Programa de Conservación de Aves Carroñeras

1. Introducción.
La campaña por la que se intenta proteger la población de especies carroñeras centró principalmente la atención en la conservación del Buitre común o leonado (Gyps fulvus), especie que se encontraba en grave peligro de extinción en Asturias.
 
En 1.982 sólo quedaban 9 parejas de Buitre leonado en los Picos de Europa. La falta de alimento, el uso de venenos y la falta de concienciación social estaban a punto de eliminar la población, como ya sucediera años atrás con el Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Para evitarlo, FAPAS emprendió tres medidas básicas:
 
a) instalación de comederos
b) erradicación de venenos
c) campaña de concienciación popular
 
Si, efectivamente, cuando un buen día se nos ocurrió escribir a la revista Quercus para que nos publicasen una nota solicitando ayuda para proteger a los buitres en Asturias, no podíamos ni imaginarnos que hubiese tantos amigos dispuestos a ello. En julio de 1.983 fueron casi mil las cartas recibidas con el propósito de colaborar con el Fondo, iniciando todos los trabajos que nos habíamos propuesto. Para recuperar la población de buitres en los Picos de Europa fue necesario el desarrollo de una gran campaña en la que participaron diversos especialistas, y que obligó al FAPAS a un desembolso económico cercano a los 30 millones de pesetas. A lo largo de 1.982 fue necesario como un primer paso el elaborar un censo completo que permitiera conocer con exactitud el número de ejemplares que quedaban. .
 
 
2. Importancia de las aves carroñeras dentro del ecosistema de montaña

La conservación de las poblaciones de aves carroñeras había venido realizándose hasta entonces en diferentes zonas de la Península Ibérica en base a criterios puramente conservacionistas, sin tener en cuenta en la mayoría de los casos otros criterios más o menos complejos que interrelacionan estas aves con su medio natural y, muy especialmente con la dinámica de funcionamiento en los usos tradicionales ganaderos, más complejos aún, en cuanto que la gran mayoría de las zonas de alta montaña han sufrido y sufren una continua modificación.
 
Es mediante este punto de vista con el cual queremos exponer, aunque sea de una forma escueta, la experiencia llevada a cabo en Asturias y Cantábria con la población de Buitre leonado, que ocupa de forma relicta el macizo montañoso de los Picos de Europa y algunas de las sierras adyacentes. Desde épocas que no es posible determinar con exactitud pero que pueden remontarse a comienzos del presente siglo, la presencia de la ganadería de montaña en estas zonas se plantea con una serie de modificaciones que afectan esencialmente a un intento de mejora sanitaria de la cabaña ganadera, puesto que en definitiva es éste un recurso de primer orden económico en la estabilidad de los grupos familiares que forman los pueblos de montaña.
Salvo la modificación sanitaria, el resto de los usos tradicionales han variado poco a lo largo de los años. No así las especies o razas de ganado que configuran los rebaños, que poco a poco se han ido modificando en detrimento de la pérdida de aquellas especies autóctonas por otras de procedencia foránea, siempre peor adaptadas al medio, pero de un aparente mayor rendimiento económico. Por alguna razón muy concreta, posiblemente la presencia con un carácter endémico de algunas enfermedades en el ganado, el uso tradicional en los procesos de eliminación de carroñas no ha tenido muy en cuenta la presencia de 1as aves carroñeras como factor de eliminación natural de los cadáveres.
Tal actitud ha determinado a lo largo del tiempo que las posibilidades de aprovechamiento alimenticio de los buitres quedase limitado a los cadáveres de los animales salvajes a aquéllos que, siendo domésticos, morían despeñados en zonas de difícil acceso.
 
La sustitución de razas autóctonas motivó aún más la rarefacción del potencial alimenticio de los buitres, ya que a causa de la estabulación invernal se producen largos períodos de tiempo sin ganadería extensiva en la montaña.
 
Un hecho importante es la coincidencia de estos períodos con el inicio de la época de reproducción de los buitres, y más con la eclosión de los huevos, lo que se traduce en una acusada mortandad de los pollos en sus primeros días de vida.
Las especiales características geomorfológicas que configuran 1as montañas de los Picos de Europa y las Sierras cercanas como la de Cuera o E1 Sueve, favorece la existencia de una gran diversidad de accidentes geológicos. Cuevas, simas o torcas, grietas e infinidad de arroyos encajonados, fruto de la acción de las aguas en un terreno kásrtico, ponen a disposición de los ganaderos toda una amplia gama de posibilidades para deshacerse de un cadáver. Hemos podido comprobar como de una forma sistemática los cadáveres de animales domésticos son eliminados de una forma totalmente antinatural, principalmente mediante el "entorcamiento", acción de arrojar un cadáver a una torca, quizás éste el más extendido de los procedimientos.
Tal actitud tiene una justificación muy clara, comprensiblemente impuesta mediante una normativa sanitaria que con su existencia pretende evitar aquello que con su aplicación fomenta.
 
Ciertamente la normativa legal vigente en materia de sanidad ganadera obliga al enterramiento con cal ó a la quema de cadáveres de los animales, en especial aquellas infecto-contagiosas. En zonas de alta montaña, en donde los accesos son extremadamente difíciles, con una cubierta vegetal escasa y un sustrato de suelo calizo, la posibilidad de cumplir la normativa sanitaria es escasa, cuando no en la mayoría de los casos imposible. La única alternativa válida para el ganadero se convierte pues en una inminente y rápida necesidad de retirar el animal muerto en el monte.
Es fácil imaginar que, ante la abundante disponibilidad de lugares en donde arrojar el cadáver, esta práctica se haya convertido en una hábito tan usual que ha sido totalmente asumido por los ganaderos.
A partir de este momento se inicia un proceso de contaminación de la capa freática que incidirá negativamente sobre toda una especie de diversas actividades humanas. Es lógico pensar que tal proceso se podía haber evitado de una forma sencilla, hoy en día perfectamente realizable bajo la 6ptica de la necesidad de conservación y superación de la garantía sanitaria, aprovechando la existencia de la población de aves carroñeras e incluso alcanzando en ella la garantía de la propia conservación de la especie.
Una vez arrojado uno de los cadáveres a 1as torcas, comienza el proceso de descomposición. La frialdad de las aguas subterráneas y la oscuridad reinante impide una rápida descomposición y aprovechamiento de la materia orgánica por otra serie de animales.
 
Durante meses el foco contaminante actuará sobre el caudal de las aguas subterráneas y la diversificación de las filtraciones internas del subsuelo permitirá la múltiple contaminación de los efluentes.
 
En 1.983 un estudio realizado por el analista titular de Llanes permitió determinar en un muestreo generalizado de los manantiales de montaña los niveles de contaminación que sufrían las aguas. El área a analizar correspondió con la ladera norte de la Sierra del Cuera, áreas con cotas superiores a los 900 m y en donde no existen focos contaminantes ajenos al medio ambiente.
Las pruebas analíticas fijaron 51 puntos de afloración de aguas contaminantes por materia orgánica. La única hipótesis sostenida que permite esclarecer las causas de la contaminación fue, precisamente, la relacionada con la costumbre de arrojar los animales muertos a las torcas. El mismo trabajo de analítica permitió comprobar los niveles de contaminación de 30 captaciones de agua para otros tantos pueblos con destino al consumo humano. El resultado indicaba igualmente unos niveles de contaminación que impedía el consumo humano del agua.
 
Un segundo trabajo realizado por los médicos de la zona sacó a la luz mediante un seguimiento epidemiológico, la incidencia que la contaminación de las aguas podía causar en la población local. En la época de verano, hasta el 70% de los visitantes de esta importante zona turística contraían alguna infección intestinal en los primeros días de estancia.
 
Un nuevo factor a tener en cuenta es la importancia que para el desarrollo turístico de una región y, por tanto, para el económico, plantea la contaminación de las aguas a causa de un proceso originado lejos de los focos de emisión contaminante y por culpa de una ilógica aplicación de las medidas sanitarias, así como de la falta de objetividad a la hora de tener en cuenta el desarrollo de un proceso natural como es la eliminación de los cadáveres en la montaña por parte de los buitres.
 
Igualmente, desde el punto de vista de alcanzar un estado óptimo sanitario de la cabaña ganadera de montaña, el problema derivado del manejo de animales muertos es similar al planteado con las aguas para el consumo humano, quizás agravado por el hecho de que, pese a las continuad as campañas de saneamiento ganadero, no se consigue romper con los vectores de propagación de determinadas enfermedades de
carácter endémico.
 

3. Instalación de comederos artificiales.


Puede decirse que el aumento poblacional del buitre leonado ha tenido una relación directa a la instalación de alimentadores artificiales.
Para comenzar los trabajos iniciamos la búsqueda de un lugar adecuado en donde poder instalar un comedero o "muladar". Para ello, fuimos recorriendo diversas pistas de montaña, tanto en la Sierra del Cuera como en los Picos de Europa. El problema de buscar un lugar adecuado no fue sencillo, pues una medida así puede influir negativamente en la propia población de buitres si no se actúa correctamente.
 
Escogimos tres lugares. Dos de ellos en el Cuera (cara norte y sur) y el tercero en los Picos de Europa, ya dentro de los límites de Cantábria. Este último lugar era ya tradicionalmente usado por los vecinos del pueblo, que arrojaban allí los animales que se les morían, pero como el pueblo tiene ya pocos vecinos, eran escasas las cabezas de ganado.
 
A1 depositar allí la comida, comprobamos que bajaban a comer solamente los buitres de una pequeña zona, con lo que parte del alimento que echábamos se perdía, ya que otras colonias vecinas no se acercaban. Con este panorama lo mejor que hicimos fue abandonar la idea de instalar allí el comedero.
 
Otro lugar elegido era la ladera sur de la Sierra del Cuera, un lugar ideal, aislado y sin problemas que pudieran perjudicar a las colonias de buitres.
Se subía por unas pistas a unas minas abandonadas, solo que nos topamos con los vecinos. ¡Menudo follón se armó!. Fue donde nos denunciaron y luego el juicio, abogados y todo eso... decidimos dejarlo de momento, a ver si con el tiempo se les pasaba el enfado a los paisanos. A ellos no les molestaban los buitres, pero otra cosa eran los animales muertos.
 
Y por fin nos fuimos al lugar en donde definitivamente lo instalamos, en el "Picu los Resquilones", también el la Sierra del Cuera. Es una zona en donde existe una sima de casi 90 metros de profundidad y en donde era frecuente que los vecinos de algunos pueblos cercanos tirasen los animales muertos.
 
Solicitamos todos los permisos y empezamos a subir algunos animales muertos que nos daban en los pueblos, siempre que muriesen por causas que no fuesen enfermedades contagiosas.
Debido a las protestas de algunos pastores cuyos ganados domésticos se acercaban a la instalación y consideraban que podría haber un riesgo sanitario para su ganado, se procedió al cierre con tela metálica de una superficie de 10.000 m2 en dicho comedero, con un coste que ascendió a las 70.000 Pts.
 
Tras un riguroso invierno, con nevadas de hasta un metro y medio en el comedero, los buitres inician progresivamente un acercamiento a él.
Poco a poco se ve como bajan con más frecuencia a alimentarse.
La mayor concentración se alcanza en el mes de mayo con cifras de 120 buitres y 14 alimoches comiendo juntos en una carroñada de más de 1.000 Kg. de carne.
 
Tal cantidad de buitres nos indica claramente que nos encontramos ante unas concentraciones de todos los buitres de Asturias y Cantábria, así como de muy posiblemente también con algunos ejemplares jóvenes procedentes de las buitreras del norte de Burgos y que se desplazan a la Cordillera Cantábrica en los meses de verano para alimentarse del ganado trashumante.
 
Otra buena noticia la tuvimos en los diez pollos de buitre que consiguieron volar en 1.983. Los varios miles de kilos de carne transportados por el FAPAS al monte han permitido asegurar la reproducción en ese año. Diez nuevos buitres es una cifra muy alta si tenemos en cuenta que el pasado año solamente se lograron dos. También y contra cuatro buitres adultos que aparecieron muertos el año anterior, en ese año solamente fue localizado uno, todo ello nos lleva a creer que al menos en teoría el incremento de la población de buitres en Asturias del año 1.983 con respecto al pasado alcanzó el 20%.
Una empresa especializada en la construcción de remolques construyó el nuestro tal y como lo diseñamos, cumpliendo así todos los requisitos técnicos y sanitarios que exigía el fin para el que iba a ser destinado.
 
La financiación de este medio de transporte de carroñas que, con un coste puesto en carretera ascendió a 185.000 Pts. fue posible gracias a las colaboraciones recibidas y a una ayuda económica de 30.000 Pts. concedida por el Ayuntamiento de Llanes.
El remolque fue la pieza fundamental que ha posibilitado un mejor funcionamiento del FAPAS. Superado el problema del transporte, la única dificultad que nos quedaba consistía en encontrar el alimento suficiente para suministrar el comedero.
Se inicia entonces una campaña entre los pueblos del concejo de Llanes, solicitando entre los vecinos aquellos animales que se les mueren, todo ello en colaboración con los veterinarios.
 
La respuesta no se hizo esperar y en una zona básicamente ganadera como es esta, empezamos a recibir avisos para que recogiéramos animales muertos, y en ocasiones hasta tal punto que nos veíamos obligados a rechazar tanto cadáver ya que era excesivo para llevar al comedero.
Ciertamente cada vez que decíamos que no cuando nos ofrecían un animal, quienes andamos en estos menesteres teníamos la sensación de estar desperdiciando algo que podía seguir siendo útil. Dado que ese excedente de carroñas no podía ser aprovechado en Asturias, pusimos la vista en 1as colonias del norte de Burgos, y para allí nos fuimos.
 
Contactamos con el Grupo para el Estudio y Defensa de los Ecosistemas Burgaleses (GEDEB), el cual desarrolla una labor de protección como el FAPAS. Con su colaboración nos dispusimos a abastecer de alimento a unas colonias de buitres que en los últimos años estaban viendo descender el número de ejemplares a un ritmo preocupante.
Solventamos todo tipo de requisitos legales y el 28 de abril de 1983 sale el remolque del FAPAS desde Llanes con el primer cargamento de comida hacia el norte de Burgos. 200 Kilómetros y más de tres horas de camino nos separaban. Hay una anécdota curiosa: para llevar el primer animal muerto a Burgos -un mulo atropellado en la carretera, del cual recibimos aviso de Obras Públicas para que lo recogiésemos- tuvimos que luchar contra los leones para que no se lo comiesen.
 
Si como si estuviésemos en pleno Africa, y es que cuando nos disponíamos a cargar el animal, apareció el director de un circo que se empeñó en llevarse al mulo para dar de comer a sus leones. Tira y afloja y... al final ganan los buitres. Cargamos el dichoso mulo y ¡para Burgos!.
 
camioncomedero.jpg (17007 bytes)Más tarde el transporte de carroñas se realizó con un nuevo camión todo-terreno, bautizado "El Rubio" en recuerdo al oso muerto en el pueblecito palentino de Brañosera, ya que el remolque y el Jeep se quedaron pequeños y pedían la jubilación a gritos.
Hasta entonces el Programa de Conservación de las Aves Carroñeras se desarrolló desde una dinámica de artificialidad, puesto que los procesos de alimentación estaban supeditados a los aportes controlados por el FAPAS.
Actualmente hemos instalado el primer comedero cuyo abastecimiento será asumido por los vecinos de las poblaciones cercanas al concejo de Peñamellera Baja, para lo cual se firmó un acuerdo con el Ayuntamiento y se donó, junto con la empresa de ferrocarriles RENFE que colaboró en el Proyecto de Reintroducción del Quebrantahuesos, un pequeño camión con el que se recogerá todo el ganado muerto de la zona para abastecer al comedero.
 
Con la instalación de este nuevo enclave de alimentación se pretende avanzar un paso más hacia la conservación de las aves carroñeras, ya que esta instalación sería la primera cuyo abastecimiento de alimentos no dependa directamente de FAPAS, sino que los propios vecinos del concejo utilizarán la instalación para deshacerse de sus carroñas.
De este modo convertimos el alimentador artificial en un verdadero muladar, recuperando el antiguo uso tradicional para la eliminación de animales muertos.
En este punto, la importancia de esta instalación es vital para la consolidación de las poblaciones de carroñeras, ya que con él se instaura un proceso de aportes alimenticios desvinculado de la acción del FAPAS, lo que le da a la instalación una garantía de continuidad, y por lo tanto, esa garantía se extiende a la propia alimentación de las carroñeras, integrándose tal situación en un correcto proceso de desaparición de carroñas, plenamente adaptado a la dinámica de los ecosistemas de montaña en donde estamos trabajando.
 
 
4. Eliminación de venenos:

Hasta hace pocos años, la utilización de venenos ha sido una práctica generalizada y apoyada por la Administración (ICONA) para exterminar animales salvajes, denominados por ellos "alimañas", que era suministrado a propietarios de cotos y particulares.
En 1.984 aún eran vendidas libremente en las farmacias de la Cordillera Cantábrica dosis de 4 gms. de estricnina. Un ejemplo: el antiguo propietario de la farmacia de Panes (Peñamellera Baja), pueblo al borde de los Picos de Europa, nos contó como él pedía la estricnina a los laboratorios de Barcelona en dosis de 1 Kg. y la repartía libremente entre los pastores de la zona. La mayor venta de veneno se produjo en una farmacia de una de las mejores zonas oseras. El producto era el tristemente conocido "Topicida Huarte", fabricado por un laboratorio de Valencia y que se distribuía por toda España.
 
Una vez conocidos los fabricantes y la red de distribución del veneno, el FAPAS inició los trámites y las solicitudes oficiales hasta que el producto fue retirado del mercado.
Esta relativa sencilla actuación fue decisiva para la conservación no sólo del buitre, sino también del oso, el lobo y el resto de la fauna salvaje. En la actualidad no existe en el mercado español ningún producto que contenga estricnina y pueda ser utilizado libremente.
Pero cuando ya pensábamos que el veneno había desaparecido de esta parte de España, nuevamente fue utilizado en el monte. Afortunadamente esta vez sólo fue un buitre el que resultó muerto, pero pudieron haber sido más. Sólo podríamos decir que nos queda un consuelo, y es que la persona que colocó el veneno haya aprendido de las graves consecuencias de su acción, ya que además del buitre murieron también tres vacas, y es entonces cuando los campesinos aprenden y sienten en su propia carne lo que es la estricnina.
 
De todas formas, el monte nunca estará libre del riesgo del veneno, pues aún hay productos muy peligrosos, pero es cierto que parece haber una mayor concentración en contra de su uso.
 
 
5. Campaña de Educación Ambiental

 
La recogida de animales muertos por los pueblos en las áreas en donde existen buitres propició un estrecho contacto de los miembros del FAPAS con las gentes de las montañas -ganaderos, agricultores, veterinarios- e incluso con las fuerzas del orden, que fueron cambiando su concepto de las aves carroñeras en su entorno, no ya solamente como una especie salvaje más, sino como la de un valioso aliado en su vida, manteniendo los buitres las montañas limpias de cadáveres y enfermedades.
 
Es lógico pensar que de esta concepción surge la predisposición por conservar estas aves. Vemos pues, la necesidad de conservar los buitres, no sólo por tratarse de una especie en peligro de extinción, sino por la importante función ecológica que desempeñan en la Naturaleza.
Paralelamente al suministro de alimento se inició un programa de Educación Ambiental, con el que se pretendió concienciar a la gente de la utilidad de estas aves y la consiguiente necesidad de conservarlos.
 
Se solicitó la ayuda de varios organismos y entidades para poder realizar la campaña. Fruto de estas ayudas fue la publicación de un póster que fue ampliamente distribuido por todo el área que sobrevuelan los buitres, así como la publicación de numerosos artículos en los medios de comunicación regionales, numerosas entrevistas radiofónicas, charlas en los bares de los pueblos...
 
Lo más importante fue la campana desarrollada entre los niños. Se preparó un vídeo y nos recorrimos las escuelas una a una, enseñando a los chavales lo que son los buitres y entregando a cada uno de ellos la Cartilla Escolar de las Aves Carroñeras, un pequeño dossier en el que se explicaban mediante dibujos ilustrativos y un texto a nivel de E.G.B. la vida y costumbres de los buitres.
Todo esto dicho así, parece sencillo pero para poder hacerlo hubo que preparar toda una infraestructura que nos permitiera funcionar. La imprenta, un vehículo todo-terreno, vídeo, televisión y hasta un generador para poder acudir a las escuelas rurales que no tenían luz. Y, claro, también una persona que estuviera todo el día dedicado a este tema. Vamos, que de sencillo no tuvo nada, y de barato tampoco. Todo este material y trabajo se cubrió con las aportaciones de todos los colaboradores del FAPAS, así como de la venta de pegatinas, camisetas y pósters editados con la nueva imprenta -comprada de segunda mano- a tal fín.
 
En 1.984 fueron más de 150 las escuelas rurales visitadas, además de charlas impartidas gratuitamente en Institutos de Bachillerato y Colegios de la capital de Asturias.
En 1.985 quisimos hacer una experiencia en una ciudad industrial como es Gijón, con cerca de 300.000 habitantes, para ver la aceptación que entre la sociedad tenía un tema como es el de la Conservación de la Naturaleza. Esta experiencia se dividió en dos partes. Por un lado montamos una exposición en un local cedido por la Caja de Ahorros de Asturias, en la que incluimos fotografías de animales, pósters y diverso material, además de una continuada proyección de videos. Fueron siete días de intenso trabajo, ya que visitaron la exposición más de once mil personas. Hasta tal punto acudió gente, que en un principio teníamos previsto abrir la exposición de seis a nueve de la tarde y fue necesario estar con las puertas abiertas ya desde las doce del mediodía.
 
Dentro de los actos de la exposición se celebró, en colaboración con la antigua Consejería de Agricultura la campaña "Ponga un árbol en su vida". Para ello, la Consejería nos cedió unos mil plantones de robles, castaños y nogales, entregándolos a aquellas personas que los solicitaban en un máximo de tres plantones por solicitud. La verdad es que quedamos sorprendidos, tanto de la afluencia de visitantes como del interés demostrado hacia el contenido de la exposición. Y no digamos con lo de los árboles: había momentos en que se formaba una cola de gente enorme para hecerse con ellos. Dentro del espíritu de esta misma actividad, solicitamos de la Dirección de la feria infantil Mercaplana de Gijón que nos concediesen un stand para montar la exposición y desarrollar allí una serie de actividades relacionadas con la Naturaleza. Durante los meses de febrero a marzo, todos los sábados y domingos permanecimos con el stand abierto, participando más de 3.000 niños en actividades como dibujos, test de identificación de fauna y construcción de cajas-nido que posteriormente serían colocadas en un parque de la ciudad.
 
En el stand se repartieron cientos de pegatinas y cartillas escolares, y su realización tuvo un coste de 200.000 Pts, pero sin duda el esfuerzo mereció la pena por la gran cantidad de niños que participaron. No es porque lo digamos nosotros, pero de verdad que fue un gran trabajo. La prueba está en que lo presentamos a los premios que en 1.985 convocó la Dirección General del Medio Ambiente y fue seleccionado, ganando el accesit a la "Actividad Ejemplar". Por ello, el día 5 de junio, en conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, nos desplazamos hasta Madrid para recibir la medalla y las 100.000 Pts con que estaba dotado el premio.
 
 
 
 
6. REINTRODUCCION DE BUITRES.

 
Por desgracia, todos los años en diversas partes de España son expoliados algunos nidos de buitres o aparecen ejemplares adultos heridos. En ambos casos, para conseguir su recuperación ha de transcurrir un largo período de tiempo, durante el cual estos ejemplares al perder todo contacto con la Naturaleza, desaparece en ellos su natural instinto y, por tanto, su salvajismo, convirtiéndose entonces en torpes aves que acuden a comer rápidamente de la mano de sus cuidadores.
Devolver estos animales a su libertad resulta siempre un trabajo largo y dificultoso, y que no siempre se realiza con éxito.
Aprovechando las instalaciones del comedero de Los Resquilones, conseguimos que dos jóvenes buitres recobrasen la libertad. Fue un trabajo en el que durante dos meses se sometió a los buitres a un complejo proceso de readaptación al medio natural, consiguiendo al mismo tiempo que ambos ejemplares fueran admitidos en el seno de un pequeño grupo de buitres salvajes que acudían a alimentarse al comedero.
 
Ciertamente fueron dos meses de plena dedicación a estas aves, gran cantidad de horas de observación y algún que otro picotazo que hubo que aguantar. Ahora, cuando ambos buitres viven libres, todo ese trabajo realizado parece insignificante y sin importancia. Quizás no haya mayor satisfacción para el naturalista que el poder contemplar un animal devuelto a la libertad.
La suelta de ejemplares en los Picos de Europa, procedentes de otras áreas, fue una tarea importante dentro del Plan de Recuperación de Aves Carroñeras. La mejora de la calidad genética y la práctica con experiencias de suelta nos facilita la labor de posteriores trabajos. A primeros de 1.991 a través de la Agencia del Medio Ambiente de Navarra y el grupo GURELUR, además de los correspondientes permisos de la Agencia del Medio Ambiente de Asturias, hemos traído 14 ejemplares de Buitre leonado que estaban siendo recuperados por el grupo GURELUR.
Estos ejemplares eran jóvenes de un año de edad y recogidos en Navarra, región que cuenta con una de las mayores poblaciones de buitres de la Península. Los 14 buitres fueron soltados en el valle de La Canal de Ciercos, en el concejo de Peñamellera Baja, lugar en el que en un futuro serán reintroducidos los Quebrantahuesos. A través de estas sueltas se pretende ir recogiendo información sobre la alimentación de estos buitres con el resto que vive en libertad. De los 14 soltados, dos ha habido que volver a recogerlos, ya que no se integraron al medio natural y bajaban siempre a los pueblos cercanos o a la carretera. Los otros 12 vuelan con normalidad, y las manchas rojas bajo las alas con las que fueron marcados nos permiten identificarlos con facilidad.
 
 
 
 
7. San Esteban -otra vez- de los Buitres

 
 
Dentro del Programa de Recuperación de las Aves Carroñeras merece un capitulo aparte el trabajo realizado para lograr la recuperación de una buitrera extinguida a principios de los años 60, y que pese a estar aislada en la actualidad del núcleo principal de los Picos de Europa, fue el último enclave colonizado por los buitres en el occidente, dentro de las estribaciones de la Cordillera Cantábrica. Su recuperación supone un paso importante para agilizar el proceso de recolonización de todas las antiguas buitreras, hoy abandonadas, entre estos dos puntos. Casi en los límites con Galicia, escondido entre las montañas del occidente astur, se encuentra un pueblo que en su fisonomía poco se diferencia de los demás pueblos de los alrededores, salvo en una cosa: es el pueblo de los buitres, o mejor dicho San Esteban de los Buitres, como así se llama. Como dicen sus vecinos, desde siempre los buitres vivieron sin ser molestados en los cortados rocosos cercanos al pueblo, de ahí su nombre.
 
La expulsión forzosa del ganado de montaña para plantar pinos, no solamente hizo emigrar a las gentes; desde hace veinte años tampoco hay buitres en San Esteban de los Buitres, que era la colonia más noroccidental de España, prácticamente desconocida y que aún hoy conserva sus repisas blanquecinas, dando testimonio de que en algún tiempo estuvieron ocupadas por aves carroñeras. Actualmente, los inmensos bosques de pinos que sustituyeron a la ganaderías han sido arrasados por el fuego. Es muy posible que estos montes improductivos sean convertidos nuevamente en pastizales. Con ello la ganadería podrá volver a resurgir como antaño y es el momento de pensar en que los buitres también puedan volver.
 
RECUPERACION DE LA BUITRERA

Los vecinos de San Esteban de los Buitres recuerdan con añoranza el tiempo en que se podía ver sobre el pueblo la silueta de estas beneficiosas aves, quizás requisitos vigentes en temas sanitarios, y cuyo funcionamiento, control y aporte de carroñas corre a cargo de la asociación XEIRA.

La fase de consolidación se produce al observar que la mayoría de los ejemplares sueltos permanecen localizados en los antiguos cantiles. En un plazo estimado de 4-8 años será posible iniciar el proceso de reproducción en la buitrera de los aún jóvenes buitres. En futuros años se reforzará la colonia con nuevos ejemplares, incluso con algún adulto para que, con el tiempo, se vayan extendiendo hacia las zonas vecinas.

 
DIARIO Y RESULTADOS DE LA REINTRODUCCION
 
12 de septiembre de 1.991: Se transportan desde Navarra 15 ejemplares inmaduros de Buitre leonado , procedentes del Centro de Recuperación que gestiona la asociación navarra GURELUR.
 
Mes de octubre:
Se transportan seis ejemplares más. Los buitres fijados con pihuelas siguen siendo alimentados por la asociación XEIRA y cogen cada día más fuerzas. Se produce una baja al escapar uno e ir a estrellarse contra una columna de alta tensión. Posteriormente y a fin de evitar nuevos accidentes de este tipo, se solicita a la compañía eléctrica el aislamiento y protección de las torres cercanas, procediéndose a ello. Uno de los buitres es de nuevo trasladado al Centro de Recuperación al estar más débil y requerir cuidados
 
29 de noviembre de 1991: Un miembro del FAPAS permanece constantemente en la zona como observador. Se trasladan tres ejemplares a una peña cercana a las buitreras. Es un sitio perfecto y cada día cobran más fuerzas.
 
30 de noviembre de 1991: Divisados entre las paredes rocosas varios buitres de los que se soltaron: posible asentamiento. Se sueltan los doce restantes. Están siendo alimentados con terneros y conejos de granja.
 
3 de diciembre de 1991: Se observa que 4 buitres bajan a comer con total normalidad junto con los que siguen atados.
 
10 de diciembre de 1991: Se divisan cinco ejemplares dirigiéndose hacia la Sierra del Pato, bajando posteriormente a comer un caballo muerto en la montaña de La Bobia entre los días 7 y 8 de diciembre. Comienzan a utilizar los roquedos próximos para descansar y guarecerse del frío. Se localiza a uno que escapó con un trozo de cordel y mosquetón en sus patas. Otro se acerca poco por las peñas vecinas y se le aprecia la pérdida de varias plumas de las alas izquierda y derecha. Vuela y se posa con dificultad. Puede ser una posible baia.
 
15 de diciembre: Se localiza al que se suponía perdido. Se le ve volando por la zona de Sampol, en la carretera de San Luis a Villayón.
 
20 de diciembre: Se termina de soltar a los últimos seis buitres que seguían atados.
 
21 y 22 de diciembre: Se les ve agrupados por pequeños grupos. Permanecen completamente asentados en la zona.
 
Situación actual:
18 permanecen localizados
1 perdido
1 electrocutado en el tendido eléctrico
1 enfermo y retirado al Centro de Recuperación.
 
TOTAL:21buitres.
 
 
8. Conclusiones finales

Disparar al buitre no ha sido afortunadamente una práctica cinegética muy extendida, pero si realizada en momentos de aburrimiento para "hacer puntería", salvo aquel espléndido anuncio que se inventó el Ministerio de Turismo allá por los años 70 en la prensa extranjera con el slogan "Venga a España de vacaciones y disfrute cazando águilas y buitres".
 
Pocos de los buitres que quedaban estaban libres del plomo en su cuerpo. El que mató un pastor cuando comenzábamos los trabajos del primer comedero, allá por 1982, llevaba consigo tres postas viejas, como si de recuerdos de una antigua batalla se tratase.
La campaña de concienciación dio paso a una situación actual bien diferente y en la que la ausencia de buitres muertos a tiros o envenenados es hoy una realidad. Los buitres nunca han sido enemigos de los ganaderos, pues no cazan ni animales domésticos ni salvajes, pero la consideración que desde antiguo ha existido de que todas las aves de presa, y especialmente las carroñeras, eran alimañas y las autoridades pagaban por matarlas, ha motivado que en muchas áreas los buitres no fueran respetados.
 
Liarse a palos con ellos cuando después de comer emprendían el vuelo con dificultad, expoliar sus nidos o el clásico "tiro al buitre" era lo más frecuente.
Fue pues necesario modificar esta postura social, haciéndola favorable hacia esta especie y dignificar su imagen valorándola como la de una especie muy imprescindible para alcanzar el sostenimiento del equilibrio ecológico y la calidad sanitaria óptima de la montaña.
Hoy, podemos decir con satisfacción que la imagen de los buitres es algo bien distinto. Los niños los conocen perfectamente, y los pastores encuentran en ellos sus mejores aliados.
 
Actualmente, todas las buitreras están situadas en la periferia de los Picos de Europa, a excepción claro está de la de San Esteban de los Buitres. Enclavadas principalmente en grandes valles fluviales, se ubican en paredones calizos próximos a carreteras o sendas transitadas.
Lógicamente, la mayor parte de la población de buitres se encuentra por toda esa zona (parte septentrional de Los Picos), pero es frecuente observarlos por cualquier sitio del Macizo (proximidades del lago Enol, bordeando altas cumbres, etc.). También se desplaza a lo largo de la Cordillera Cantábrica.
 
Así, el buitre ocupa dos tipos de hábitats montañosos:
 
Roquedos y praderías, que conjuntadas forman todas las líneas montañosas de la región. Muchas de esas praderías sustentan ganado, siendo prospectadas por los buitres. Su desplazamiento se ve facilitado por la gran cantidad de desniveles que forma la Cordillera, originando numerosas zonas de corrientes ascendentes.
 
Por tanto, el Buitre leonado ocupa toda la zona montañosa, sin que existan diferencias entre la Asturias caliza oriental y la silícea occidental (antaño crió por toda la Cordillera Cantábrica). Aunque por supuesto, el mermado número de parejas nidificantes en la actualidad ocupan el área caliza, pues ofrece un mayor número de repisas y cuevas para la cría.
Respecto a otras aves rupestres observadas por los cantiles, en todas aparece alguna pareja de alimoche, cernícalo vulgar, águila culebrera, chovas piquigualdas y piquirrojas, colirrojo tizón, avión roquero y cuervo. Otras menos frecuentes son el halcón peregrino, milano negro, avión común, roquero solitario, águila real y perdicera.
Antaño también aparecía el Quebrantahuesos, pero lamentablemente se extinguió en Asturias hacia los años 60 y el Alimoche -pequeño buitre de costumbres migratorias comenzaba a ser escaso en las campiñas del norte.
 
A1 final del desarrollo de los anteriores capítulos que explican los diversos planes de trabajo, podemos llegar a observa cómo después de estos años de trabajo hemos conseguido un objetivo importante: la consolidación de la población de aves carroñeras.
 
Pasamos de una población de apenas 45 ejemplares de Buitre leonado en 1.979 a un censo de más de 400 ejemplares en 1.991. De nueve parejas reproductoras y un éxito reproductor de un 10% a 80 parejas reproductoras con un éxito reproductor del 80-90%.
Las expectativas de aumento de la población son muy altas, alcanzándose casi una progresión geométrica en el aumento anual de 1as poblaciones de buitres, ya que cada año se inicia la reproducción de un nuevo contingente de buitres que nacidos hace cuatro años, alcanzan la madurez sexual.
 
E1 resultado final no es otro que la consideración de haber alcanzado el objetivo de aquello que podríamos entender como una primera fase: estabilizar la población de aves carroñeras. Ahora nos quedaría recuperar en su totalidad 1as diferentes especies que componen esa población, es decir, reintroducir de nuevo el Quebrantahuesos partiendo de ejemplares de fuera de nuestras fronteras, ya que la población de Quebrantahuesos que existe en los Pirineos es excesivamente pequeña y resultaría peligroso sustraer ejemplares ya volanderos, pues mermaría su población e incidiría negativamente en su conservación. Nuestro objetivo es conseguir la reintroducción de 2-3 parejas que se estableciesen en el área de los Picos de Europa a partir de ejemplares procedentes de poblaciones salvajes donde su captura no suponga ningún riesgo para la población.
 
El Proyecto de Reintroducción del Quebrantahuesos tendrá una duración mínima de cinco años, así que hay tarea para rato ... y ganas de trabajar en su conservación no nos faltan.

 

LOS TRABAJOS DE CONSERVACIÓN  DE LAS AVES CARROÑERAS
 
Estamos desarrollando el proyecto de construcción de un nuevo comedero para  buitres en  la zona central de la Cordillera Cantábrica, dentro del territorio asturiano, para dar protección a la única colonia de buitres que se reproduce fuera del  contexto de los Picos de Europa.

Esta colonia, formada por aproximadamente unos 60 ejemplares y no más de una docena de parejas reproductoras, sufre las consecuencia de la recogida selectiva de los animales muertos  que en vez de quedar a disposición de las aves carroñeras son retirados para su incineración.

La falta de alimento ha causado ya en el año 2004, la pérdida completa de los pollos de uno de los grupos reproductores de la colonia..

El FAPAS tiene presentado el proyecto de construcción del comedero, habiendo realizado la fase de cerramiento general del terreno destinado al comedero, pero está a la espera de los permisos para construir un camino de acceso que permita el aporte de la comida para los buitres desde un vehículo.

 
SUELTA DE BUITRES
En esta fase provisional de funcionamiento del comedero, las instalaciones están sirviendo para la reintroducción de buitres a su medio natural.

Todos los años se recogen algunos ejemplares de buitre que  es necesario devolver a  la libertad. Las instalaciones del Comedero del Monte de los Navaliegos está sirviendo también para esta función de recuperación de buitres heridos.

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