CUADERNO DEL TEXU


Nacido en el monte a un campo sagrado yo fui trasplantado.
Cuando tú eras sabio, yo era un rey, monarca de bosques, patriarca de astures y cántabros,un dios en Irlanda, en Escocia y Bretaña.
Cuando amabas tu tierra, yo era el centro de todos sus centros,
escuchaba a los hombres, deba de comer de mis rojos frutos a niños y pájaros.
Y a mi alrededor la felicidad brotaba.
Cuando yo era ramo bendije tu tierra, yo fui un mensaje de amor en el dintel de tu novia.
Yo declaré mi pasión a la tierra.
Yo era promesa de eterno recuerdo, sobre el ataud de tu ser querido, al fin caí en el olvido.
Cuando yo me muera, casi sin darte cuenta me echarás de menos.
Te faltará algo irreemplazable y ni siquiera sabrás qué.
Habrás de esperar cien años para recuperarme.
Comprenderás entonces. La antigüedad no es un valor que se improvisa.
Crece poco a poco, como la sabiduría e igual que la vida se pierde de una vez.
Por eso debes recobrar urgentemente nuestra salud.
Pero no pienses que hablo por nosotros. Es por ti y vuestro futuro que nuestro fin nos asusta.

El Texu L'Iglesia.


La vieja costumbre de plantar el tejo junto a la casería, la iglesia o la ermita, continúa aquí viva como una reliquia de remotos tiempos. Los asturianos, al igual que otros pueblos vecinos, han permanecido fieles a este árbol de la vida alrededor del cual se organizaba la sociedad y el territorio.

Podríamos estimar el valor de un tejo en los cientos y cientos de años que vivió hasta este día. En las generaciones humanas que conocerán al árbol que plantamos ahora y con suerte llegará a ser milenario. Podríamos entenderlo también como símbolo de todo un pueblo y una cultura que brotó vinculada al árbol y a la naturaleza, a la tradición.

Pero antes de nada nos gustaría recordar aquí su significado como punto de encuentro y reunión de vecinos, lugar sagrado en el que se hacía la asamblea, la ley y la fiesta. Emblema, lugar común, legado vivo que debemos conservar, regenerar y transmitir íntegramente a las futuras generaciones.

Sin embargo, la situación de los tejos silvestres y cultivados contrasta con el reconocimiento que tienen aún en nuestra memoria. Es cierto que los seguimos plantando en los lugares más significativos, pero hemos olvidado cómo cuidarlos y una gran parte de los que sobreviven junto a las iglesias están enfermos o moribundos. La reconstrucción de los edificios cercanos, el asfalto a sus pies y otras calamidades están dañando gravemente a estos ancianos. En la última década han envejecido siglos y de proseguir la tendencia, en unos pocos años serán solo un recuerdo. Por su parte, los tejos silvestres no lo tienen mucho mejor pese a su consideración de especie protegida. El intenso ramoneo de los animales salvajes y domésticos y el fuego impiden su regeneración y cuando al fin se logra un arbolito en el monte, sucede con frecuencia que es arrancado para plantarlo junto a las casas o en la ermita vecina. De este modo las escasas poblaciones de tejos degeneran y envejecen. Todos estos problemas para su conservación, nos hacen pensar que es necesario una protección decidida y urgente.

Aquí encontrarás algunas ideas para cuidar y reproducir los tejos. Cada uno en su casa, en grupo o en la escuela, puede formar un pequeño vivero para obtener las plantas que necesite e incluso regalar a los amigos, vender en el mercau o repoblar.

Si queremos seguir disfrutando de este árbol magnífico en nuestros montes y continuar con esa hermosa tradición, tenemos que preparar sucesores para los tejos más viejos y perpetuar la sabia costumbre junto a los templos y en las caserías, sin que por ello las poblaciones silvestres se vean comprometidas. Deberemos también ahondar aún en todos los significados del tejo y es posible que tras este comienzo decidamos ampliar con el tiempo nuestro vivero. De cualquier forma, con este árbol iniciamos un camino que prolonga la vida mucho más allá de nosotros mismos. El espléndido regalo que recibimos de nuestros antepasados y de la propia naturaleza, debe seguir su curso hacia el futuro. Quizá sea éste también un buen momento para inventar otras excusas y reunirnos como antaño en torno al tejo, el vecín más vieyu.


Texto: Ignacio Abella
Dibujos: Ignacio Abella y Fernando Fueyo
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