jueves, 28 de septiembre de 2017

LOBOS; CONOCER MEJOR LO QUE QUEREMOS PROTEGER, TERCERA PARTE

La muerte de lobos se justifica permanentemente como una medida para  disminuir los daños a la ganadería. 

Pero no es así, en la mayoría de los casos aumentan.

Lobo que apareció colgado en una carretera de Asturias

Matar  más lobos es una reivindicación constante de determinados sectores que ven al lobo como un riesgo para los intereses ganaderos. Con ello, se  plantea que se produce una disminución de la población de lobos, y por tanto, menos ataques a la ganadería.

Pero los estudios científicos  confirman  la experiencia real.  Cuando se eliminan lobos de un grupo familiar, la respuesta de  los supervivientes es modificar su conducta de caza eligiendo presas más fáciles. Las encuentran en el ganado doméstico y con ello, después de haber eliminado lobos de un grupo familiar, aumentan los daños al ganado en el área donde viven.

Es la conocida desestructuración de los grupos familiares que cuando se actúa  negativamente sobre el conjunto de la población de lobos, llega a crear una desestructuración general de la población.

En la actualidad, eso está ya sucediendo en muchas áreas de alta montaña de la Cordillera Cantábrica, especialmente en Asturias, donde los daños de lobo aumentaron considerablemente en  los pasados años, tras intensas persecuciones de los grupos familiares.

Las muertes de lobos no siempre fueron oficiales.   Muchos lobos han sido muertos en batidas de caza a otras especies en las reservas de caza. Otros  han sido eliminados en los cotos regionales y  bastantes a tiro limpio en aguardos oficiales.

Sin control sobre a quién se dispara. Actualmente parte de la población de lobos carece de estructura familiar y los conocidos grupos familiares, son al final grupos de  uno  o tan solo dos ejemplares. Es el caso de las hembras que se reproducen en solitario y que al tener sus crías se ven obligadas a cazar en entornos humanos donde es más fácil hacerse con presas domésticas.


Ovejas muertas  en un prado   al lado de las casa de un pueblo de Asturias. 
Una vez muertas, cada noche acudía un lobo solitario a comer de ellas.

El caos generado por una errónea estrategia de “gestión del lobo”, nos lleva año tras año al incremento de daños en zonas más humanizadas, generando una alarma social considerable que implica solicitudes de más muertes de lobos por ganaderos, sindicatos y grupos políticos.

Ante esta situación, es  complejo razonar sobre la posibilidad de encontrar  soluciones  como la de que  evitando la muerte de lobos  habría menos daños al ganado doméstico.

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