jueves, 10 de agosto de 2017

La reforestación es una necesidad que prima en las estrategias de conservación de la biodiversidad.

A lo largo de las últimas décadas, la actividad humana ha manejado el fuego como una herramienta anárquica de “limpieza” de los montes. Un término que no puede estar más ligado a la incultura ambiental, pues el fuego no limpia, DESTRUYE.



Destruye los bosques o las formaciones vegetales de menor entidad, pero a su vez, genera procesos de degradación, difíciles de evitar, como son la erosión, la pérdida de humedad del suelo, y en definitiva, la destrucción de todos los seres vivos que habitan en ese ecosistema. Por ello, plantar árboles es una de las estrategias más importante, entre los objetivos del FAPAS.

Para ello FAPAS ha creado su propio Vivero Forestal. Tenemos  capacidad de plantar hasta 30.000 árboles por año, pero plantar  árboles en plena naturaleza no resulta sencillo; es un trabajo duro y muy costoso.

  
Foto: Luis García en el vivero del FAPAS, con un plantón de encina.

Sufragar los costes de las reforestaciones sin ayudas públicas es  todo un reto, pero FAPAS no renuncia a ello: cada año, miles de  árboles son plantados gracias a la ayuda de empresas colaboradoras, con las cuotas de los socios, o gracias a donativos anónimos.

Así, año a año, vamos sumando árboles al bosque del FAPAS,  plantando y generando riqueza ambiental, allí donde se necesita.  Un buen ejemplo de ello es el proyecto “Frutos para el oso” que tiene como objetivo la recuperación del hábitat de este plantígrado,  en peligro de extinción.

Foto: Monchu Magadán transportando cerezos con el “moto-pata”,  por el corazón de los valles del oso.

Quitando eucaliptos y plantando encinas
Pero no por ello dejamos de plantar en otros ecosistemas, como por  ejemplo el raro encinar cantábrico: un lujo ambiental que se ha  visto esquilmado, sobreviviendo de milagro en forma pequeños  rodales, a la invasión de las plantaciones de eucalipto.

Foto: Plantación de encinas en el concejo de Ribadedeva, en la costa oriental de Asturias

El equipo profesional de FAPAS forestal, y la inestimable colaboración de los estudiantes en prácticas,  hacen posible que el negro de los terrenos calcinados vista de nuevo un color verde con futuro.

 Aunque sabemos que la mano que sujeta el mechero, está ahí, dispuesta a que en cualquier momento salte la chispa, no nos vamos a acobardar, y seguiremos plantando árboles.


Foto: Iván Morales, nuestro jardinero de la naturaleza, plantando en una zona arrasada por el fuego