BOLETIN DIGITAL DEL FAPAS Nº18   (Julio 2012                                                                          
     
2.000 hectáreas de bosque en el Valledor calcinadas en unas horas

    

Con  ráfagas de viento de hasta 120 kilómetros por hora, el fuego apenas tardó unas horas en atravesar de lado a lado el valle de El Valledor, un pequeño rincón del Concejo de Allande en Asturias donde existía desde hace varías décadas un enorme pinar de pino silvestre para aprovechamiento forestal

 

 

El origen

Como tantas veces, el origen de este tremendo incendio, tuvo como referencia la limpieza de monte bajo o limpieza de pastos (como dicen los ganaderos); quemar para favorecer que haya un rebrote de vegetación que resulta más apetitosa para los animales.

Sin embargo estas quemas, que en algunas zonas se consideran como tradicionales, se efectúan en la actualidad y por falta de manejo del monte, con mucha imprudencia, tanto porque se realizan a escondidas debido a la ilegalidad de prender fuego, como porque se aprovechan días en los que las condiciones meteorológicas, precisamente no lo aconsejan, como es el caso de días con fuertes vientos.

 

El incendio del Valledor tuvo su origen en la lamentable tradición de quemar los pastos de montaña sin ningún control


La intensidad del fuego se puso de manifiesto tanto por la imposibilidad de que apenas ningún medio antiincendios pudo hacer frente al fuego, como por el estado en quedó el suelo, totalmente calcinado tanto, que algunas zonas parecía después del fuego que  nunca hubieran tenido vegetación ya que apenas quedaron restos vegetales.
 
Cortafuegos naturales
 

De nada sirvieron los cortafuegos hechos mediante desbroce en el terreno cuya intención es facilitar el control del incendio cuando el fuego llega a estas zonas con una vegetación mucho menor. La única oposición a un fuego de alta intensidad la presentaron aquellas áreas donde la vegetación, especialmente zonas con árboles caducifolios, mantienen una mayor humedad en el suelo y representan una vegetación menos combustible.

Pasados unos meses, la vegetación viva nos permite comprobar cómo las zonas donde quedaban algunas especies caducifolias sobrevivieron al fuego en contraste con el resto del monte calcinado.

 

EL VALLEDOR, UN TERRITORIO CON FUTURO
 
Prácticamente desconocido este territorio se encuentra en los límites de Asturias haciendo frontera con Galicia y lindando con otras áreas más conocidas como Cangas del Narcea.

Montañas y profundos valles humanizados desde la época de los romanos que vivieron aquí en busca del oro, de ahí su nombre; Valle del Oro, y hasta hoy día ha resistido el nombre del metal para nombrar el territorio.
 
 
El río Oro, que atraviesa el valle nos recuerda que en el pasado, la búsqueda de este mineral ya lo efectuaban los  romanos.
 

El valle mantiene aún extraordinarias aldeas prácticamente igual que hace cientos de años, que evidencian una vida rural dura e intensamente ligada a la tierra, pero que ahora podemos descubrir entre vegetación quemada, pues literalmente el fuego llego a las puertas de cada casa y en algunos casos hórreos y establos fueron pasto de la llamas.

Aún así, sus vecinos no quieren abandonar el territorio, al contrario, quieren reconstruir y vivir de las oportunidades de esta tierra; ganadería, cultivos o turismo rural, plantar árboles y recuperar sus bosques.

Las llamas llegaron justo a las casas de las antiguas aldeas conservadas hasta hoy día como si el tiempo no hubiera pasado desde la antigüedad.
 
NATURALEZA

Valledor es un territorio con importantes valores ambientales pero que desde el FAPAS vemos con gran interés ya que se encuentra de lleno en el área de expansión del oso pardo. De hecho, de tanto en tanto algún ejemplar se acerca por el territorio procedente de las áreas oseras de Cangas del Narcea ó Ibias.

La recuperación de las masas forestales con plantaciones de especies que producen frutos que son también alimento de osos, es una estrategia para que esta especie vuelva a un territorio donde los vestigios evidencian que antaño eran abundantes.

Dentro de la parcela donde estamos plantando, existe este antiguo cortín de piedra que seguramente durante cientos de años ha sido utilizado para proteger las colmenas de los ataques de los osos.
Los cortines son abundantes en todo el territorio, señal inequívoca de la abundancia de esta especie y de que, evidentemente, el territorio sigue siendo apto para su vuelta.
 
NOTICIAS

 

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       PLANTAR SOBRE NEGRO
EDITORIAL
 

  

La lacra de los incendios forestales no cesa y ya no se trata de comprobar que el fuego arrasa montes, páramos y campos solamente cuando llega el verano, por aquello de las consabidas imprudencias de los usuarios de los espacios naturales.

Ahora los incendios, eso sí, teniendo en cuenta que región de esta variada geografía española, se producen cuando el que quiere quemar lo hace por los mil y un motivos que le de la gana.

En la zona norte cantábrica, en Asturias, los incendios, pese al verdor del terreno, se producen por varios miles cada año a causa de lo que algunos consideran como una necesidad: la de “limpiar” el monte para evitar que tenga matorral, con el fin de favorecer el pasto para la alimentación de un ganado manejado cada vez por un menor número de profesionales.

Y esos miles de incendios, son en general, de pequeñas superficies que afectan a diferentes territorios con mayor o menor valor ambiental. Pero el grado de capacidad de combustión del material que hay en los montes, ofrece la posibilidad de que de tanto en tanto, surjan incendios no tan benévolos con la naturaleza. 

En 2011, se ha producido uno de esos incendios que propagado por la intensidad del viento, ha calcinado varias miles de hectáreas de terrenos de montaña arbolados y que curiosamente, aunque fueran pinos, constituían el único territorio cantábrico donde el urogallo, en plena regresión, había conseguido colonizar.

Quizás esto nos lleve a la conclusión de que algunas especies de pinos, como el silvestre, al fin y al cabo autóctono, no son tan malditos como históricamente se viene argumentando desde el movimiento ecologista, al que solamente nombrarle la palabra pino, se le ponen los pelos como acículas.

Pero de lo que se trata es de hablar de los incendios y en este caso, de valorar el por qué se producen con una magnitud tan enorme que son prácticamente imparables. Y es que por mucho que los pinos sean un buen hábitat para el urogallo y además generen interesantes beneficios económicos a través de la explotación de la madera, resulta más que evidente que no es posible llenar el monte de una sola especie, y menos si es tan altamente combustible.

La estrategia de diversificar las especies a plantar, plantar aunque no tenga una orientación económica es también a largo plazo generar riqueza, otro tipo de riqueza, la ambiental que también se traduce en económica.

Resulta cada vez más necesario que la llamada ordenación de los montes, tenga menor visión especuladora, menos pistas, menos cunetas, menos monocultivos para integrar las plantaciones en modelos de economía diversificada entre la economía ambiental y la propia economía lucrativa, aquella que se transforma en dinero a través de su explotación, la madera.

Pero también es cierto que para que se produzca hay que tener perspectivas más amplias más allá de aquellas que sólo miran lo productivo a corto plazo, un modelo, lamentablemente aún hoy muy extendido entre técnicos y profesionales del monte, sin querer hacer una mención expresa de aquellos que por ser ingenieros, se consideran los propietarios del monte. 

Por fortuna, en el FAPAS comenzamos a trabajar en reforestación en un área de un valor ecológico interesante donde podemos poner en prácticas estas ideas de actuar con la doble intencionalidad de obtener una rentabilidad tanto ecológica como económica. Con propietarios que saben lo que es perder un monte y sus propiedades más cercanas y con unos gestores que ante la evidencia de cómo el fuego deja negro y calcinado el terreno, se suman al criterio conservacionista de plantar para la biodiversidad de manera que si en un futuro se produce un incendio en la montaña, este se encuentre con los obstáculos naturales de una masa forestal caducifolia húmeda, única medida que parece eficaz para luchar contra el fuego. 

Comenzamos las plantaciones  del Valledor, un trabajo que al menos se prolongará
hasta el año 2014 y nos permitirá plantar un mínimo de 30.000 árboles.
 

Con el apoyo de:

  

 

 

30.000 ÁRBOLES PARA LA RECUPERACIÓN DEL VALLEDOR

 

Harían falta varias decenas de miles de árboles, pero la realidad es que no es sencillo, ni mucho menos barato recuperar una superficie arrasada por el fuego y convertirla de nuevo en un bosque. Pero lo intentaremos.

Con el apoyo de la Fundación HC Energía, el FAPAS ha comenzado ya a plantar la primera parte de los treinta mil árboles con lo que trataremos de generar espacios forestales formados por frondosas caducifolias.

Trataremos de imitar lo que la naturaleza ya nos ha enseñado, que con la presencia de manchas forestales de especies caducifolias autóctonas, el fuego no penetra, creando zonas intermedias de gran volumen entre plantaciones que tengan una mayor vocación económica como es el caso de las coníferas.

 

En verde, la primera parcela de más de 100.000 metros cuadrados destinada a convertirse en una mancha forestal con especies caducifolias



 

 

Castaños, cerezos, fresnos, serbales, manzanos y perales silvestres que forman parte del conjunto de especies que ya hemos utilizado en la primera fase de la plantación que ha finalizado en el mes de Junio, aprovechando la primavera lluviosa que hemos tenido que nos ha permitido prolongar las plantaciones hasta este mes. 
El equipo de FAPAS descarga plantones de castaño en el área de plantación.
 
 
 
 
 
 

Plantando a mano
Desde que existe potente maquinaria, las grandes plantaciones son efectuadas con medios mecánicos. Grandes tractores que abren la tierra o retroarañas que excavan profundos agujeros en el suelo.
 
Pero para hacer esta actividad de plantación, lo primero que debemos de tener en cuenta es el estado del suelo, la tierra. Y no es necesario ser ningún experto para ver que nos encontramos ante un terreno que ha sufrido un incendio el cual ha calcinado el suelo hasta varios centímetros de profundidad, por tanto, es un suelo suelto, descompuesto, sin microorganismos y apenas nutrientes, casi esterilizado que nos obliga a plantear el trabajo sin utilizar ningún tipo de maquinaria, ya que si lo hiciéramos, lo único que conseguiríamos es mover la tierra, someterla a una pérdida de humedad y favorecer la erosión ante la lluvia.
 

Sólo unos meses después del incendio, el suelo ya presenta los característicos surcos de erosión producidos por el agua de la lluvia al resbalar sobre un suelo que prácticamente es impermeable.

Barra en mano, cada uno de los 10.000 árboles se ha plantados utilizando exclusivamente la lanza de plantación que permite abrir únicamente el hueco donde se introduce el cepellón del plantón.

 

Bosques de Alcornoques

 

Aunque los alcornoques son árboles con una marcada tendencia a ocupar áreas climáticas de tipo mediterráneo, en Asturias existen zonas donde hay formaciones forestales de esta especie y muchos ejemplares distribuidos por zonas que forman parte de masas forestales más diversas.

El mantenimiento de estos bosques y la potenciación del alcornoque en estas áreas cantábricas es un viejo objetivo que nunca ha sido ejecutado con eficacia. Así que los trabajos de plantación que estamos llevando a cabo se refuerzan con la plantación de alcornoques cuyo origen es precisamente cantábrico.

 
Masas forestales de alcornoque acompañadas de otras especies caducifolias como abedules y castaños, ocupan los fondos de los valles del Valledor
 

3.000 alcornoques plantados este año

Cedidos por la Consejería de Agroganadería del Principado de Asturias, tres mil plantones procedentes del Vivero de la Mata, han sido utilizados para la repoblación de las áreas quemadas. Mezclados con el resto de especies caducifolias, esperemos que generen un mosaico forestal parecido al que de manera natural ha surgido en otras zonas del valle.

La plantación de los alcornoques, también se ha efectuado de manera manual, compactando la tierra para evitar que se pierda la poca humedad que queda después de cada lluvia ya que el suelo quemado favorece muy poco la penetración del agua.
 
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