El lobo en Galicia

EL LOBO EN GALICIA
Las pasiones y las razones

REVISTA "VEREDAS"
Año 3 nº 5 Enero-Marzo 2001-02-19

Xavier Vázquez Pumariño

        

Escribir sobre una especie como el lobo (Canis lupus) es tratar de describir un infinito laberinto de pasiones encontradas en el que el actor puede primar sobre la ponderación. No es un animal como otro cualquiera y ésto viene determinado por su condición de superdepredador: en toda su área de distribución el lobo competía, y aún lo sigue haciendo, con el hombre por determinados recursos, las proteínas que aportan la fauna silvestre o el ganado a la dieta. Así, desde la noche de los tiempos se han generado todo tipo de leyendas, cuentos y tradiciones hasta crear un mito vivo en múltiples culturas, mito que se mueve entre el odio al competidor y la admiración que todo rival poderoso despierta.

Esto motiva que hoy en día podamos encontrar posturas radicalmente opuestas entre la población: desde el ganadero furibundo, hasta el conservacionista más alejado de la realidad de nuestros campos.

No es, en cambio, gratuito considerar seriamente la imagen que se tiene de los lobos: ni es un bonachón e inteligente ser, ni es un asesino despiadado (cualidades éstas exclusivas de los humanos), sino más bien todo lo contrario. El lobo tiene un área de distribución amplísima, prácticamente todo el hemisferio norte, por lo que la variedad de ambientes en los que sobrevive es impresionante: desde áridos desiertos, pasando por heladas tundras, bosques, páramos y áreas francamente humanizadas, como es el caso de Galicia. Así, su dieta y su ecología varían tanto que es absurda la simplificación de su historia natural a una única imagen.

Fruto de este eclecticismo, o consecuencia de él, es la existencia de distintas subespecies. En la Península Ibérica habita la especie Canis lupus signatus, que antiguamente ocupaba la totalidad de la Península y vive relegada actualmente al cuadrante noroccidental y a algunos puntos aislados al sur del río Duero, de tal modo que la mayor parte de los lobos de España se encuentran en Galicia y Castilla y León.

De la población lobuna gallega pueden destacarse varias cuestiones. La primera es que una población que vive en un hábitat intensamente humanizado y con una población muy dispersa por el territorio, lo que le obliga a convivir estrechamente con el hombre, con lo que la imagen idílica de la manada de lobos campeando por territorios vírgenes es totalmente inexacta.

Discreción y plasticidad en su comportamiento son la clave para explica su supervivencia en un medio, en principio desfavorable, Tan sólo en principio porque un análisis más objetivo nos revela que , precisamente la elevada diversidad de ambientes en el medio rural gallego puede ser suficiente para pasar desapercibido. La otra pieza clave son los recursos tróficos. De nuevo la imagen idealizada de la manada de lobos cazando grandes ungulados silvestres puede ser desechada. La heterogeneidad de sus hábitos es, una vez más, la clave: los lobos son capaces de aprovechar la gran fuente de alimento que suponen los múltiples vertederos existentes, los desechos de mataderos, presas silvestres como corzos, abundante en muchos lugares y, por supuesto, el ganado doméstico. Es este punto, los ataques al ganado, donde se cruzan precisamente de manera trágica las vidas de hombre y lobos.

En los montes gallegos existe una gran cabaña ganadera que pasta en régimen de semilibertad. Las áreas montañosas, desde la costa hasta el interior más agreste, acogen a multitud de caballos y vacas, que son una pieza fundamental en el funcionamiento ecológico de estas áreas. En otros lugares todavía se mantienen rebaños de ovejas y ganado vacuno de forma familiar y semiextensiva, aunque esta práctica, desaparecer. En determinados momentos del año, especialmente en otoño, los grupos familiares atacan rebaños y causan daños que se traducen en pérdidas económicas que generan malestar y se pueden traducir en solicitudes de batidas a la administración, batidas furtivas o, incluso, en la colocación de cebos envenenados y otras formas de caza ilegal.

Actualmente, el lobo está considerado una pieza cinegética de caza mayor por lo que los usuarios de los cotos de caza donde se producen los ataques, son los responsables de indemnizar a aquellos que tienen pérdidas pro las actividades de las piezas de caza. Obviamente, es este un extremo que nunca se cumple. No obstante, si los ataques se producen en áreas protegidas o Reservas Nacionales de Caza, es la Administración la encargada de las indemnizaciones.

Parece claro que se debe buscar una solución con la que no se haga cargar a un determinado colectivo con los gastos de mantenimiento de una especie que es patrimonio de todos. Como, en definitiva, estamos hablando de gastos que no sobrepasan los diez millones de pesetas, sería muy fácil para la Administración asumirlos y evitar este punto conflictivo. Obviamente, esto debería ir acompañado de campañas de sensibilización.

No obstante, podemos decir que la ignorancia es la principal amenaza para la especie. Resulta paradójico que no se conozca prácticamente nada sobre muchos aspectos de esta especie, empezando por lo más básico: cuántos lobos hay. Al margen de algunas aproximaciones realizadas por aficionados no sabemos cuántos hay porque apenas se ha estudiado.

Consecuencia de esto es que tampoco podemos asegurar nada de sus tendencias poblacionales, es decir, si la especie está en decadencia, como indican algunos, o en aumento, como apuntan otros o, por el contrario, se mantiene estable. Apenas conocemos algunos datos acerca de su área de distribución que posiblemente se esté encogiendo, a las zonas donde se producen más ataques y de sus preferencias alimenticias. Esta escandalosa situación impide tener una posición clara respecto a un hipotético plan de gestión de la especie, tanto por partes de ganaderos y asociaciones ecologistas, como de la Administración. Es responsabilidad de esta última asumir sus competencias y obligaciones.

Mientras, múltiples amenazas se ciernen sobre la especie. Por ejemplo, la construcción de autovías y otros medios de comunicación, sin las pertinentes actuaciones de corrección de impacto para la especie, puede aislar distintas poblaciones y sumirlas en un agujero genético y ecológico. El furtivismo, por escopeta o por veneno, puede tener consecuencias desastrosas en muchos casos. Otros hechos, que son silenciosos y lentos, como el abandono de la ganadería tradicional sustituida por actividades de dudosa rentabilidad, pueden afectar también muy negativamente a la especie.

La elaboración de un censo exhaustivo y el monitoreo de las poblaciones es una base inexcusable para establecer de una vez por todas un plan de gestión de la especie que garantice, por un lado, su conservación y, por otro, que ningún colectivo pierda con la existencia de este animal que lleva conviviendo milenios con el hombre.


(El lobo - Fapas)

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