lunes, 30 de octubre de 2017

LA TRISTEZA DEL MONTE QUEMADO

El fuego dentro del bosque  hace avergonzarse hasta a los propios árboles que tratan de ocultar las cenizas  con sus hojas


Tan solo han pasado unos días desde que el fuego   arrasó todo signo de vida en el interior del bosque. Pero  lo único que ha sobrevivido, los robles, rápidamente se han desprendido de sus hojas  para evitar un exceso de evaporación  ante la sequedad del terreno.

Con ello, parece que tratan también de ocultar la ceniza que de manera continuada cubre el suelo. Las hojas, la primera materia orgánica que comenzará a descomponerse, favoreciendo que el suelo cobre de nuevo vida.


Aunque para algunos, los más viejos, el ciclo biológico de la  vida toca a su fin. Podría haberse  muerto de viejo,  ya que durante décadas creció orgulloso  formando parte del bosque, nunca debío de imaginarse que las llamas le  harían morir de manera tan poco honorable.

Esta es la parte  que normalmente no se ve detrás de un fuego. La ausencia de vida es mucho más grave que la pérdidad de  metros cúbicos de madera, aunque detrás de muchos incendios está el inicio de lucrosos negocios.

Proyectos de “limpieza”, restauración, apertura de pistas, cortafuegos,  helicópteros para apagar más fuegos,   nuevas plantaciones que alimentarán en el futuro a más fuegos. Dinero fresco que el fuego proporciona.

¿La vida en el bosque?. ….ya llegará ella sola.

La tristeza del bosque quemado se compensa sabiendo que la vida 

sigue mas allá de las cenizas.



Porque  aunque es imposible quemarlo todo, no lo debemos de consentir.  
Nuestro trabajo, evitar  la pérdida del hábitat del oso pardo.
Para que imágenes como esta puedan repetirse año tras año en las montañas cantábricas.


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