con ellos, a los principales núcleos de Zamora, Palencia, León o Burgos, mientras que los lobos de las otras provincias están mucho más alejados y es más difícil la conexión. En resumen, el lobo se encuentra hoy en una situación muy diferente en cada una de las nueve provincias que forman Castilla y León, como veremos ahora.
EL LOBO PROVINCIA POR PROVINCIA
En la provincia de Zamora el lobo es abundante al norte del río Duero, especialmente en la comarcas de Aliste, Sanabria y Carballeda. Estas poblaciones están comunicadas con las del norte de Portugal, donde la especies es también muy común. En el año 1997 se estimó un mínimo de 35 grupos reproductores para toda la provincia.
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Lobo a la carrera en un paisaje agostado. El trote sostenido del lobo le permite cubrir grandes distancias en un sólo día (foto: Domingo Rivera Dios) |
En León, el lobo está presente en la mayor parte de su territorio y únicamente escasea en algunas zonas del Bierzo y los Oteros. En los últimos años se ha establecido en plena comarca de Tierra de Campos.
En Palencia sólo pequeñas zonas de la comarca de Tierra de Campos podrían quedar fuera de los dominios del lobo, que ha colonizado terrenos agrícolas junto a la provincia de Valladolid durante los últimos años. Esta población se comunica por el norte con los lobos de Cantabria, donde son muy duramente combatidos dada su conflictividad con el ganado.
El lobo es común también en Burgos y en los últimos años se ha apreciado su expansión hacia el sur y el sureste, en dirección a las provincias de Soria y Segovia. Por el norte se interna habitualmente en Cantabria y el País Vasco. Los ganaderos vascos organizan reiteradas batidas para exterminar al lobo, dad su aparente incompatibilidad con los rebaños.
En cuanto a la provincia de Valladolid, las poblaciones de lobos se han incrementado durante los últimos veinticinco años. En 1998 se detectaron ocho grupos reproductores seguros e incluso ha colonizado algunas zonas del sur y se ha internado en las provincias vecinas de Segovia y Ávila.
En Soria el lobo está presente en los sistemas montañosos del norte, limítrofes con Burgos y La Rioja, donde también es muy perseguido. Mientras que en el sur se encuentra en los montes próximos a la capital y junto a los límites provinciales con Segovia y Guadalajara.
En Segovia se ha constatado la presencia habitual de lobos en una amplia zona que va desde los pinares de Cuellar hasta la autovía que une Burgos con Madrid. Llega incluso hasta el puerto de Somosierra, donde ya tuvimos noticias del posible abatimiento de cinco ejemplares en año 1992.
En Salamanca la especie se encuentra de forma habitual únicamente en una amplia franja al norte, que limita con Zamora.
También se observan ejemplares en el extremo suroccidental, procedentes de Portugal. Durante un censo, realizado en 1998, no se constató la existencia de ningún grupo reproductor. Por último, el lobo está ausente en la práctica totalidad de la provincia de Ávila y solamente se constata su presencia ocasional al norte, en la comarca de Arévalo. Sin embargo, hay observaciones confusas sobre individuos detectados recientemente en la periferia de la sierra de Gredos.
FACTORES A FAVOR DEL LOBO.
La fuerte persecución humana fue la causa principal que provocó la desaparición del lobo en tres cuartas partes de España entre 1900 y 1970. No obstan5te, una serie de factores favorables ya indicados en otros estudios, unidos a la alta capacidad de esta especie para alumbrar un gran número de cachorros ( he observado camadas de hasta diez crías), así como su carácter generalista, confieren al lobo una gran adaptación al hábitat y a los recursos alimenticios disponibles, de manera que han propiciado la recuperación demográfica que se registró a mediados de los años setenta. Repasaremos a continuación dichos factores positivos que contribuyen a la expansión y al aumento del lobo.
Un primer factor a considerar es el llamado éxodo rural. A comienzos de los años setenta se produjo una migración masiva de la población rural hacia las ciudades, en busca de una mejor calidad de vida. Solamente entre 1950 y 1970, Castilla y León perdió cerca de un millón de habitantes, con uno de los mayores índices de envejecimiento de todo el país. Paralelamente se redujeron las actividades agrícolas, ganaderas y forestales, de manera que los bosques y los campos adquirieron la densidad y la tranquilidad necesaria para el asentamiento de la fauna silvestre, incluido el lobo.
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Foto documental de un lobo sorprendido en un cultivo de cereales en la provincia de Valladolid ( foto: Luis Mariano Barrientos) |
Este es precisamente el segundo factor positivo, el espesamiento y el aumento de la vegetación natural. En parte a consecuencia del abandono humano, las masas arbóreas adquirieron una mayor frondosidad, que se reflejó también en el aumento de la superficie ocupada por el matorral.
Dicha regeneración se vio favorecida pro las Administraciones públicas, con el resultado de una masiva plantación de coníferas que dificultó no solamente el pastero sino también las actividades de cazadores y alimañeros en contra de los lobos.
En parte como consecuencia de los dos factores anteriores, pero también debido a las campañas de reintroducción por parte del Gobierno regional en las reservas de caza, el aumento de grandes ungulados silvestres supuso una mayor cantidad de biomasa disponible para los lobos, lo que redujo los ataques al ganado.
La marginación de la región sería el cuarto factor a resaltar. Castilla y León tiene un escaso peso en el conjunto de la economía española, lo que ha provocado la marginación estatal en cuanto a inversiones destinadas a fomentar su desarrollo. Un buen ejemplo de ello son las infraestructuras de comunicación, que hasta hace poco tiempo eran muy precarias y apenas interferían en los desplazamientos de diferentes especies, lo que permitía al lobo la rápida colonización de nuevos territorios y la comunicación entre las diferentes manadas.
En España, el lobo se encuentra presente sobre todo en las regiones más pobres, mientras que ha desparecido de las más prósperas. En el resto del continente ha seguido un proceso similar, de manera que casi se ha extinguido en la industrializada Europa central y es todavía muy abundante en los precarios países del este.
Las labores de sensibilización social también han jugado un papel relevante. El gran poder de comunicación del malogrado naturalista Félix de la Fuente fue la catalogación del lobo como pieza de caza.
El lobo pasó a formar parte de las especies cinegéticas en el año 1970, lo que curiosamente favoreció su protección al reducirse el periodo hábil de captura y quedar excluido de la lista de alimañas.
Por último, los cambios recientes que ha sufrido el medio rural merecen un comentario aparte, concretamente el aumento de los métodos de explotación masivos en agricultura y ganadería. Con el paso de los años ha ido mejorando la eficacia de la maquinaria agrícola, al tiempo que se modificaron algunos usos agrarios en busca de un incremento de la productividad. Este es el caso de la mecanización de los sistemas de siembra y cosecha. Pese a que, en principio, pueda parecer un factor más perjudicial que beneficioso para el lobo, especialmente durante la cosecha del cereal ( cuyo periodo coincide con la crianza de los cachorros), lo cierto es que las máquinas reducen en gran medida la presencia física de personal humano, aunque también es cierto que aceleran el tiempo destinado a la cosecha y a veces facilitan la detección de camadas.
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El autor de este artículo, Luis Mariano Barrientos, transporta un lobo abatido por cazadores furtivos en la comarca del Cerrato, al sur de Palencia. |
Dentro también de este apartado habría que citar el aumento de los cultivos tardíos y frondosos. Principalmente a raíz de la entrada de España en la Comunidad Europea, fueron incentivados algunos cultivos agrícolas hasta entonces poco extendidos en Castilla y León, como el maíz y el girasol, lo que incremento notablemente su siembra al socaire de las subvenciones. El rápido crecimiento de estos cultivos, unido a su frondosidad y a lo tardío de su cosecha, ha favorecido el ocultamiento del lobo, principalmente en aquellas zonas agrícolas donde apenas existen superficies arboladas que le permitan protegerse de la presión humana una vez recogido el cereal.
El incremento de las granjas ganaderas también ha tenido su influencia. A pesar de que el éxodo rural hizo que se redujera notablemente el número de cabezas de ganado ovino de seis millones en 1960 a casi cuatro en 1985, se incrementó sin embargo la producción estabulada en grajas, principalmente de bovino y porcino.
Dicha estabulación acarrea una mayor mortandad del ganado, cuyos cadáveres son abandonados en el campo y sirven de complemento e incluso de sostén alimenticio a muchos grupos de lobos, principalmente aquellos que habitan en zonas altamente humanizadas y se enfrentan a la escasez de presas de gran porte. De hecho, el reciente establecimiento de lobos en terrenos agrícolas es una consecuencia inmediata de la abundancia de carroñas de ganado en estas zonas y, por tanto, de la menor presión a la que les somete el hombre cuando no ocasionan conflictos.
El consumo de carroñas, además de proporcionar al lobo una importante cantidad de alimento a cambio de un gasto energético mínimo, permite que pueda pasar desapercibido al reducir sus actividades por terrenos despejados en busca de presas y también disminuye de forma relevante su incidencia sobre la cabaña ganadera.
Por Luis Mariano Barrientos
QUERCUS nº 176 Octubre 2000