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En algunas
ocasiones, hemos podido leer estudios en los que se hace referencia a
que un camino es un lugar antrópico, es decir, humanizado y por tanto
a la hora de valorar su importancia para la conservación de una
especie, es considerado como una zona de impacto negativo, o cuando
menos, una zona de poco valor biológico.
Pero parece que ésto no siempre es cierto. Si las personas utilizamos
los caminos para desplazarnos, ¿cómo se desplaza la fauna en los
territorios?. La idealización que tendemos a hacer de cómo es la
naturaleza, es muchas veces un concepto erróneo. Consideramos que los
animales deben de vivir como nosotros, consideramos que es lo ideal.
Los animales salvajes, ocultos en lo más recóndito del bosque o la
montaña, ocupando los lugares salvajes, habitando las
montañas “vírgenes”.
Hasta no hace mucho, el criterio más generalizado de por qué habían
sobrevivido los osos en la Cordillera Cantábrica, estaba ligado a este
tipo de consideraciones que nos parecían lógicas ya que al observar la
naturaleza, nos daba esa impresión. La realidad es normalmente bien
distinta y los factores por los que se mueve la fauna en un
territorio suelen ser bastante más complejos, pero a veces, también
muy sencillos.
En la necesidad de utilización del territorio, la fauna salvaje va a
utilizar los mecanismos que le permitan trasladarse de un lugar a otro
con rapidez, menor esfuerzo y mayor seguridad. Y es aquí en donde
encontramos que muchos de los caminos que el hombre ha hecho, ofrecen
estas características. |