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Boletín del FAPAS, enero 2000, nº 69 La posibilidad de cooperación de los miembros del FAPAS de una manera directa, también es ya posible a través de la Campaña "OSO Y COLMENAS". La recuperación de los viejos cortines de piedra para instalar en ellos laa colmenas de abejas es ya un nuevo y directo trabajo por la recuperación del Oso Pardo en la Cordillera Cantábrica. |
| Querida/o amiga/o: Hace veinte años, cuando acariciábamos la idea de crear una organización para trabajar en conservación de la naturaleza, el año 2000 se nos hacía como algo lejano. Si acaso, poníamos esta cifra de tres ceros como una fecha límite para reflexionar sobre si para esa época nos quedaría algún oso en las montañas o si el lince habría desaparecido de las sierras ibéricas o las dunas de Doñana. También es cierto que no planteamos en infinidad de ocasiones que para el año 2000 tal o cual población de animales silvestres debería alcanzar una densidad óptima fuera del riesgo de la extinción. La realidad, la dura realidad es que hemos llegado hasta el 2000 como si todos estos años hubieran transcurrido en un pequeño soplo y muchas de esas especies de las que hablábamos ni han desaparecido ni han aumentado o incluso ha disminuido su población. Para poder tener una visión de trabajo en el futuro, no queda otro remedio que reflexionar sobre lo acontecido y en ese sentido nos preguntamos como es posible que a estas alturas de nuestra sociedad, con miles de millones de pesetas invertidos en conservación, aún nuestra principal fauna se encuentre amenazada y en peligro. ¿Qué se ha hecho con tanto millón? Pero también es cierto que algunas especies han conseguido traspasar el riesgo de la extinción y han aumentado y colonizado nuevos territorios, como es el caso del Buitre leonado. Aquel viejo leonardo que nos contaba sus historias desde el cantil de los Picos de Europa, hoy ha constituido una familia numerosa y ve con orgullo como se mantiene su especie. Buscando una justificación a esta situación a la que llegamos a fin de siglo, sólo podemos encontrar dos con la suficiente entidad como para encontrar una explicación lógica. De un lado, el interés político por la conservación de la Naturaleza solo se ha producido en los últimos años, coincidiendo con una mayor sensibilización de la sociedad. También por la fuerte presión que hacen entidades como el FAPAS apoyados por sus colaboradores. De otro lado, vemos como la conservación de una especie o sus territorios se convierte en muchas ocasiones en una estrategia para obtener dinero, por lo que interesa alargar la situación el mayor tiempo posible, manteniendo la especie o el territorio constantemente amenazado. Confío que el 2000 sea el inicio de una época de trabajo, de actividad y de denunciar todas estas actuaciones que han sucedido a lo largo de los últimos años. No es posible plantearnos ahora la pregunta de qué pasará en el año 3000, debemos preguntarnos por lo que haremos mañana. Aprovecho para hacerte llegar desde el FAPAS nuestro agradecimiento por tu decidida colaboración y apoyo. Feliz año 2000 Roberto Hartasánchez Presidente del FAPAS |
OSOS Y COLMENAS
La alimentación del oso pardo es muy variada. A lo largo de todo el año, los osos deben buscar el alimento que les proporciona la naturaleza para sobrevivir.Hay épocas del año en que ese alimento escasea, principalmente en el invierno, justo cuando las osas han de criar a sus pequeños. RECUPERAR LAS COLMENAS DE ABEJAS SILVESTRES Desde hace más de quince años, en toda España se han detectado varias enfermedades que han atacado a las abejas autóctonas de nuestro país. Estas enfermedades conocidas como la Loque o la Barroasis, fueron introducidas por abejas procedentes de América y que se trajeron con fines comerciales para producir miel. El efecto de estas enfermedades ha sido terrible para la naturaleza ibérica ya que territorios de montaña como los ocupados por los osos en la Cordillera Cantábrica, han visto desaparecer casi por completo las poblaciones de abejas silvestres que al no poder ser tratadas para evitar la enfermedad, se han muerto. En la montaña, la función de las abejas es muy importante para equilibrar la Naturaleza y especialmente para procurar la alimentación de los osos. Su presencia garantiza una buena polinización de las plantas que producen los frutos silvestres que come nuestro amigo el oso y la miel constituye un rico alimento, buscando los panales de abejas instalados en los huecos de de los árboles viejos. El FAPAS ante la necesidad de proteger los
territorios donde vive el oso, pone en marcha la Campaña "COLMENAS PARA LOS
OSOS" cuyo objetivo es recuperar la población de enjambres silvestres en aquellas
zonas donde habitan los osos.
LOS CORTINES
En su interior se colocaban las colmenas construidas con troncos de árboles huecos y sus muros impedían a los osos entrar dentro y destrozar las colmenas para alimentarse de la miel. El proyecto "COLMENAS PARA LOS OSOS" trata de utilizar nuevamente los viejos cortines para instalar en ellos las colmenas que servirán para la alimentación de los osos. Estas viejas construcciones de piedra permanecen hoy día abandonadas en la montaña y sus muros están ya caídos o rotos lo que permite al oso entrar con facilidad para conseguir su rico botín de miel. El FAPAS ha adquirido ya varios de estos viejos cortines en zonas estratégicas donde habita el oso en la Cordillera Cantábrica y ha instalado las primeras colmenas cuya función es potenciar la polinización de las flores de montaña y producir miel para la alimentación del oso. 100 COLMENAS Nos hemos propuesto alcanzar la cifra de 100 colmenas colocadas en diferentes cortines distribuidos sobre una superficie de 500 kilómetros cuadrados, entre las provincias de Asturias y León. En este territorio se mueven unos treinta osos, de los apenas 80 que sobreviven en toda la Cordillera Cantábrica. LAS COLMENAS Las antiguas colmenas o "truebanos" como les llaman las gentes de la montaña, estaban fabricadas con troncos de árboles que dejaban su interior hueco.
Este antiguo sistema de explotación apícola data de la época romana ya que introdujeron en su conquista de la Península Ibérica la técnica para la cría de las abejas y la extracción de la miel, perdurando en algunas montañas hasta la actualidad. No hace más de veinte años, miles de estas colmenas estaban distribuidas por las montañas donde habita el oso. El testimonio de antiguos cortines que aún se conservan, nos permite conocer hasta que lugares llegaban los osos en la antiguedad. AYUDA A LA CONSERVACIÓN DE LOS OSOS CON TU PROPIA COLMENA Los osos necesitan urgentemente de tu ayuda para sobrevivir. La campaña del FAPAS "COLMENAS PARA LOS OSOS" te ofrece la posibilidad de colaborar activamente en su conservación. Puedes ayudarnos participando con la compra de una colmena de abejas que el FAPAS situará en cada uno de los cortines a su disposición de los osos. NECESITAMOS INSTALAR 100 COLMENAS EN LUGARES ESTRATÉGICOS PARA QUE LOS OSOS ENCUENTREN ALIMENTO La persona o institución que colabore con la financiación de una o más colmenas recibirá un CERTIFICADO del FAPAS donde se asegura que esa persona o institución participa activamente en la Campaña: "COLMENAS PARA LOS OSOS" Cada colmena estará numerada y corresponderá a la persona o institución que la ha financiado. Y cuando un oso aproveche su miel para alimentarse, el FAPAS le comunicará inmediatamente lo que ha sucedido con su colmena, aportando una prueba fotográfica del lugar y de las condiciones en que la han dejado los osos. |
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UN DÍA CON ALFONSO
La ternera estaba humeante sobre la mesa. Todos estábamos dispuestos a dar buena cuenta de ella. Y así lo hicimos. Cuando acabábamos de cenar, Alfonso nos dijo que faltaban los lobos de la Peña Cabrera, que era muy raro que, desde hacía dos meses, no cortara ningún rastro de ellos. No aparecían ni en una vertiente ni en otra. - Deberíamos de rastrear bien la zona, no pueden haberse esfumado, a menos que .... Todos nos pusimos a su disposición y acordamos que saldríamos al amanecer. Unos irían con Alfonso y los otros con Mero. Así abarcaríamos más terreno. También Cuendias, el Guarda de la zona, vendría con nosotros, pues tampoco él las tenía todas consigo. La mañana amaneció con niebla, orbayaba aunque el frío no se mostró implacable. Desayunamos en casa de Alfonso, con tortilla, chorizo y cecina y organizamos la jornada. - El grupo familiar tenía dos zonas querenciosas. Unos vendrán conmigo entrando por Peña Redonda y los otros vais directamente por el sendero los Llobos hasta la Peña Cabrera. Con el coche nos acercamos hasta el pie del monte donde empezamos a andar. Al cabo, una mole de mastín nos recibía con unos ladridos atronadores, que amenazaban tragarte entero, sin masticar. Cuidaba a unas vacas que todavía no habían bajado al pueblo, a pesar del invierno. Seguíamos andando mientras Alfonso rastreaba cada paso del sendero, cada recodo, cada barrizal. Leía las huellas y las interpretaba: - Por aquí pasó el tejón, por aquí el corzo, por aquí el gato, y por aquí la marta, pero ni rastro de los lobos. Cerca del sendero los venados habían construido su propia bañera para rebozarse en el barro y así eliminar los parásitos del pelo. Los lobos lo saben muy bien y por ello frecuentan estos lugares para ver si se despista algún ciervo... - Esto no es lógico, los lobos no pueden haberse esfumado. - Cuendias, me recibes, cambio. - Te recibo Alfonso, y ni rastro de los lobos. Más adelante, nos adentramos en un acebal. Estaba ramoneado por los venados y sus troncos padecían las rascadas de los corzos y los restregones del jabalí. Alfonso nos contó que estos pequeños bosques son santuarios para la fauna puesto que conservan muy bien el calor, llegando incluso a tener cuatro o cinco grados más que la temperatura ambiente durante los días de frío. Son lugares en los que el denso follaje no permite la penetración de la nieve y de esta manera, mientras que en el monte los bichos se encontrarían con un metro de nieve y un frío intenso, dentro del acebal se está resguardado, con algo menos de frío. Los animales son conocedores de estos secretos y se hacen un hueco en estas "suites". Dormitan pegados los unos a los otros a la espera de mejor tiempo. Incluso se tocan con sus cuerpos para darse calor. El Gran Matador, que diría nuestro Félix Rodriguez de la Fuente, lleva impreso en sus genes las ganas de asomar las narices por estos lugares que son verdaderas despensas para él. Sus huellas no deberían faltar por los senderos que recorren esta mancha de acebos. Alfonso examina cada rastro, cada huella con la precisión de un relojero: - Aquí hay restos de vaca. Conforme nos acercábamos un olor denso, putrefacto, se hacía notar. - Esto no me gusta. Voy a tomar muestras de los tejidos que quedan porque me temo que a este animal, después de muerto, le metieron veneno. Esto podría explicar que falten los lobos: Alguien pueso el veneno en la carne de la vaca y los lobos la comieron. Alfonso avisó por la emisora al Seprona y a Cuendias, que andaba por la otra vertiente. - No me sorprende lo que dices, y me da a mi que al fulano que lo hizo lo conocemos los dos- dijo Cuendias. A partir de ese momento sólo quedaba rastrear la vera del arroyo donde los animales envenenados van a morir sedientos por la abrasión química de su estómago. |
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| "ALFONSO HARTASÁNCHEZ" Por Benigno Varillas, Editor de la
revista Quercus Llegué a llamarle "el mudo de Somiedo", por lo poco que habla. Y se le podrían buscar algunos apelativos más por lo nada que escribe, de lo que ve. También por la carencia que tiene de protagonismo y afán de promocionar su persona. Siendo, como es, un tipo excepcional, nunca ha pensado ser otra cosa. O sea, que además es sabio. Lo curioso es que todos estos atributos los tiene Alfonso Hartasánchez de nacimiento. Cuando comencé a salir al campo con su hermano Roberto, y fundamos, allá por 1971, una Asociación de Amigos de la Naturaleza, Alfonso, diez años más joven, era un guaje de 7 años al que no hacíamos mucho caso. Pero no tardó en sorprendernos. Empezó fijándose en las gaviotas que se posaban delante de su ventana, en el tejado de la antigua rula de Gijón. Cuando dejó de gatear y pudo bajar solo los peldaños del inmenso portal de su casa, en cuyo hueco de escalera cabría un edificio de los de ahora, siguió a las gaviotas playa adelante y descubrió limícolas y cosas rarísimas en las que nunca habíamos reparado. Ya con 14 hizo en el estanque del parque de Gijón una primera cita de un porrón de collar que se equivocaría de continente al migrar hacia el sur. Vimos que Fonso iba para observador fino. Así que mientras sus compañeros de clase escogían carrera, Roberto, que acababa de fundar el FAPAS, le propuso doctorarse en algo que nunca nadie podría haber ni soñado: rastreador profesional de osos. Se fue al zoo de Barcelona a entrenar a Otto, su perro, en olfatear sacos
y pajas donde habían dormido osos. Aprobada la selectividad, ingresaron ambos en la
universidad del bosque de Somiedo, donde años atrás también habíamos iniciado estudios
Roberto y el que firma.
Desde entonces, y va para quince años, Fonso dedica todos los días 10, 12, las horas que hagan falta, a patear el monte. Nos salió empollón el muchacho. Cuando murió Otto ya le sobraba olfato para encontrar a los osos y moverse libre como un corzo disfrutando cada día de la semana y cada minuto del día. Ahora nos da lecciones. Juntos recorrimos varias veces los empinados senderos de los hayedos de Somiedo. En los vados de los arroyos que las lluvias forman en las vaguadas, Fonso levantaba la mano y decía "alto". Yo me quedaba hasta con un pie en alto, con tal de no borrar un posible rastro. "Mira, aquí está. ¿La ves?". No veía nada. "Si hombre. ¡Fíjate bien!" "Esto son los dedos", decía colocando los suyos en unos agujeros imperceptibles. "Y esta la almohadilla. Es un adulto, y esta otra, pequeña, del osezno". A veces la huella no estaba en el barro, sino en la hojarasca. -"Yo no veo nada, Fonso", de decía. -"Mira, ¿no ves las hojas hundidas, apisonadas?" -"Si, pero el camino está lleno de baches rellenos de hojas", respondía yo. - "Eso se ve que son agujeros, pero esto es una huella". Pensaba que podían ser imaginaciones. Pero metros más adelante me arrepentía de dudar: Fonso levantaba triunfante un excremento de oso. Lo mismo con los arañazos. "Déjame ver. Humm...estas rayitas podrían ser de las uñas...A ver, a ver, aquí la mano derecha, aquí la izquierda. No hay duda, este árbol está marcado", afirmaba Fonso. Sin dar tiempo a pensar mal, decía de nuevo: " Y... aquí está la prueba", sacando de la corteza un pelo de oso, fino, rizado, rubio, distinto de los del ciervo, las vacas u otros animales. Más abajo encontraba otro y luego otro. "Ves, se estuvo restregando, así", y se ponía a imitar al oso pegando su espalda al árbol, como cargando el tronco a la espalda, y moviendo el cuerpo como si le hubiera entrado el baile de San Vito. "Le gustan los serbales". Este es Fonso, uno de los naturalistas europeos con más horas de campo en zonas oseras en el cuerpo. Nada pasa desapercibido a su fino olfato. Él, junto a Mero, Pepe el de Aguino y otros viejos amigos que le han enseñado el oficio, son nuestros ojos en el monte y la esperanza del oso pardo. Pocos "doctores" tenemos en saber como se mueve un oso, un lobo y el resto de los mamíferos de nuestra fauna. Sus conocimientos son ahora parte esencial para la conservación. |
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