EL TEXU EN LA ESCUELA

Entre los indios norteamericanos el tejo era considerado "jefe de los árboles" y parecido honor tuvieron el tejo japonés y el europeo en sus respectivas culturas, sin que sepamos a ciencia cierta si tal consideración era un reconocimiento a su asombrosa longevidad o a la perpetua juventud de sus ramas siempre verdes. Una leyenda americana cuenta como la Osa Mayor, la Osa Menor y todos los animales del firmamento subieron desde la tierra a lomos de una flecha disparada con un arco de tejo. Estas y un sinfín de otras leyendas relacionadas con nuestro árbol, podemos encontrarlas en todos los territorios en los que llegó a enraizar, incluso en aquellos en los que tan solo se conserva la memoria de este árbol, en continuo retroceso a causa principalmente de la presión humana que lo ha llevado al borde la extinción en regiones enteras. En Asturias podemos rastrear innumerables prácticas y costumbres alrededor del tejo que constituyen una parte esencial de su legado. Una memoria que los propios alumnos podrían recoger o recibir, en el marco de un proyecto educativo vital, apasionante, integral.

Plantar un árbol, máxime cuando se trata de una especie tan significativa y longeva, no es tan solo una acción plena de connotaciones positivas para nuestro entorno local y global. Ciertamente constituye en si misma una actividad regeneradora, de un enorme valor práctico y simbólico.

Pero además, este evento tan sencillo como saludable, puede ser un excelente punto de partida para un proyecto educativo de alcance que aquí esbozamos como propuesta. Se trata de acercar la escuela a la naturaleza y al mundo tradicional.

Solo hay un momento oportuno para sembrar, es el presente. Un simple vivero puede ser el primer paso de un largo camino hacia la comprensión del mundo que nos rodea. Su creación y mantenimiento son en si un fin y un medio. Los arbolitos que se obtengan completarán el proyecto ayudando a restaurar el entorno (ya sea reponiendo los viejos árboles de la zona, repoblando terrenos que lo necesiten y/o regalando plantones a quien lo solicite). En un proceso continuado que estaría basado en la cooperación y la transmisión (del propio vivero, de los conocimientos adquiridos, del proyecto global, etc.) a las sucesivas generaciones/cursos del centro.

Desde este punto de partida podemos:

- Fomentar el conocimiento y el amor hacia los árboles, la naturaleza y el paisaje. Ahondar en los significados del árbol y otros seres en nuestro entorno inmediato y planetario, estudiar sus relaciones con otros seres.

- Involucrar a los alumnos en la cultura y la tradición, asumiendo algunos compromisos (viveros, repoblación, investigación, recopilación de folklore, costumbres y conocimientos locales...).

Todos los puntos de este proyecto pueden ser asumidos en diferentes niveles por niños desde preescolar hasta el instituto, en la ciudad y en el medio rural. Como ejemplo del alcance que podría tener este plan, proponemos una actividad sencilla para alumnos de secundaria:

- Elegir cuidadosamente un lugar en la escuela u otro lugar cercano para plantar un árbol. Pedir los permisos necesarios y plantarlo en la época adecuada.

- Diseñar una placa o cartel como una sonda hacia el futuro, que debería enviar información sobre el árbol, la fecha de plantación, etc. Un mensaje para quienes estarán al pie de este árbol dentro de un milenio. El diseño debería incluir materiales, contenido, símbolos, gráficas,...

- Reflexionar sobre las posibilidades de que este árbol alcance el milenio y sobre nuestras posibilidades de futuro. ¿Quién podría leerlo?, ¿En qué idioma?, ¿Cómo será la vida en la Tierra?, ¿Qué imagen tendrán de nuestro tiempo?.

- Desarrollar el sentido de futuro. Qué tamaño tendrá nuestro árbol cuando tengamos 80 años, qué habrá cambiado a su alrededor. Recogemos vida e información del pasado, enviamos hacia el futuro vida e información.

- Reflexionar e investigar sobre la idea de transmisión, sucesión, herencia, legado.


Texto: Ignacio Abella
Dibujos: Ignacio Abella y Fernando Fueyo
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